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Hay muchos tipos de críticas en el ámbito político de un país. Está la crítica encaminada al único fin de derrocar un gobierno (no analizamos ahora si con razón o sin ella). Esa crítica no pretende que los abusos, las violaciones o los atropellos se corrijan; al contrario, quienes la hacen prefieren que empeoren pues pretenden motivar una reacción de antipatía exacerbada para crear una crisis (y posible violencia) que derroque al gobierno. También está la crítica sistemática de un tipo de oposición que al hacerla pretende mostrar como malo todo lo que el gobierno hace sin reconocer nada bueno, a fin de desplazarlo del poder por vías cívicas, aunque a veces violentas.

Existe también una crítica que pretende que se corrija lo malo. Esta resulta útil a la población, pues los funcionarios criticados tienden a ser más receptivos a ella y pudieran atenderla. Esta crítica constructiva no implica respaldar al gobierno ni que el gobierno se tenga que adueñar del éxito de la misma, pues la propia oposición puede reivindicar como suyos los señalamientos que hayan ayudado a mejorar la situación del pueblo. En este caso, se trata de buscar sinceramente una rectificación de las acciones u omisiones concretas, específicas, que están en contra de los derechos de los ciudadanos que violan la ley o que dañan arbitrariamente a una o varias personas.

La oposición política es clave en cualquier régimen, aun en los más autoritarios, cuando los opositores en cargos públicos --como representantes legítimos de la sociedad que le confió cierto número de votos a la oposición-- se ocupan de influir positivamente en las decisiones del gobierno y de las consecuencias que tienen para una persona, grupo, comunidad, municipio, departamento, gremio o todo el país. Su función no solo es luchar por llegar al poder. La oposición tiene un papel necesario que desempeñar, precisamente como una oposición crítica, constructiva, propositiva, dialogante y eficiente.

Es importante que frente al gobierno de una nación exista una oposición política responsable que vea más allá de la búsqueda del poder, y se ocupe y preocupe de aportar proyectos e ideas que hagan avanzar al país. Es un error pensar que actuando así se favorece al gobierno, pues los ciudadanos, tarde o temprano, logran distinguir. Al contrario, actuar de una manera en que se haga daño al país, pensando que así dañarán al gobierno, es una cuenta que el pueblo siempre cobra. Una buena oposición política es tan importante como el propio gobierno para el bienestar del pueblo, y cuando un partido político pierde unas elecciones (no analizamos ahora si en forma justa o injusta) no debe considerarse como un partido fallido, pues desde la oposición puede hacer un gran trabajo con su crítica y sus propuestas.

Lo dicho sobre la crítica es también aplicable al periodismo. Existe un periodismo oficialista encargado de alabar al gobierno y hacerle propaganda. Hay otro periodismo abiertamente definido como opositor que da informaciones parcializadas y sesgadas contra el gobierno por interés político, que resultan poco creíbles. Finalmente hay un periodismo objetivo que ejerce una crítica constructiva y equilibrada. Este tipo de crítica resulta más creíble y da mejores resultados a favor del pueblo. El periodismo que opta por ser crítico, constructivo y objetivo realiza una función que beneficia mucho a la población, sin por eso alinearse con el gobierno.

Cuando el gobierno actúa con autoritarismo, cuando existen funcionarios abusivos y arbitrarios, cuando hay quejas de los ciudadanos que a veces no las hacen públicas por temor a represalias, entonces resulta muy valioso un periodismo crítico que aborde estos casos objetivamente.