Leopoldo Villalta López
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En la entrada a Matagalpa había un obelisco de cinco metros de alto, de una sola pieza de piedra blanca, de las mismas canteras con que se construyeron lujosas casas, incluida nuestra catedral. El visitante sabía que estaba entrando a la ciudad de las canteras, de la hospitalidad y capital de la producción.

Dos gigantescos rótulos, ridículos y sin gracia, reemplazaron nuestro obelisco de piedra que daba la bienvenida a los visitantes del sur, otro reemplazó un pequeño adorno de la virgen de Mercedes, patrona de Matagalpa, que despedía a los que salían para Jinotega.

Ninguna autoridad municipal sabe nada de los rótulos, ni siquiera pueden calcular su costo, que debe ser de varios miles de dólares, y su leyenda “Arriba los pobres del mundo”, engrandece más a Aristóteles, que inmortalizó: “Los tiranos sólo son demagogos que pudieron convencer al pueblo de sus objetivos”. Las grandes haciendas, las grandes fábricas y negocios siempre han estado en manos de unos pocos, se le sumaron los nuevos ricos después del año 79, que también son pocos. El cordón de miseria que rodea nuestra ciudad es uno de los peores en el país; en los barrios altos, más arriba, están los pobres de verdad, los niños que logran hacer un tiempo de comida, porque se atreven a bajar a las pilas de los mercados donde depositan la basura y logran sacar algo que les pueda servir.

Los matagalpinos vemos a los últimos dos gobiernos que se dedicaron a la competencia en la instalación de rótulos, aunque fuera sin proyecto, abriendo nuevas oficinas para darles “chance” a sus partidarios y a los concejales, triplicándose el valor de sus “dietas”. Dios ama al pecador, pero odia el pecado, decían desde los púlpitos nuestros líderes religiosos, pero con la instalada de los ofensivos rótulos que nos llenan de vergüenza comienzan a pedirle a nuestro SEÑOR que haga algo contra estos reincidentes pecadores.

Matagalpa, Nicaragua.