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De alguna manera la Policía de Tránsito está haciendo lo correcto. El ímpetu reciente con que han estado haciendo presencia y poniendo en cintura a los infractores viales, tiene que ser reconocido meritoriamente, debiendo ser parte de un esfuerzo necesario todo el tiempo, no por épocas o por operativos eventuales.

La queja que ha existido de algunos sectores usuarios en relación con el monto de las infracciones, es una señal que la medicina –aunque insuficiente lógicamente– está haciendo efecto. Es necesario reiterar que se requieren diversas medidas en varios órdenes para cambiar el comportamiento de los conductores, pero sin duda alguna, las multas son un disuasivo de alto impacto.

Para aquellos que se quejan del monto elevado de las infracciones, vaya aquí una muestra de lo que en Costa Rica -independientemente de su nivel socio-económico comparativo- cuestan algunas multas por categorías de peligrosidad. Están en dólares, al tipo de cambio actual y su equivalente en córdobas: Categoría A; $521.44 (C$14,047.59): Conducir en estado de ebriedad, Adelantamientos indebidos, Conducir con licencia suspendida e Invasión de carril.

Categoría B; $351.97 (C$9,482.07): Acompañantes menores de 5 años en motocicleta, Irrespeto señal de alto, Exceso de velocidad sobre el límite indicado.

Categoría C; $175.06 (C$4,716.11): No portar el casco de seguridad en motocicleta, Conducir sin cinturón de seguridad, Permitir que los acompañantes no usen el cinturón, Conducir y hablar por celular.

Categoría D; $87.53 (C$2,358.05): Conducir motocicleta sin chaleco reflectivo, Mal estacionado, Al ciclista que circule en pistas cuyo límite mínimo sea de 80 kph.

Se podrá argumentar que las economías y los ingresos no son comparables, lo cual podría ser aceptable si se tratara de un asunto meramente económico; el PIB per cápita de Costa Rica es casi 6 veces el nuestro. Pero ojo que esto puede ser una discusión sin sentido, ya que al final, lo que persigue la infracción con el efecto punitivo es generar el cambio de comportamiento, no establecer un nivel de “confort” basado en unas multas “accesibles” tipo canasta básica.

Al final, quienes piden rebajas en las multas, lo que pretenden es llegar a un punto de equilibrio para que esta sea un evento cuyo costo no tenga efecto alguno, nulo también en modificar el comportamiento, puesto que el razonamiento estará basado entonces en una mera justificación económica sobre una preferencia de precios y no de una imposición para enmendar conductas.

Es por eso que no se deben rebajar las multas establecidas; sería un pésimo y absurdo precedente, un ejercicio de alcahuetería y clientelismo, que lo único que provocará es el ridículo de las autoridades de tránsito.

porelcambiocultural@gmail.com