•  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Durante una semana, Granada se convierte cada año en la capital de la cultura de América Central, y entre verso y verso, los negocios turísticos crecen por la presencia de más de 40 mil visitantes en solo siete días, procedentes de todos los continentes y diferentes lugares de Nicaragua.

Esta ciudad colonial nicaragüense logró hace 12 años un distintivo que le da trascendencia internacional cada febrero: reúne a centenares de poetas del mundo que se esparcen por las calles leyendo versos ante públicos nutridos en lenguas diversas como el mandarín, el alemán o el ruso. Nunca la poesía fue tan popular en una urbe de Centroamérica, como lo ha logrado el Festival de Granada al romper el mito de las torres de marfil donde antaño se suponía vivían encerrados los creadores

líricos.

Ciudades coloniales hay muchas en Latinoamérica, pero Granada es, quizás, la única que ha hecho rimar bien la poesía con el turismo, porque con los poetas arriban millares de extranjeros deseando vivir esta experiencia de recitales ambulantes que van de un atrio a otro en iglesias históricas o en anchos corredores de casonas solariegas. Los empresarios locales o de otras nacionalidades asentados aquí, coinciden en que desde el inicio del Festival poético, hace más de una década, la cantidad de visitantes y de negocios crecen de forma constante, porque el turista que no visita este destino en febrero, lo hace en cualquier época del año, atraído por el prestigio también creciente de la ciudad.

Pensar a estas alturas que alguien en Nicaragua se opone a este Festival, suena ilógico, porque en esta semana Granada representa al país entero y también a Centroamérica en términos culturales. La preocupación que debe prevalecer entre sus pobladores y autoridades es por la higiene y el orden en la ciudad, porque la impresión o percepción de los turistas es crucial para el desarrollo sostenido del negocio turístico. La municipalidad, además de garantizar el acceso y la seguridad a todos los espacios públicos, tiene la tarea de velar por la salubridad en calles, parques y plazas.

En algún momento Granada podría ser declarada Patrimonio de la Humanidad, por la Unesco, pero de hecho ya es patrimonio de Centroamérica, de cuya región es un estandarte que muestra lo mejor de sus artes y contribuye al acercamiento de sus naciones, porque el intercambio cultural integra y educa a los pueblos. Hace rato que Centroamérica se ofrece en el mundo como destino turístico regional, bajo el lema “Tan pequeña, tan grande”; y nada mejor que un destino donde los turistas, aparte de ver, tienen mucho que aprender de la diversidad cultural. En ese sentido, los centroamericanos debemos tener presente ese llamado de Rubén Darío, en versos: “Únanse, brillen, secúndense tantos vigores dispersos; formen todos un solo haz de energía ecuménica”.