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El 14 de febrero, no es muy conocido como Día Mundial de la Energía. La palabra energía comúnmente se vincula a la factura eléctrica, al precio del combustible y sus implicancias.

La energía es imprescindible para el desarrollo y crecimiento de un país, toda la sociedad y calidad de vida depende de ella, la competitividad económica oscila si la posee o no, las relaciones geopolíticas entre Estados están determinadas por la posesión de fuentes de energía como recurso estratégico.

En todas las épocas, la energía ha sido centro de la actividad humana; la fuerza misma del hombre fue su fuente principal en la época primitiva y sufrió un cruel perfeccionamiento con la esclavitud; con el dominio del fuego, la biomasa ocupó un lugar en la historia; la naturaleza proporcionó la energía animal y luego facilitó el agua y el viento, provocando el movimiento humano transcontinental; poseer los combustibles fósiles hizo de el sometimiento de pueblos y la conquista de territorios, un objetivo de las naciones poderosas, ya que poseerlos significó prácticamente el dominio de la humanidad; hasta llegar a la energía nuclear; privilegio de unos cuantos.

En el siglo XXI, más que nunca dependemos de la energía, el problema de su posesión sigue y seguirá siendo objeto de disputa internacional, pero hoy se le suma un problema colectivo mundial que hace que la humanidad mire hacia el futuro con ojos más atentos a la sobrevivencia planetaria.

La generación de energía por fuentes no renovables (petróleo, carbón y gas) hasta el momento ha provocado grandes impactos negativos al medio ambiente y se considera que es la causa de los principales problemas ambientales que aquejan al planeta. La generación de energía no es la única gran fuente de contaminación, pero está directamente relacionado a la provocación de emisiones de gases o efecto invernadero (GEI) vinculados al Cambio Climático.

A pesar que el tema energía y medio ambiente es multilateral, las responsabilidades, no son, ni deben ser iguales para todas las naciones. Un tercio de la población mundial no tiene acceso a las formas avanzadas de energía, los 30 países más desarrollados del planeta, que representan un 15% de la población total, consumen más del 60% de estas formas modernas de energía. Se calcula que, aproximadamente, el 80% de la energía se produce a partir de combustibles fósiles, y un 36% de esta proviene del petróleo. Solo un 2% es energía renovable.

Las economías tercermundistas además de padecer las injustas consecuencias de lo anterior, son víctimas de las oscilaciones de los precios internacionales del combustible, que se ajustan a los intereses del capital trasnacional; dueños de las compañías energéticas. Mientras llegan soluciones estructurales mundiales; en el día en que se estará celebrando el día del amor y la amistad, por amor al planeta y amistad con nuestros bolsillos, los usuarios debemos “adoptar medidas y hábitos de uso eficiente de la energía en el plano personal y colectivo, sin que estas afecten la calidad de vida y acceso al servicio”.