•  |
  •  |

Después de muchas horas de negociación, los presidentes de Rusia y Ucrania firmaron un acuerdo para alcanzar gradualmente la paz, por el conflicto que está destruyendo a la pequeña república al oeste del Mar Negro. Ahí ya han muerto unas 5,400 personas.

El acuerdo prevé: 1) un cese al fuego; 2) el retiro del armamento pesado de las áreas de combate para convertir esta en una zona desmilitarizada; 3) amnistías para ambos bandos; 4) intercambio de prisioneros y rehenes. Esto deberá cumplirse a partir del próximo domingo 15.

Se sentaron a la mesa de negociación Vladimir Putin, el presidente de la nación más grande del mundo y Petro Poroshenko, de Ucrania, país al que Moscú le ha arrebatado un pedazo de su territorio (Crimea), aduciendo que los separatistas rusos que ahí viven quieren formar un Estado ruso con el apoyo militar del Kremlin.

La gestión se debe a la diplomacia europea de la cancillera alemana Angela Merkel y al presidente francés François Hollande. Ellos han viajado a las capitales de los países en conflicto para propiciar un entendimiento.

Los argumentos de Vladimir Putin para enviar tropas a su vecina del Sur han sido: “Ahí (en Ucrania oriental) viven nacionalistas rusos que quieren tener su propia república”; y también adujo que “Occidente no debería meterse en este asunto vecinal de Rusia; porque Estados Unidos ya tiene suficientes bases en todo el mundo”.

Dos comentarios. Si los nacionalistas rusos quieren más autonomía, me parece comprensible. Si quieren formar una nueva república es un asunto más delicado, difícil. En todo caso, las fronteras no pueden estarse cambiando, porque el Derecho Internacional daría paso a una debacle de caprichos nacionalistas, donde nadie quedaría entero.

En cuanto a que Rusia le ayuda a los nacionalistas rusos, tengo dos comentarios: 1) es el mismo argumento que usa Washington cuando se interviene en otros países (¡es una bravuconada intimidatoria!); 2) apoyar a quienes se quieren separar y luego terminan uniéndose a la gran Federación Rusa, es tan embaucador como asumir que si los miles de nicaragüenses que viven en Costa Rica quieren formar su propia república esto le da derecho al presidente de Nicaragua a invadir a su vecino.

En todo caso, ninguna potencia tiene derecho alguno para creerse defensora de soberanías particulares.

Si el presidente Putin piensa que como Estados Unidos tiene bases por todo el mundo, Rusia las debe tener, es más bien un artificio político. ¡Washington y Moscú deben respetar a los pequeños!

No consiento la posición del presidente Putin en cuanto a Ucrania. Él se apoderó de territorio ajeno y sus tropas bombardean a personas inocentes.

Esto no quita que tenga puntos válidos en este asunto.

Y sin dudas, los nacionalistas rusos merecen proteger sus derechos que tienen como minoría.

Varios analistas de diarios europeos coinciden en que este acuerdo se vislumbra como frágil. ¿Pero, no es así todo en el mundo internacional?

Por otro lado, esta propuesta centro-europea responde a la presión que tienen Merkel y Hollande de llegar a un acuerdo con una Rusia intimidante. También se apresuraron conociendo que la OTAN había considerado proveerle armas e inteligencia militar al gobierno de Kiev, al saberse que soldados rusos ya apoyaban con fuego aéreo a los nacionalistas rusos en Ucrania.

En otras palabras, Moscú ya estaba dispuesto a jugarse el todo para no perder ese territorio que una vez le perteneciera. Es una plataforma de lanzamiento para cualquier operación militar por el Mar Negro; una zona de confluencia continental entre Europa y Asia.

Ni Hollande ni Merkel querrán enviar soldados a Ucrania. Es un asunto negociable como para arriesgar tantas vidas. Y Rusia, un adversario demasiado grande como para morir tan fácilmente. El mundo está para crisis, pero no para harakiris.

El acuerdo ya está firmado.

¿Ahora se levantarán las sanciones contra Rusia y se normalizará todo con Moscú? Lo más seguro es que Washington diga que primero quiere ver obras. Pero, ¿La presión económica contra Rusia es peligrosa o necesaria?

No dudo que el presidente Putin desee darle mayor poder y liderazgo a su patria (¡Es una debilidad de todo líder!).

Existe un balance muy precario al luchar por la paz mundial a la vez que se defienden intereses propios.

Si León Tolstoi viviera, sentiría que el mundo ha sido muy severo con la paz, y muy indulgente con las guerras. Se habría sentido muy mal al ver que dos pueblos eslavos están a punto de desencadenar un conflicto catastrófico para la humanidad.