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Una joven periodista cubana me ha formulado siete preguntas con el fin de puntualizar la relación entre José Martí (1853-1895) y Rubén Darío (1867-1916). Es decir, entre el superhombre (u homagno, como se autodenominaba) suicida y nuestro Bolívar literario. Helas aquí con sus correspondientes respuestas.

1. ¿Qué significa para usted Rubén Darío? Para mí no hay un solo Darío, sino muchos: el cosmopolita arraigado, el líder transatlántico del modernismo (tanto en nuestra América como en España), el cronista e intérprete lúcido de los acontecimientos y problemas de su tiempo y, entre otros, uno de los forjadores y cantores de la identidad latinoamericana.

Al mismo tiempo, fue un excepcional cuentista fantástico, un notable epistológrafo, un esteta cosmogónico; pero también quiso ser novelista (de sus seis intentos solo logró uno: El oro de Mallorca, autobiográfico, existencial, moderno) y ejerció la diplomacia con auténtico interés.

2. ¿Le sirvió para algo la diplomacia? No tanto como él hubiera deseado. Pero ella lo sedujo y contribuyó a sostenerlo económicamente. Darío fue tres años cónsul de Colombia en Buenos Aires, cinco cónsul de Nicaragua en París, y otros cinco ministro residente de su patria en Madrid, aunque con tropiezos y dificultades, aparte de ser delegado tres veces de su misma patria en misiones internacionales (Madrid, 1905; Río de Janeiro, 1906; y México, 1910). La diplomacia constituyó para él una vocación secundaria, pero útil para realizarse como escritor.

3. ¿Y como poeta? ¿No escribió más poesía que otra cosa? En realidad, escribió más prosa que versos. No debe olvidarse que vivió de su pluma: como periodista vital y vitalicio, o específicamente, ejerciendo la corresponsalía del diario La Nación, de Buenos Aires, en Europa. Además, debe tomarse en cuenta su producción como crítico de arte y autor de ensayos, semblanzas, manifiestos, prólogos, traducciones del francés, páginas autobiográficas y, sobre todo, crónicas. A la insurrección independentista de Cuba le dedicó, por ejemplo, una extensa crónica laudatoria, publicada en La Nación el 2 de marzo de 1895. Ahí habla de Martí: “cabeza, portavoz, apóstol, lengua, clarín” de esa insurrección; de Máximo Gómez y de Maceo.

4. ¿Influyó la prosa de Martí en esa crónica? Más que influencia, se advierte una asimilación personal de la prosa martiana y su riqueza, la misma que manifestará Darío en su obituario sobre Martí, también publicado en La Nación e incorporado a su libro Los Raros (1896).

5. ¿Qué diferencia a Darío de Martí? Mucho. Cuando nació Darío, la independencia política de Nicaragua tenía 46 años de consumada; con su inmolación, Martí no pudo conseguir la independencia de Cuba. Por eso los proyectos vitales de ambos fueron distintos: el del cubano, fundamentalmente político y el del nicaragüense esencialmente literario. La tradición que sustentó a Darío —la de los “poetas malditos” de Francia— no marcó a Martí. Este fue menos artista que Darío, como lo ha reconocido la martiana Fina García Marruz: “Si uno compara las figuras literarias que estudió Martí con las que aparecen en Los Raros de Rubén Darío, tendremos que anotarle al segundo una mayor consciencia de lo literario en sí mismo”.

6. ¿Martí escribió más prosa que Darío? En efecto, a pesar de haber vivido siete años menos que Darío. Pero este escribió más poemas, mejores y profundos, que Martí. También el fundador de la poesía moderna en lengua española obtuvo mayores logros literarios: la escritura de cuentos (casi cien), género que no cultivó el prócer fundacional de la isla; la concepción y plasmación de programas estéticos; y la dirección de publicaciones periódicas exclusivamente culturales, como la Revista de América (Buenos Aires, 1894) y muy modernas como Mundial Magazine (París, 1911-1914).

7. Pero el modernismo vincula a los dos… Desde luego. Martí es (con Gutiérrez Nájera en México, Silva en Colombia y Julián del Casal en la misma Cuba) uno de sus iniciadores. Sin embargo, no concretó un libro pleno y unitario como Azul… (Valparaíso, 1888): primer logro orgánico, cosmopolita y transatlántico del modernismo en nuestra lengua. No se puede relacionar con el Ismaelillo (1882) martiano que no se leyó, ni influyó y proponía más una vuelta a la tradición que a una nueva tendencia de la poesía. En cambio, Darío en Azul… introdujo creadoramente la libertad francesa del modernismo en las dos orillas del Atlántico y emprendió la apertura hacia la universalidad de nuestras patrias periféricas.