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Al iniciar hoy el año escolar 2015, Nicaragua se enfrenta una vez más a su reto principal en términos de desarrollo: Cómo mejorar la educación. Ya es rutina que al empezar cada año los medios de comunicación muestren los índices de aprobación de los exámenes de admisión en las principales universidades públicas, sobre todo los de Ingeniería, en los que hasta hoy son pocos los estudiantes de primer ingreso que logran buenas notas en matemáticas y español.

Ese problema de deficiencia educativa, que sobresale cuando miles de jóvenes buscan un cupo en la universidad, tiene un antecedente de hasta 14 años, de cuando los niños entran la primera vez a una escuela, al preescolar, el primer pilar del futuro de la educación de una nación.

Los especialistas le llaman la primera infancia educativa, y requiere una atención especial del Estado y de los padres de familia, porque ese paso inicial es clave para que los niños empiecen a construir su futuro y que, en el mejor de los casos, lleguen a tener un balance con más éxitos que fracasos en el transcurso de sus vidas, lo que por ende repercute en los niveles de progreso que va logrando el país con cada generación.

El Estado tiene la obligación de garantizar que, año tras año, más niños acudan a esta primera etapa de la educación y que los maestros sean más calificados en cada etapa que ha de recorrer el estudiante antes de alcanzar la formación superior. Las familias, por su lado, deben inducir a los niños al aprendizaje y garantizar su asistencia y aplicación en la escuela, porque esa será la mejor herencia que les dejen. No se trata solo de premiar y castigar las buenas o malas notas, sino de orientarles y acompañarles para obtener metas.

Nicaragua aún es deficiente en educación preescolar y de primaria, según estudios del BID y la Unesco. Para este año, la meta del gobierno es lograr una cobertura de 65% en preescolar. En 2009 se cubría el 61%. Ha ido mejorando el acceso, pero faltan docentes con más conocimiento y entrenamiento, también en la Primaria.

Si Nicaragua aspira al desarrollo económico mediante la industrialización de materias primas, servicios especializados de tecnología y obras de infraestructura para el comercio mundial, como es el proyecto del Gran Canal Interoceánico, los planes educativos requieren ser enfocados y mejorados con esos propósitos. El país ya demanda, por tanto, más conocimientos en ingeniería y otras especialidades técnicas en que la matemática es elemental. Por eso, una pregunta recurrente ahora es: ¿En qué medida han sido ajustados los programas de educación de todo el sistema, para que las nuevas generaciones se formen de acuerdo a los intereses estratégicos de la nación?

Un país que pretende dar un salto enorme en su economía, con proyectos titánicos como el del Canal, necesita salir de los niveles de aprendizaje más bajos de América Latina y crecer en lo educativo conforme a sus pretensiones de progreso. Pero este reto ya no espera más; lo asumimos ahora o mañana será tarde.