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“Veo que en el futuro cercano se aproxima una crisis que me pone nervioso y me lleva a temblar por la seguridad de mi país... corporaciones (incluyendo a los banqueros) han sido entronizadas y seguirá una era de corrupción en los altos cargos, y el poder del dinero del país se esforzará por prolongar su reino influenciando los prejuicios de la gente hasta que toda la riqueza sea acumulada en unas pocas manos y la república sea destruida”.

Abraham Lincoln

Diariamente en los medios de comunicación se informa sobre la crisis en Estados Unidos y su impacto mundial. Se publican artículos y libros sobre: Crisis subprime y financiera generalizada. Saqueo mundial. El capitalismo industrial erosionado. Una cleptocracia lo ha reemplazado. Una venta piramidal evidente. Ciencia ficción convertida en vida real. Pearl Harbor económico. Katrina en 50 Estados. Finanzas Frankenstein, y otros titulares que reflejan la gravedad de la situación. Estados Unidos y otros países poderosos tratan de contenerla, utilizando todos los medios sin seguridad de éxito, porque nadie la entiende por completo, ni pueden medir sus consecuencias.

Eran conocidos los crecientes y gravísimos desbalances que venía enfrentando la economía estadounidense: déficit fiscal pavoroso, deuda astronómica, gastos militares enormes, dólar devaluado, alto endeudamiento de su población, índice de quiebras multiplicado, déficit comercial creciente. Organismos internacionales y dirigentes mundiales demandaban que debía ajustarse, reducir el consumo, los déficits financieros, los gastos militares.

Estados Unidos está ajustando su economía, pero de manera diferente, descargando el mayor peso en el resto del mundo, apropiándose de todos los excedentes generados en las economías de otros países que depositaron sus recursos en esta nación (EU), atraídos con engaño a través de las bolsas, aunque también afectando a su población más vulnerable y provocando una recomposición interna del capital.

Las bolsas, apoyadas por los bancos, atrajeron a todos los productores del mundo. El cuento era acumulación de capitales para beneficio de la humanidad. La verdad era acumulación de capitales especulativos para que Estados Unidos controlara la economía mundial. Arrastraron recursos de Europa, de economías emergentes de Asia, América, África y Australia. Desarrollaron e inflaron la burbuja inmobiliaria hasta que explotó, y se quedaron con la mayor parte de los recursos.

Esto será una lección inolvidable. Atracaron al mundo, que transfirió o invirtió multi-billones de dólares mediante estratagemas inteligentemente manipuladas. Hubo complicidad de medios de información a través del silencio sobre un problema creciente cuando éste emergía.

Hoy el gobierno norteamericano está administrando el ajuste, pero el problema es multifacético. Una tormenta que involucra viviendas, bienes raíces comerciales, sobreendeudamiento de consumidores, montos desconocidos de deuda tóxica; el contagio se extiende y afecta las economías del mundo.

El fundamentalismo del mercado libre
La causa de la crisis es resultado de la codicia desenfrenada en un sistema que beneficia a pocos a costa de la mayoría. El fundamentalismo irresponsable de “libre mercado” de la Escuela de Chicago, tal como lo propugnó Milton Friedman, quien consideraba que la única función del gobierno es proteger la libertad estadounidense contra enemigos externos, preservar la ley y el orden, imponer contratos privados, proteger la propiedad privada y fomentar mercados no regulados. Todo lo demás, en manos públicas, es socialismo y no debía ser permitido.

Consideraba que los mercados libres funcionan mejor sin regulaciones, sin impuestos y sin barreras comerciales. Que todo lo que hace el gobierno, lo hacen mejor los negocios. Que la riqueza pública debiera estar en manos privadas y la acumulación de ganancias no debía tener límites.

Estaba opuesto a la cooperación internacional, a todo tipo de subsidios, a leyes contra drogas ilícitas, porque era un subsidio al crimen organizado, pero no consideró malo que los bancos lavaran sus ganancias.

Se opuso al salario mínimo, al seguro social y todo apoyo a los más pobres. Cada cual se las debía arreglar por su cuenta, según su ingenio, sus recursos y su buena suerte, y los que no pueden lograrlo, es su problema. Esa es la filosofía y la piedra angular del libre mercado.

La mayor venta piramidal que se despliega actualmente no es otra cosa que el funcionamiento del libre mercado. Según sus ideólogos, el capitalismo irrestricto hallaría las soluciones. Pero ante la gravedad de la crisis, se olvidaron de su filosofía y corren a pedir apoyo de los gobiernos con dinero gratuito para evitar las quiebras y el desplome de las economías. Están horrorizados de otro 25 de septiembre, fecha en que se dio la mayor quiebra bancaria en la historia de Estados Unidos con el colapso de Washington Mutual. Antes fue el gigante de los seguros AIG, y anteriormente Fannie Mae y Freddie Mac, Lehman Brothers, Bear Stearns, y Merrill Lynch, en subasta forzada al Bank of America.

Una burbuja de activos globales. Una crisis previsible que se permitió que creciera y proliferara. Comenzó después de que la economía de la Escuela de Chicago se impusiera bajo Ronald Reagan, y terminó siendo fundamentalismo bajo el Presidente Bush.

Afectados
El mundo está indignado e impotente con esa economía de casino. Las autoridades hablan de la crisis como si fueran sólo índices y cuentas, sin mayor referencia a millones de personas que con sus rentas, su trabajo y su seguridad pagan la irracionalidad del sistema financiero en que se soportan nuestras economías. Poco hablan de los daños a la actividad económica real, a las empresas productivas, ya que las consideran marginales respecto a la inversión financiera. Peor aún en el caso de las economías de los países pobres.

Las bolsas vendieron a toda prisa los títulos infectados a bancos extranjeros, norteamericanos y fondos de inversión. El contagio requiere medidas radicales, incluyendo en las economías poderosas de Europa y Japón.

La crisis financiera impactó el mercado petrolero, el euro y el mercado de futuros de las materias primas. Continúan bancarrotas masivas, embargos de casas, creciente desempleo, aumento de la pobreza, y cada vez más familias no pueden sobrevivir.

El que tiene más galillo traga más pinol
Saldrán fortalecidos bancos y grandes capitales que tienen poder suficiente para dejar que las cosas transcurran a favor de sus intereses. Se concentrará mucho más la propiedad de los recursos financieros. Grandes bancos han acumulado cientos de miles de viviendas y terrenos que ellos financiaron en gran parte gratis gracias a la burbuja inmobiliaria. Bancos como JP Morgan y Bank of America están creciendo. El gobierno estadounidense tendrá una participación importante en las entidades rescatadas, teniendo derechos sobre carteras a precios de remate que en algunos años recuperarán su valor.

Las bolsas continúan realizando movimientos masivos de venta a precios de liquidación, adquiridos por grandes capitales. El presidente electo de Estados Unidos se ha comprometido a fortalecer la clase media, podrá redistribuir recursos y acciones que haya obtenido de los rescates, lo que implicaría cambios en la estructura económica de dicho país y fuertes tensiones con el gran capital.

Plan rescate
Muchos bancos desconocen si pueden soportar una crisis de liquidez, no conocen el daño a su estructura patrimonial, ni la posibilidad de ofertar créditos a los consumidores y empresas productivas, lo que está agravando la crisis.

Estados Unidos y los países poderosos han salido al rescate de bancos y empresas al borde de la quiebra, con una generosidad que carecen cuando los afectados son los más desfavorecidos. Para ello, Estados Unidos aprobó un plan de 700,000 millones de dólares, además de un presupuesto récord para gastos militares, millones de dólares para la industria automovilística y se prevé que se apoyará a las líneas aéreas y otras compañías.

Se necesitan billones. Estados Unidos ha presionado y persuadido a gobiernos del Grupo de los 7 y del Grupo de los 20 para que ayuden en el rescate del sistema y, por ende, al ajuste de la economía norteamericana. Antes de que se estabilicen los mercados, se darán por perdidas cantidades inimaginables de capital, con daños catastróficos para los más vulnerables.

La población estadounidense pide que paguen los defraudadores y no los contribuyentes, pero no hay siquiera investigaciones. Se necesita un sistema con auténtica regulación financiera internacional que subordine los intereses de la innovación financiera a los intereses de la economía real, basado en la plena cobertura de las reservas bancarias.

Las soluciones al problema habitacional deben estar desvinculadas del sistema de especulación y acumulación.

Se alzan voces solicitando abolir o reformar la sacrosanta Reserva Federal, que no es un ente del gobierno estadounidense, sino un cartel bancario privado, con fines de lucro, dirigido por importantes bancos y por Wall Street, con facultad legal para crear dinero de la nada, expandir o contraer su suministro sin supervisión o control del gobierno.