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Por los atentados terroristas y otros crímenes cometidos por yihadistas se acusa a la religión islámica, y últimamente la acusación por fanatismo que conduce a cometer crímenes la extienden a todas las religiones. Los yihadistas (palabra derivada de yihad o guerra santa) son una minoría de fanáticos extremistas que no representan a todos los musulmanes, en su inmensa mayoría gente buena y pacífica. El fanatismo es una condición humana que no deviene de la religiosidad, pues hay fanáticos políticos, fanáticos racistas, fanáticos anti-religiosos y fanáticos de casi cualquier cosa. Así como hay religiosos musulmanes, judíos o cristianos buenos y malos, los hay también fanáticos y no fanáticos.

Los mayores genocidios de la historia no se cometieron por razones religiosas. El exterminio de varios pueblos indígenas de América se hizo por ambición. Las purgas estalinistas se hicieron en nombre del comunismo ateo. El holocausto de los judíos por los nazis se hizo por odio racial. La masacre de Hiroshima y Nagasaki con bombas atómicas, sin ser objetivos militares, se hizo por luchas de poder y hegemonía entre potencias. En todos estos casos, hubo dosis inmensas de un fanatismo que no fue en absoluto religioso.

Podemos mencionar cosas buenas y cosas malas en todas las religiones. Como católico me referiré a mi religión, pues hoy se le recuerdan pecados antiguos y pecados nuevos de los que la iglesia Católica se avergüenza y reconoce como faltas graves de quienes siendo sus miembros han fallado. Pero casi nadie habla de tanto bien que la iglesia Católica como institución y los católicos como personas han hecho y hacen, superando con mucho sus defectos con sus virtudes.

Es imposible contabilizar las miles de obras sociales que ha desarrollado y desarrolla la Iglesia porque no se llevan registros completos del trabajo de cada parroquia, orden religiosa u organización católica, de tantas que hay en el mundo. Tampoco se llevan registros de incontables obras sociales que realizan personalmente en los cinco continentes un ejército de sacerdotes, religiosos y religiosas (monjas) y laicos. No existe ninguna organización que haya realizado y realice más obras sociales que la Iglesia Católica.

La Iglesia fundó los primeros hospitales, asilos y orfanatos en la historia desde la Edad Media. Las primeras escuelas europeas las establecieron las órdenes religiosas. El aporte a la cultura también es enorme: de las 52 universidades anteriores al año 1400, 40 fueron fundadas por los papas, entre ellas las de París, Montpellier, Oxford, Cambridge, Heidelberg, Leipzig, Colonia, Varsovia, Cracovia, Vilna, Lovaina, Roma, Padua, Bolonia, Pisa, Ferrara, Alcalá, Salamanca y Valladolid.

El Vaticano recibe informes de que la Iglesia al menos atiende gratuitamente la educación de 55.4 millones de niños y jóvenes y dispone de 687,282 centros sociales registrados. La Iglesia Católica atiende el 26% de los hospitales del mundo. Cuenta en los cinco continentes con centros de salud, leproserías, asilos, orfanatos, guarderías, centros de rehabilitación, dispensarios, centros para leprosos, centros de atención al sida, albergues para indigentes, comedores para pobres, centros de refugiados de guerra y de inmigrantes, etc. Solo para atender problemas de salud el Papa destina 30 millones de euros al año. En un país rico como Estados Unidos la asistencia caritativa católica supera a toda otra organización. En la “Catholic Charities USA” participan 1,700 asociaciones que asisten a más de 9 millones de personas. En Latinoamérica los jesuitas educan a más de un millón de niños en las escuelas de “Fe y Alegría”. En Nicaragua son muchos los asilos, orfanatos, comedores, dispensarios, escuelas y otras obras de la Iglesia. Hay muchísimo más; es imposible contabilizarlo todo.