Jorge Eduardo Arellano
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Ya se avecina el desbarajuste en las Alcaldías, llegan los “electos” o “nombrados” por el Ejecutivo, como en los viejos tiempos y a despedir empleados se ha dicho, ya que se necesita premiar a los incondicionales y por supuesto que de estos cambios, no se salvan ni los encargados de la basura.

Lo triste de todo este desastre es que además del calvario en que viven los empleados públicos, con bajos sueldos y con la obligación de estar siempre involucrados, les guste o no, en las actividades partidarias del gobierno de turno, permanecen con la incertidumbre de la falta de seguridad en el trabajo, aun con la Ley de Servicio Civil y de la Carrera Administrativa vigente, todo lo cual se refleja en la calidad de servicios que prestan a los contribuyentes.

Hasta el momento, desde enero de 2007, las oficinas públicas no han podido regular sus servicios, ya que los empleados están todavía en el periodo de aprendizaje. Pero esto no es nuevo, ya que lo mismo o peor sucedió cuando entraron las Administraciones pasadas, que también llevaron a las oficinas públicas nuevas caras sin experiencia, y lo peor aun, sin tener con quién consultar, ya que arrasaban hasta con los técnicos.

Uno de los efectos de este problema es que los funcionarios se mantienen de mal humor, lo cual se refleja en la displicencia con que generalmente atienden a la ciudadanía, lo cual es un reflejo de su inseguridad. Quizás podríamos llegar hasta disimularla la mala actitud, pero el caso es que esto afecta la economía, la producción, y por lo tanto, el progreso del país.

El servicio anda tan mal que podríamos ganar muchos certámenes mundiales en el tiempo que se toman los empleados públicos para trámites, pero no por su rapidez, sino por su lentitud y falta de cumplimiento, ya que para ellos el tiempo vale un comino. No creo que haya un país en el mundo que tome más tiempo para inscribir una propiedad y realizar pagos de impuestos.

Y hablando de actos notables sin precedentes dentro de la extensa gama del servicio público, en nuestra querida Nicaragua hemos creado nuevas fuentes de empleos, tales como “agitadores de banderas”, “rezadores públicos”, “cantores en plazas”, lo cual recomendamos que sea llevado a la atención del Presidente electo Obama, en su lucha contra el desempleo, especialmente en un país donde su bandera es tan venerada y hay tantas rotondas y plazas. Llegamos hasta pensar, que esto pueda ser imitado por otros gobernantes patrióticos del mundo, como el nuestro.

También hemos creado un nuevo modelo para salvar vidas en casos de disturbios y protestas populares, al dejar que los “comandos” de servidores públicos y jóvenes asimilados, destruyan a su gusto y antojo propiedad privada, dándoles estrictas órdenes a los “antimotines” de presenciar desde una distancia prudencial los acontecimientos y con persuasión y buenos modales, hacer que los jóvenes “enmascarados” se replieguen y organicen un nuevo ataque para su sana diversión a punto de garrote, piedras, machetes y los alegres morterazos para animar a los manifestantes.

Pero en cuanto a servicio público, el premio se lo lleva la Policía de Tránsito, con sus “regrese entre quince y otros quince, días”, con referencia al Reporte de Accidentes, sin el cual las compañías de Seguro no dan trámite a los reclamos, que por supuesto, atrasa al asegurado en la reparación del vehículo, que en muchos casos es su cutacha de trabajo y, no digamos de la insólita regla de decomisar la licencia de conducir por la más leve “mala maniobra” --que es la frase favorita de los Agentes--, regla que se tiene que enmendar, ya que afecta, especialmente, al visitante, pues en muchos países las licencias de conducir sirven de documento de identidad.

Hasta la próxima semana con El Archivo XX.