Sergio Simpson
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Bajo ninguna circunstancia la amenaza de guerra civil debe ser argumento nacional. Los políticos que pretenden “levantar al pueblo contra la dictadura Ortega Murillo” son irresponsables manipuladores.

Oponerse a las políticas del matrimonio presidencial de Nicaragua, no significa atentar contra la estabilidad nacional, ni manejar la institucionalidad convenientemente para los intereses de grupos.

Daniel Ortega fue electo legalmente, y quienes lo han sido de forma democrática deben terminar su período presidencial. Desde 1984, la sociedad nicaragüense respeta las elecciones, siempre con inconformidades de los mismos políticos que han superado poco su método y lenguaje en el juego por el poder.

En 1984, los contrarrevolucionarios desconocieron las elecciones en Nicaragua porque no ganaban. El FSLN reconoció su derrota en 1990. En 1996, el fraude llevó a la presidencia a Arnoldo Alemán, el FSLN desconoció los resultados, pero continuó maniobrando. La victoria de Enrique Bolaños es incuestionable.

Cuando el FSLN sale a las calles a defenderse, durante los años noventa, la sociedad clamó para que hubiese negociaciones políticas y evitar enfrentamientos militares. Doña Violeta Barrios vda. de Chamorro no podía recibir golpe de estado, ni renunciar, y era jefa de las Fuerzas Armadas y la Policía.

El comienzo de la democracia

Antonio Lacayo Oyanguren, sin haberse postulado a escrutinio, resulta ser la persona más influyente, le consideraban primer ministro, en el “primer gobierno demócrata” presidido por su suegra presidenta de Nicaragua. Rescató el mercadeo como modelo de relaciones políticas empresariales.

Durante la guerra de los ochenta, las pláticas entre contras y sandinistas concluyeron en acuerdos, a partir de los noventa, de las conversaciones han surgido pactos. Y son los mismos políticos, los de siempre, muchos de ellos cambiando de “bando e ideología”.

Estos políticos repiten hasta la saciedad: si me conviene es bueno, de lo contrario es malo. No ha existido la institucionalidad que tanto pregonan quienes llaman “a imitar a los jóvenes venezolanos”. Y lo peor es que son los mismos que se quejan porque Daniel Ortega imita a Chávez. Nosotros no tenemos que imitar nada de Chávez, ni de Cuba, ni de Estados Unidos.

Pero es que ellos sólo piensan en sus intereses económicos, reflejando traumas y ansiedades de poder y gloria, de figurar con los mismos argumentos, las mismas pretensiones, las mismas falsedades y adquirir o aumentar fortuna.

La destrucción de la Reforma Agraria sandinista fue una de las injusticias de la democracia, y en ella participaron políticos de todos los grupos, incluidos sandinistas que se convirtieron o retornaron al feudo.

Leyes favorecen a clase política

Las leyes favorecieron a esa “clase política demócrata”, el Estado garantizó los procedimientos para quitar las propiedades a los pobres. Los gobiernos democráticos priorizaron el enriquecimiento de su clase, aun cuando significara firmar cheque con fondos gubernamentales para garantizar la efectiva operación política o económica partidaria.

Con fondos del Estado, recibidos legal o por influencias políticas, crearon varios “partidos democráticos”, cuyos líderes pretendían continuar en el poder. Las dos únicas personas que abandonaron la política pública, luego de ser mandatarios son: Violeta Barrios y Enrique Bolaños.

La mayoría de diputados y directivos partidarios son los mismos, en todos los partidos, y entre ellos los más estrellas que un día son somocistas, el otro comunista, fueron sandinistas, son liberales arnoldistas o montealegristas, danielistas o sandinistas de Sandino.

Arnoldo Alemán es la mejor muestra de las relaciones políticas en Nicaragua, que nada tiene que ver con la llamada “institucionalidad democrática que hemos construido”. Alemán fue vitoreado como gladiador porque con vocabulario soez enfrentaba a los sandinistas y financiaba a los contrarrevolucionarios.

El ex presidente Alemán fue enjuiciado políticamente, no por la fortuna que adquirió durante su mandato. Fue condenado porque pactó con el FSLN, el archienemigo. Pero Violeta Barrios no fue procesada por la privatización de las empresas, ni los procedimientos para indemnizar a los confiscados, ni los negocios de sus ministros vinculados con políticas públicas.

El juicio por la quiebra de los bancos se mueve por intereses partidarios, así como la quiebra misma fue interés partidario, de banqueros, de inversionistas, de diputados, magistrados, todos los que montaron la jugada. Y nadie se encuentra preso.

Igual se mueve por intereses partidarios el juicio por delito electoral cometido durante las elecciones del año 2000; mientras ministros, diplomáticos, diputados, magistrados, alcaldes, concejales, todos los cargos son nombrados por cada partido en el poder bajo similares procedimientos.

Durante los dieciséis años de “gobiernos democráticos”, la corrupción fue institucionalizada, aun cuando Bolaños no la vio durante fue vicepresidente de Alemán, con las pruebas publicadas y la denuncia de los habitantes.

La democracia nicaragüense es elitista, partidaria y corrupta. Los pobres son quienes sufren las consecuencias sociales y económicas, son quienes pusieron, en su mayoría, los muertos, son quienes demandan que no se hable de guerra.

No hay guerra institucional

No existe “guerra institucional”, sino continuidad: los mismos procedimientos democráticos de negociación partidaria, de la clase en el poder. Cabildeando en el parlamento, sobornando en las cortes, negociando en los bancos, firmando acuerdos para estabilidad del país. Y el país en la misma miseria o peor.
Para salir de la mediocridad, los políticos deben ser ejemplo. No suena igual el lenguaje del político en el poder que en la oposición, llámese como él se invente llamar. Las reglas deben cambiarse dialogando, negociando como hasta ahora.

Invocar marchas callejeras no constituye delito, es derecho; criticar por los medios de comunicación a la clase política, con argumentos coherentes y ética, tampoco; reclamar al presidente es una obligación ciudadana igual que proponer.

Pero jamás en Nicaragua se debiese pretender “tomar el liderazgo de la oposición en las calles, igual como hicieron los estudiantes en Venezuela. Para aumentar la probabilidad de que lo anterior suceda es necesario el apoyo decidido del sector empresarial. Igual que en la década del 70, cuando las cámaras empresariales hicieron paros y huelgas y fueron clave en el derrocamiento de Somoza”.

Aguántense su propio ácido quienes han construido el sistema, pues de armas no hablemos en el país, es muy peligroso hasta para la clase política que inicien motines, se pueden salir de control y la gente pobre va a padecer más o va a pasar la cuenta indiscriminadamente.

Díganse lo que quieran ustedes políticos, pero no hablen de guerra, pues ya sabemos que terminan comiendo en el mismo plato, dependiendo de la conveniencia partidaria. Continúen cívicamente, con epítetos vulgares de la nicaraguanidad, el sainete tradicional.

Solamente deben dejar de robar, no contratar a las personas por clientelismo o servilismo, sino por capacidad profesional, separar el estado del partido de la iglesia, cambiar lenguajes de callejero de machincito pistolero y de clase democrática por el de la sabiduría.

Quienes instan a la revuelta callejera jamás han participado en una balacera. Una nueva guerra civil en el país, o enfrentamientos con la Policía y el Ejército, hundirá más en la miseria a los pobres. Nada más los ricos y políticos empresarios ganarían o perderían fortuna, y unos cuantos serviles entrarían como neoricos luego de la revuelta.

Quienes llaman a guerra no la vivieron ni les importa el pueblo.