Jorge Eduardo Arellano
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No existe la más mínima duda. En los recién celebrados comicios municipales hubo fraude. El problema es que quienes idearon, organizaron, dirigieron y ejecutaron el fraude --que es igual a decir preparar desde antes de la campaña electoral el no reconocimiento a una derrota segura--, ahora pretenden denunciar el delito que ellos cometieron responsabilizando a otros actores. Para lograr ese cometido, están utilizando la misma estrategia mediática con que iniciaron preparando su derrota electoral, dándole voz a la nueva sociedad política compuesta por Montealegre y ciertos líderes de partidos políticos inexistentes, a varios medios de comunicación de alcance nacional, a un grupo de empresarios del Cosep y Amchan, a un grupo de embajadores acreditados en Nicaragua y la voz prestada oportunamente por los nuevos nueve jerarcas de la Iglesia Católica.

Este grupo o esta sociedad política actúa como una especie de caja de resonancia. El grito que pega cualquiera de ellos rebota para ser escuchado por los demás y, estos, a su vez, pegan el mismo grito de manera que el eco siempre persiste, se repite, se mantiene. Es la misma voz, sólo varía su timbre, el rostro según las circunstancias, el rol señalado según el momento. Pero el guión siempre es el mismo.

Si Eduardo Montealegre dice que hay fraude, inmediatamente varios medios de comunicación recogen las declaraciones y las convierten en noticia; la noticia se reproduce y es recogida por el Cosep --léase José Adán Aguerri--, y Amchan --léase César Zamora--, quienes la comentan agregándole que “la situación del país es crítica y les preocupa”.

Nuevamente los medios de comunicación, en su labor de seguimiento de la información, recogen el “sentimiento dramático” de los empresarios, y posteriormente se dirigen a los representantes determinados de la “sociedad civil”, quienes manifiestan “el peligro que se cierne al país”. Continúa el seguimiento informativo y resalta las afirmaciones de la sociedad civil con más escándalo, lo cual activa a los embajadores y los lleva a declarar el “riesgo que sus gobiernos ven” y hasta ”la posibilidad que se suspenda la ayuda financiera” --caso concreto de EU y la Cuenta del Milenio--. Los medios de comunicación continúan su seguimiento informativo y tuercen y retuercen la información, la repiten, la maquillan y cierran el primer círculo con el último eslabón de la cadena representado por los señores obispos, quienes ponen a disposición de la nueva sociedad política no sólo sus voces oficiosas, sino también todos los símbolos religiosos necesarios para sacarlos fuera de las iglesias y hacer sentir el peso del discurso político que persigue Montealegre, en su afán de convertirse en la figura principal de la oposición.

Al pintar un panorama negro, ya están dadas las condiciones psicológicas para que los lectores escuchen las declaraciones del nuevo partido, que “desde la fe”, opina en los términos políticos-religiosos pactados con los actores políticos que se han propuesto hacer imagen a costa de no reconocer su último fracaso. Y lanzan sus proclamas disfrazada en homilías con símbolos religiosos que vienen a alimentar el discurso arrogante y soberbio de un Eduardo Montealegre que está jugando a disputarle el liderazgo político al doctor Arnoldo Alemán, no sólo del PLC, sino de la oposición como tal, sin importarle el costo político, económico y de estabilidad social que corra el país.

En este juego de imagen no son muchas voces las que se hacen escuchar, pero la estrategia comunicativa que están utilizando --medios escritos, canales de televisión, jerarquía católica, puertas abiertas de las Embajadas de Estados Unidos y la Unión Europea, directivos de gremios empresariales y otros de la “sociedad civil”--, los hace aparecer como si se tratara del conjunto de la voz nacional, lo cual es totalmente falso.

Imagínese usted, que dos empresarios se presentan como si realmente hablaran en nombre de todos los empresarios del país; nueve obispos se lanzan a las calles y convierten sus iglesias en tribuna política, convirtiéndose en el nuevo partido “desde la fe”, apoyando abiertamente a un movimiento político. Un grupo de la sociedad civil de clara tendencia política se arroga la voz del pueblo y en nombre de él apoyan ciegamente el proyecto político claramente trazado por elementos extraños a los intereses nacionales; un par de embajadores --violando las leyes propias del comportamiento diplomático--, gratuitamente hacen una lectura de la realidad del país, repitiendo el estribillo que ellos mismos han organizado con diferentes nombres. Y este coro cierra su movimiento de rotación del círculo vicioso con cuatro dueños de los principales medios de comunicación que imponen sus políticas editoriales a los periodistas, desde dónde buscar la información, con quién hablar, cómo recogerla, de qué manera convertirla en noticia con el objetivo de saciar mediante el titular el sensacionalismo, vender manipuladamente la información desde una única óptica, provocar estados de ánimo negativos y así ir proyectando la imagen de que este país está enrumbándose al caos, y la única salida es botar al gobierno.

He ahí el verdadero objetivo del círculo vicioso del fraude orquestado por la nueva sociedad política que se siente desplazada del poder y que aspira a restituirse en el mismo, sin importar el precio que Nicaragua tenga que pagar. La mejor prueba es que fueron a golpear las puertas de la Embajada norteamericana, y a los pocos días la Cuenta Reto del Milenio fue congelada.

*El autor es periodista y escritor.