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Un pueblo necesitado y con muchas carencias insatisfechas en muchos casos prefiere una Dictadura que los beneficie económicamente, a una democracia que los mantenga muertos de hambre. Así lo han demostrado diversas encuestas que se han aplicado en países latinoamericanos. Hay personas mayores que todavía siguen manifestando que vivían mejor bajo la sombra de los dictadores, que ahora en regímenes con Presidentes electos en democracias; por supuesto que a todas luces estas personas hacen caso omiso a la parte oscura de las injusticias sociales y la violación de los derechos humanos.

La sociología ha tratado de explicar este fenómeno asociado íntimamente a la psicología política. El pueblo necesita agarrarse de un sueño, dentro de su pobreza una esperanza falsa, pero bien dicha, así, elevando la voz y siendo categórica la voz de un falso profeta. Es creíble. La gente está orientada e inducida a creer la política al mejor sueño, a la mejor oferta. Al final, nada tiene que perder y utiliza su momento ínfimo de poder, es decir, votando en las elecciones, para apoyar a aquellos que supieron venderles una mejor forma de vida.

Este fenómeno ha ocurrido en varios países recientemente. El resurgimiento de la izquierda ortodoxa ha tenido sus motivos en muchos fenómenos parecidos; estos van desde los más mañosos que significa pactar con sus propios adversarios derechistas, a ultranza a través de pactos vergonzosos entre los que se negocia la reducción de los porcentajes para ganar las elecciones --como en el caso de Nicaragua--, hasta la explotación racial y de miseria con la promesa de una reivindicación histórica --como en el caso de Bolivia--; y finalmente, con el ofrecimiento de una utopía respaldada por millones de petrodólares como el fenómeno de la Revolución Bolivariana.

Lo que me llama la atención es la similitud en la forma que ha venido produciéndose esta llamada reforma social y popular en este país sudamericano. El surgimiento irracional de la figura de un ex golpista que haciendo uso de su discurso burlesco y chabacán ha logrado ir poniendo en la palma de su mano a la mayoría del pueblo venezolano, si tomamos como referencia las enseñanzas de la historia, lejos de causarme simpatía y admiración con lo que está ocurriendo, lo que me causa es un temor fundamentado en hechos cada vez más parecidos a los que llevaron al poder a Adolfo Hitler; acá mis argumentos:
1. Hugo Chávez es un militar golpista. Independientemente de las crisis que la democracia pueda tener en los diferentes sistemas de gobiernos electos por las mayorías, no da permiso ni autorización mesiánica a ningún militar para querer resolver las cosas a través de las armas. Ésa es una mentalidad megalómana de un tipo que no entiende el lenguaje de la razón; es la propia mentalidad de un bruto dictador. A través de acuerdos políticos fue liberado antes de cumplir su justa pena e inmediatamente comienza a organizar su propio movimiento político.

2. Al desarrollar su movimiento, encuentra una Venezuela sumergida en una grave crisis económica, a pesar de tener tanta riqueza pero tanta gente pobre; hace uso de las letras de las canciones de Alí Primera y le da un carácter de reivindicación de las causas populares. Él mismo se proclama el ungido para repartir las enormes ganancias de la industria petrolera que por tantas décadas, en verdad, han beneficiado solamente a una minoría capitalista. Las condiciones están dadas, se cumple una de las leyes del poder en el sentido de utilizar las necesidades de los demás para mi propio beneficio. Los pobres de Venezuela, al igual que en la Alemania de los años veinte, han encontrado a su nuevo profeta, a su verdadero Mesías.

3. Tras desarrollar de forma efectiva su estrategia de campaña, es decir, cuando las clases oprimidas han tragado la píldora de la esperanza Chavista, aprovecha la democracia para optar al poder. Con semejantes expectativas logra el triunfo de la Presidencia. En cuanto asume comienza a desarrollar la “revolución” Bolivariana, nacionaliza las principales empresas, destituye la junta directiva de PDVSA, la principal empresa de Venezuela encargada de la explotación y comercialización de su principal fuente de riqueza, el petróleo. Con la gallinita de huevos de oro en sus manos, da grandes pasos para satisfacer a las hambrientas mayorías, las olvidadas por los gobiernos de derecha; y frustrados con los pleitos internos de los partidos tradicionales, llega la hora de saldar cuentas con su pueblo: al igual que el nacionalsocialismo nazi, desarrolla una vasta política social; el pueblo pide y el caudillo les da, no importa los medios sino el fin. Al pueblo venezolano lo que le importa es tener el estómago lleno, aunque el Ejecutivo no rinda cuentas del uso de sus recursos económicos.

4. Se repite la historia nazi: ante la debilidad y errores de la oposición, logra tener el monopolio de la producción normativa, un Parlamento hecho a su medida y sin opositores. Las normas que salen de este legítimo Poder constituido no tienen por qué llenar los requisitos esenciales de un Estado de Derecho; es la instauración de la Dictadura de las mayorías. Las reformas a la Constitución Política son una carta al Niño Dios, donde el mismo Presidente es el Santa Claus vestido de rojo, quien se regala de acuerdo a su antojo y con el apoyo del voto popular, funciona todavía, miles de años después, la trampa del pan y el circo.

5. Para consolidar el orgullo de un pueblo desplazado, consolida la carrera armamentista para defenderse de falsos invasores. La potencia del norte se convierte en el motivo aparente para armarse hasta los dientes; la amenaza de invasión inventada en sus noches de juerga se la vende al pueblo como un terror inminente. Ya esa trama ha sido suficientemente explotada por la Revolución cubana y nicaragüense. La idea es sencilla: mantener la zozobra como un elemento de cohesión ciudadana.

6. Chávez ha sustituido las camisas pardas por las camisas rojas, reprime con puño de hierro a la oposición, cierra canales de televisión o cualquier otro medio de comunicación que lo critique y llena inmensas plazas. Su Nuremberg es Miraflores, aquel Palacio que prometió a su pueblo en cuanto llegó al poder y hasta le fecha no se los entrega. Es fácil llenar las calles de parte de los que están con el gobierno, reformar constituciones hechas a su medida para perpetuarse en el poder; exactamente lo mismo que hicieron los nazis para no dejar el gobierno.

7. Se ha autoproclamado el heredero de Bolívar, pero olvidando el detalle del final que tuvo este prócer y que en su momento el mismo se nombró Emperador de Colombia. Que chiste: a través de sus millones de dólares y promesas ha comprado voluntades y discursos de los gobernantes de Cuba, Nicaragua, Bolivia y Ecuador; falta el respeto a gobernantes que no bailan su son; ataca Reyes y vasallos. No tiene límite, amenaza y sus intenciones intervencionistas y de influencia en otros países cada día son más grandes.

No soy adivino, ni tengo las virtudes de Nostradamus, sólo me remito a los hechos: de la utopía nazi a la revolución Bolivariana no hay mucha distancia. Si de repetir la historia se trata, Chávez lo viene haciendo muy bien; está por verse el papel de los nuevos líderes mundiales. La bestia está suelta. A ver si el mismo pueblo venezolano tiene el valor para ponerle el cascabel al gato casero, y creo que Nicaragua no está tan lejos de esa realidad histórica.