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1.- Un logro extraordinario. Con la aprobación del reglamento de la Ley de Acceso a la Información Pública (Laip), se dio otro paso necesario para la aplicación de una normativa que propicia la rendición de cuentas de los funcionarios públicos. La ciudadanía puede recurrir ante las instituciones públicas y privadas que administran fondos del Estado o sean prestatarias de un servicio público, con la finalidad de solicitar información de su interés. Se trata de una ley que rompe con el secretismo, propicia la rendición de cuentas y posibilita el acceso a cualquier tipo de información, con excepción de la información reservada.

Ciudadanos y comunicadores disponen de una herramienta que posibilita acceder por derecho propio, a información que antes quedaba al arbitrio del funcionario entregársela. La falta de presupuesto y la inexistencia de las Oficinas de Acceso a la Información, en todas las instituciones del Estado, aunque constituyen limitantes, no son un freno para que la ciudadanía utilice la Laip. El hecho de que la Procuraduría General de la República, el Banco Central de Nicaragua, el Instituto de Fomento Municipal y diversas Alcaldías, hayan comenzado a poner a disposición de la ciudadanía información en su poder, con la creación de sus páginas web, constituye un ejemplo digno de imitar de parte de las demás instituciones.

Los medios de comunicación se han distinguido por informar acerca de los alcances de la Laip. Su Grupo Promotor se había comprometido a trabajar en la elaboración de un manual que facilitara su uso. La Fundación Chamorro cumplió la promesa, como también se ha encargado de demostrar que existen reticencias de parte del Ejecutivo, la Asamblea Nacional, el Poder Electoral y Judicial, así como otros entes descentralizados, en asumir su cumplimiento. Los saldos de los tres primeros informes presentados por la Fundación Chamorro revelan la falta de interés de los funcionarios públicos por acatar la ley.

El desafío planteado indica que la labor del Grupo Promotor no debe circunscribirse nada más en dar a conocer ampliamente esta ley. Una ley ciudadana debe plantearse y debatirse en el seno de las distintas organizaciones ciudadanas. Contrario a lo que acontece en México, donde la ciudadanía es la que más utiliza esta ley, en Nicaragua son los periodistas quienes han echado mano de la Laip. Una tendencia que esperamos se equilibre cuanto antes. La Fundación Chamorro debería acompañar a los periodistas en la introducción de los recursos ante las oficinas correspondientes, exigiendo el cumplimiento de la Laip.

Un capítulo interesante de las elecciones municipales 2008 fueron las demandas de información planteadas por la Red de Periodistas por la Transparencia Electoral, promovida por la Fundación Chamorro. Las peticiones las formularon periodistas de Bluefields, Boaco, Diriamba, Estelí, Granada, Jinotega, Juigalpa, Matagalpa, Puerto Cabezas, Río Blanco y Rivas. Las respuestas de los funcionarios del Consejo Supremo Electoral no fueron lo suficientemente expeditas. De diecinueve solicitudes presentadas, seis fueron respondidas en tiempo y forma; siete reporteros no recibieron la información requerida; hubo una denegatoria, una entrega parcial; en una ocasión la autoridad electoral alegó desconocer la información demandada; dos solicitudes quedaron pendientes de entrega y una reportera adujo sentirse satisfecha con una respuesta brindada por la autoridad electoral durante una entrevista de prensa.

Las reticencias experimentadas imponen el desafío de apretar la tuerca y exigir el cumplimiento de la Laip. Al gobierno, además de solicitársele el presupuesto requerido para su implementación, también tiene que pedírsele la creación de las oficinas que atenderán las demandas de la información solicitada. El Grupo Promotor tiene que desplegar energías para conseguir que la ciudadanía nicaragüense haga suya y utilice la Laip, comenzando a valorar todas las ventajas que pone en sus manos. Las puertas del poder pueden abrirlas utilizando esta ley, para que los funcionarios pongan a su disposición la información requerida y cuenten con los insumos necesarios para la toma de decisiones.

Uno de los errores recurrentes de las distintas iniciativas encaminadas al conocimiento y apropiación de la Laip, es haber centrado principalmente su divulgación entre los medios y periodistas. Mientras no se hagan mayores esfuerzos para que los nicaragüenses conozcan sus alcances y no se haga suficiente hincapié en su carácter ciudadano, los logros serán mínimos.

Una de las limitaciones mayores es que ningún periodista ha llevado hasta el final las demandas por el cumplimiento de esta ley. La introducción de recursos presionaría en la creación de las oficinas de Acceso y Coordinación de la Información. Sin la existencia de esta última entidad, los solicitantes no pueden apelar contra la denegatoria que reciban en las oficinas del Estado. Este objetivo se logrará más por la presión ciudadana y de los periodistas que por la voluntad expresa de los distintos Poderes del Estado. Las quejas de los periodistas contra los funcionarios de Estado han caído en el vacío.

El propósito de terminar con la discrecionalidad de los funcionarios en la entrega de información requerida no se ha alcanzado. Su indolencia continúa. Mientras no se denuncien estas anomalías, gobierno y funcionarios seguirán incurriendo en estos abusos. Iguales exigencias deben plantear al sector empresarial obligado por la Laip a entregar información a los nicaragüenses.

2.- La ONAP y los programas de opinión televisiva. Interesantes y reveladores son los resultados del estudio realizado por la firma M & R, bajo los auspicios de la ONAP. La muestra total de 3,500 hogares-personas, revela la consistencia de la encuesta. Uno de los datos importantes es la manera en que Canal 8 sitúa sus distintos programas de opinión, en un lugar preponderante. Los datos referidos a todos los entrevistados ratifican la condición de líder de Esta Semana, y su carácter como programa insignia del Canal 8, conducido por el periodista Carlos Fernando Chamorro. Esta Noche, bajo la responsabilidad del mismo periodista, y Estudio 24 Horas, conducido por Erving Vega, figuran en el octavo lugar. Además de colocar al 8 en una posición destacada en este tipo de programas, la encuesta revela las sensibles distancias que separan a los programas de los primeros lugares, de los últimos.

El programa de Jaime Arellano figuraba en el segundo lugar; en tercero: Primera Hora y Primera Plana, del Canal 2. En ese entonces, Primera Plana era conducido por Xiomara Laguna, del Canal 2, y Eduardo Enríquez, del diario La Prensa. El sexto lugar le correspondía a Buenos Días Nicaragua, del Canal 12, conducido por Stalin Vladimir; en el séptimo quedó ubicado En vivo, con Alberto Mora, del Canal 4; en el noveno quedaron Oppenheimer, del Canal 12, y Temas y Debates, del Canal 23, bajo la conducción de Luis Mora.

Los datos revelan que en Managua no existe una relación directa entre la potencia de la estación televisora y los lugares alcanzados por los programas evaluados. Tal vez la razón substancial se deba a que muchos capitalinos sintonizan estos canales a través de la televisión por cable. Esto es tan real que el Canal 2 hace saber a sus televidentes que pueden sintonizarlo a través del cable: una clara ilustración del crecimiento de la televisión por paga.

Aunque la potencia con que cuentan las estaciones televisivas es vital para llegar hasta los lugares más remotos, no lo es todo. Aparte de la transmisión por cable, hay que tomar en cuenta otras variables: nivel de profesionalismo de sus conductores, sus calidades éticas, el dominio que muestran en los diferentes temas abordados, la importancia de sus contenidos, la solidez de sus invitados, la estructura de sus formatos, el nivel cultural y las distintas prácticas sociales y políticas en que se encuentran inmersos los televidentes. La audiencia nunca es una, es múltiple y con distintos niveles de formación y sensibilidad. Todos estos elementos deben ser tomados en consideración al momento de juzgar dichos programas.

El conjunto de aspectos enunciados pone en perspectiva que el conocimiento y la ética marchan mancomunados en la esfera de la comunicación. En un país con una permanente crisis de valores, una de las exigencias más importantes es que los periodistas deben resumir las más altas cualidades ciudadanas. No basta contar con un profundo bagaje sobre lo que se dice, pregunta o firma, importa sobre todo quiénes lo dicen y cómo lo dicen. Los conductores deben invitar a sus programas a personalidades que traspasan las fronteras políticas. Existen líderes de distintas denominaciones educativas, religiosas, culturales, empresariales y gremiales, que tienen mucho que decir acerca de sus distintas esferas de actuación. Sus voces deberían ser convocadas para que las audiencias tengan otras aproximaciones sobre aspectos sensibles de la vida nacional.

¡Los conductores de los programas de opinión deben darse por enterados que no sólo de política vive el ser humano! Uno de los grandes chascos por las mañanas ha sido el desfile de los mismos invitados por todos los canales. En una especie de tour, van y vienen de una estación de televisión a otra. Lo único que cambia es el día de su comparecencia. El reto para los conductores de los programas de opinión consiste en romper con este panorama monocromático. El horizonte del país está teñido de todos los colores. No sólo de rojo, negro, amarillo, rosado y verde, está pintado el paisaje nacional. ¡El arcoiris fascina por su diversidad de colores! ¡Una lección que deben aprender medios y periodistas!