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Soy sandinista desde el año 1980; contaba yo con 17 años. No tengo antecedente guerrillero ni fui colaborador, ni tengo hazaña espectacular o sutil en la lucha de liberación. Soy simplemente un sandinista 19 de Julio. ¿Se acuerdan del término? Uno de tantos 19 de Julio que optó por el partido FSLN motivado por su ideario, por su lucha para destruir a la dictadura somocista, por su compromiso histórico para construir al hombre nuevo y con ello una sociedad mejor, libre, democrática, sin pobreza, con oportunidades para todos, con acceso a salud, educación, vivienda, crédito, con respeto y derechos para TODOS.

Abracé desde entonces el pensamiento y práctica de Carlos Fonseca y de los héroes y mártires que ofrendaron su vida en pro del ideario Sandinista.

Desde aquella fecha mi historia no es diferente a la de cienes o miles de compañeros que se integraron a las nuevas etapas de la lucha revolucionaria como alfabetizador, cortador de algodón y café, miliciano, brigadista o cachorro del SMP. Actividades y tareas que nos acrisolaron como generación y como tal entendimos que esta etapa triunfante de la RPS tenía muchos peligros, por eso decidimos y asumimos defenderla a toda costa. La historia atestigua esos costos en vida y recursos materiales.

Luego, durante las tres sucesivas administraciones corruptas de la derecha, hemos estado también al pie del cañón, resistiendo y en la búsqueda de mejores alternativas para nuestro pueblo. Durante todo ese tiempo los sandinistas de base “mordimos el leño” y reconocimos las difíciles condiciones en que la dirigencia de nuestro partido tuvo que bregar para poder alcanzar posteriormente la victoria, pero todo tiene su límite.

Con el corazón en la mano, pero también con la mente fría, debo confesar que me da muchísima rabia tener que referirme a la situación electoral que estamos viviendo los nicaragüenses en general y los sandinistas en particular. Es un hecho, perdimos las elecciones en muchos municipios del país, no se si se sabrá algún día con qué diferencia real de votos, pero la realidad actual me indica que, desgraciadamente hemos protagonizado un deplorable y bochornoso fraude electoral.

Fraude electoral que mis hermanos, mis compañeros en el Frente Sandinista sabemos que hicimos y que ahora andamos comentando en voz baja en cada uno de los lugares donde hacemos nuestro trabajo político-partidario. No nos llamemos a engaño, la población no nos quiso beneficiar con el voto, es decir, en palabras nuestras: nos pasó la cuenta.

A escasos días de haberse realizado las elecciones y a la luz de los hechos lamentables de violencia que se han dado, en la base sandinista han aflorado dos opiniones contrastadas: la del descarado, que asustado todavía, justifica la acción como necesaria, pues se trata de preservar el “proyecto revolucionario” que encabeza Daniel; y, por el otro lado, la del militante de base revestido de moral revolucionaria que se muestra preocupado por las consecuencias de esta gravísima acción. Personalmente me inscribo en esta segunda posición.

Toda institución u organización, sea esta religiosa, social, civil, militar o política, se sustenta en principios, principios que están a su vez subordinados a valores. Cuando alguna persona o grupo de personas transgrede los principios y valores se da una ruptura que pone en peligro mortal la existencia misma de la organización. Recordemos, por ejemplo, los hechos de pedofilia en la Iglesia Católica norteamericana o el asesinato de la comandante Ana María, llevado a cabo personalmente por el Comandante Marcial de la guerrilla salvadoreña o la piñata en nuestro caso.

Ahora bien, si el pueblo de Nicaragua, a pesar de haberles entregado los títulos de propiedad de sus casas, a pesar de haberles dado casas, cocinas, crédito del programa Usura Cero, chanchos y gallinas, operaciones de ojos, calles, granos básicos, etc., no nos quiso elegir como autoridades edilicias, debemos buscar las verdaderas razones de esta “pasada de cuentas”.

Se me ocurre enumerar una serie de hechos que quizá hayan tenido algún peso en esta pasada de cuentas. Empecemos a lo interno del FSLN. Por ejemplo:
* La cúpula de nuestro partido no quiso escucharnos cuando le advertimos que el pueblo de Managua siempre supo que Alexis era un pésimo candidato para la Alcaldía. Es más, muchos militantes de base, inclusive secretarios políticos, dijeron que Alexis no era el idóneo. Pese a ello fue impuesto, no elegido. Aclamación amañada no es elección. Así como Alexis, muchos otros candidatos en muchos municipios fueron impuestos por la cúpula, violándose así el propio reglamento interno de nuestro partido.

* El retiro, sin mayor explicación del secretario político de Managua, Cro. Elías Chévez, quien fue sustituido “dedocráticamente” por el Cro. Cuaresma.

* El paulatino distanciamiento entre Daniel y Nicho, distanciamiento que sabemos ha llegado hasta un nivel que es difícil conciliar. Recuérdese la maniobra que la Compa Chayo le montó junto con Cuaresma, incluso el haber tildado a Nicho de traidor.

* La marginación a muchos miembros del Frente, que son trabajadores de ALMA, debido a sospechas de falta de lealtad a Daniel.

* La sacada o corrida de muchos sandinistas –comprobado-- de las instituciones del Estado sin ninguna explicación, y la contratación de nuevo personal que nunca ha tenido un trabajo político visible.

* Las corridas de las compañeras funcionarias, incluso ministras, sin que se diera ninguna explicación, lo que produjo además de especulaciones, malestar.

* La postergación o denegación de muchos beneficios sociales hacia los sandinistas, porque había que ganar primero la voluntad de los adversarios.

* La ausencia de canales de expresión que nos permita a los sandinistas expresar nuestros razonamientos sin temor, pues sobresale la intolerancia, la descalificación y el atropello hacia los compañeros que nos atrevemos a comentar algo que no sea del agrado de la cúpula partidaria.

En el ámbito no sandinista, por ejemplo:
* La falta de tolerancia a criterios diferentes a los nuestros que se manifiestan en las respuestas de los dirigentes/funcionarios partidarios y gubernamentales a los conglomerados de la sociedad en general. Para los sandinistas, o mejor dicho para los danielistas, los medios de comunicación, la sociedad civil, la empresa privada, la cooperación internacional, son oligarcas, mentirosos, corruptos, ladrones, chupasangre del pueblo, vendepatrias, promotores del aborto, mercenarios, inmorales etc.

* El ataque frontal, abierto, ruin y vulgar a toda persona que se atreva a criticar al gobierno, aunque sean mujeres o representantes de la Iglesia; para ellos todo es parte de un plan tenebroso diseñado en el Pentágono.

* Ahora que la Iglesia se ha pronunciado sobre las elecciones, no tardó la descalificación y el insulto de parte del magistrado Lang diciendo que la Iglesia cometía pecado mortal.

* La corrupción, que se manifiesta en la utilización discrecional de dinero del Estado para pagar campañas negras o de desprestigio a las personas.

* La falta de explicación coherente de parte de los funcionarios públicos sobre el manejo de fondos del pueblo, como es el caso de Martínez Tiffer sobre los pagos a Caruna.

Hago esta enumeración para hacer reflexionar a mis hermanos de base, que somos nosotros los que exponemos el pellejo a la hora de las “piedras pomes”, que ya no puede la dirigencia de nuestro partido usarnos como animales amaestrados para apagar las crisis que ellos generan desde sus privilegiadas posiciones.

Esta enumeración está ahí, no es invención de nadie, es un hecho comprobable, y lo que es peor es que en la mayoría de los casos se generan desde la tribuna presidencial, en la voz de nuestro propio líder y su esposa. No hay peor ciego que el que no quiera ver.

Esto nos está haciendo caer a un nivel muy bajo; hemos sustituido el análisis de la coyuntura y la argumentación de ideas y de posiciones políticas por la confrontación. Nos han hecho actuar como verdaderos pandilleros, gángster de la peor calaña. No se debe admitir ni permitir que pequeños círculos o anillo de poder que rodean a Daniel Ortega dirijan al partido como la Mafia Siciliana. Así no lograremos preservar el poder que con tanto sacrificio costó alcanzar.

Algunos compañeros comentarán que éste no es el medio adecuado para externar estas ideas, sin embargo, estoy convencido y lo digo con franqueza que no existe otro espacio y que ha llegado el momento de hacerlo. En los ochentas postergamos la discusión interna, siempre se nos dijo que no podíamos en plena guerra ventilar esos asuntos, y así hasta la derrota. Es la hora de que nuevos liderazgos se perfilen en el FSLN, que retomen los ejemplos de heroísmo y mística, de VALORES REVOLUCIONARIOS que nuestros héroes y mártires nos legaron para construir junto a TODAS las fuerzas de la nación una sociedad mejor.