Jorge Eduardo Arellano
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A finales del mes de noviembre se realizó en Rio de Janeiro el III Congreso Mundial contra la Explotación Sexual de la Infancia, donde se dieron cita muchos países que debatieron sobre las problemáticas de abuso sexual y explotación sexual que viven nuestros niños y niñas en América Latina y el
Caribe.

Este encuentro era más que necesario: sólo basta con saber que cada hora –diariamente--, 228 niños, y principalmente niñas, son explotados sexualmente en América Latina y el Caribe. La información recopilada en nuestros países muestra que entre el 70% y el 80% de las víctimas de abuso sexual son niñas, que en la mitad de los casos los agresores viven con las víctimas y en tres cuartas partes son familiares directos.

El machismo y la violencia de género son a menudo los antecedentes de la violencia contra niños y niñas. Eso obliga a que cuando se hable de abuso, también debemos de hablar del hombre que lo causa.

Además de la violencia sexual, se estima que seis millones de menores sufren, en la región, de violencia familiar, de los cuales 80 mil mueren, según datos publicados por Unicef el 19 de noviembre, Día Internacional por la Prevención del Abuso Sexual.

Uno de los resultados más importantes de este III Congreso fue que los países asistentes establecieron un plazo de cinco años, para que los gobiernos de todo el mundo pongan fin a este tipo de violencia contra niños, niñas y adolescentes.

¿Qué se requiere para que países como los nuestros cumplan con este plazo? Quizás “voluntad”, como lo han demostrado algunos países de la región que han decidido avanzar en la lucha contra el abuso sexual, como es el caso de Costa Rica, que desea acelerar la lucha contra la pornografía, o el de Brasil, que quiere articular políticas hasta de nivel municipal.

¿Cuál será la voluntad de nuestro gobierno para erradicar el abuso sexual en Nicaragua? ¿Será posible que en cinco años lo logremos? Ojalá que haya voluntad de hacerlo.

Entre las medidas propuestas expuestas en el Congreso se destaca la prohibición de todo tipo de violencia sexual contra menores, incluidas prácticas como el matrimonio a edades tempranas. ¿Recuerdan los casos de Matagalpa y la Costa Caribe, donde las niñas de 11 años se casaron con el consentimiento de los padres? Pues, aunque en nuestro país es ilegal, según el Código de la Niñez y la Adolescencia, los autores nunca fueron sancionados.

Otro de los acuerdos del III Congreso fue la urgencia de abolir el requisito de doble criminalidad, para facilitar las extradiciones de los autores de los abusos sexuales y poder juzgarlos, aunque hayan cometido los delitos en jurisdicción de otro país que carezca de leyes para perseguirlos.

El documento pide tratar a los niños como víctimas, y nunca como responsables de los delitos, con respeto y secreto de su identidad durante los procesos judiciales, y con los cuidados específicos para evitar nuevos traumas.

Como dijo Nils Kastberg, Director Regional de Unicef para América Latina y el Caribe: “Se necesita un movimiento de hombres que repudien esta mal llamada masculinidad, y se conviertan en un factor de protección. Las niñas no son juguetes sexuales de los adultos”.

Unicef presentó recientemente una propuesta a los países, que orienta la necesidad de brindar a las familias herramientas para que éstas mejoren sus condiciones de vida, y que les permita garantizar una adecuada protección a sus hijos e hijas en caso de abuso sexual. Esta propuesta incluye en algunos casos hasta garantizar el sustento de las familias, para que muchas madres ya no callen ante la imposibilidad de sostener el hogar en caso de denunciar al abusador. “La ayuda financiera a las víctimas debe ser una prioridad para los países que quieren erradicar esta problemática”.

También cabe retomar acciones, en todos los países como el nuestro, para mejorar la coordinación entre las escuelas, los servicios de salud, el sistema judicial, la Policía.

Son, en realidad, múltiples acciones coordinadas entre la Sociedad Civil y los Gobiernos, las que pueden contribuir satisfactoriamente a la erradicación del abuso sexual en un plazo de cinco años.

hablemosde.abusosexual@gmail.com
Movimiento contra el Abuso Sexual-Nicaragua