Jorge Eduardo Arellano
  •   Managua, Nicaragua  |
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Los presentan en los noticieros y programas de televisión como expertos o analistas en temas políticos, sociales y culturales, pero en realidad la mayoría carece de un pensamiento fresco, actual y, sobre todo, objetivo. Y aunque algunos se aferran a su antiguo pedigrí académico y social, erosionado con el tiempo, lo cierto es que terminan incorporándose al decadente club de los “expertos”.

Me refiero a muchos personajes de la vida nacional que desfilan constantemente en varios programas de la televisión, exhibiéndose como expertos en el tema. Ellos dicen prever el futuro de nuestro país y critican severamente al gobierno, pero cuando muchos de estos fueron nombrados para ocupar importantes cargos en la cosa pública, no hicieron nada. No hay coherencia. Algunos visten de saco y corbata, se hacen el tinte en el pelo, para verse más jóvenes, y hasta me imagino que ensayan en sus casas horas antes de conceder la entrevista. Tienen una autoestima alta. Ellos no tienen la culpa de que los bauticen con ese calificativo, pero los televidentes los conocen y saben que detrás de sus títulos académicos y sus ostentosos currículum vitae, se esconden ambiciones políticas frustradas, proyectos personales inconclusos y hasta resentimientos con el gobierno y la sociedad.

Mis colegas los llaman “expertos”, pero veamos si el calificativo es justo y correcto. Según el Diccionario de la Real Academia Española, “Experto” es una persona práctica, hábil y experimentada. Es decir, estamos hablando de alguien con una capacidad enriquecida por una vasta experiencia en determinado tema, asunto o materia. Y el diccionario va más allá: Se les dice expertos a los técnicos o peritos que dan una opinión calificada sobre un tema y que son llamados a tribunales especiales para conocer su opinión. ¿Dónde hallarlos? Tal vez exista un laboratorio clandestino en Nicaragua donde estén incubando esta especie. Pero no tengo ninguna información.

Ahora, teniendo como referencia ese breve significado de “Experto”, pregunto a mis colegas: ¿son expertos, realmente, quienes desfilan en sus programas de televisión o son entrevistados para periódicos o sitios web? Yo tengo mis dudas. Conociendo nuestro medio, Nicaragua es el país donde de cada diez nicaragüenses, hay ocho que se creen “expertos” en todo. Es parte de nuestra idiosincrasia. Aquí abundan los expertos políticos, económicos, culturales, turísticos religiosos y hasta espaciales. Aquí se publica una convocatoria para contratar a un astronauta que haya tenido experiencia en vuelos espaciales, y estoy seguro que por lo menos diez nicaragüenses aplican.

Conozco a la mayoría de “expertos” que entrevistan en nuestros medios y redes sociales, y son los mismos que han opinado desde la década de los ochenta. Han envejecido frente al flashazo de las cámaras y los reflectores de la TV, y se resisten a abandonar la pasarela. Sus discursos son sibilinos, retóricos y vacíos. Son tan dialécticos que una temporada apuestan a la izquierda y otra temporada a la derecha, dependiendo de cómo se mueven la política y la plata.

Vayamos a algunos ejemplos. Conozco a un “experto” que quiso ser presidente, característica común de estas especies, pero ni su familia votó por él el día del sufragio. Obviamente, luego de darse cuenta que no tenía madera para presidente, volvió a su mundo intelectual, donde se desempeña con éxito y habilidad. Sin embargo, insatisfecho por haber sido derrotado en la política, en un acto de cabanga se convirtió en “experto político” que sueña con una Nicaragua imposible.

También conozco a una “experta” electoral que opina sobre el tema y durante su gestión como presidenta de ese poder del Estado, fue incapaz de impulsar con éxito el proceso de cedulación que inició durante estuvo en el cargo. En una elección que estuvo presidiendo, tuvo la osadía de designar a un diputado por arte de magia. No creo, entonces, que su experiencia haya sido lo suficientemente positiva para ser imitada. La historia registra este hecho.

Tengo otros ejemplos. Conozco a un sociólogo y economista marxista que los medios entrevistan continuamente, cuyas opiniones dieron un giro de 180 grados desde que fue defenestrado de un cargo gubernamental. Recuerdo a un periodista propietario de un sitio digital que terminó titulando al revés de cómo lo hacía con tanta pasión en un extinto diario nacional partidario. Ahora ambos son expertos en temas políticos y sus opiniones coinciden mucho con las de la autodenominada oposición política. Qué coincidencia.

Desde que comenzó este gobierno, los “expertos” en temas políticos han florecido como los hongos. Si no están en la TV, están en algunos sitios digitales o se atrincheran en algunos organismos no gubernamentales bajo el cargo de asesores, esperando el momento para emerger hacia los reflectores y saltar a la politiquería, aunque ya nadie les crea lo que dicen y lo que hacen.

 

felixnavarrete_23@yahoo.com