Jorge Eduardo Arellano
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Ph. D.


Con harta frecuencia hemos repetido que las transformaciones educativas tienen sentido, en tanto logren ingresar en los núcleos educativo. Pero la realidad aún es muy otra. La cultura implantada en ellos por varias décadas representa la antípoda de las transformaciones que el Mined viene realizando en este período. Los procesos de gestión educativa, a la par de las concepciones y prácticas de directores y docentes, por lo general, aún están fuertemente dominados por intereses que distan mucho del auténtico sentido de la equidad, eficiencia, pertinencia y calidad de la educación. Los resultados obtenidos en estos años por los alumnos en pruebas nacionales de Tercero y Sexto Grado de Primaria y Pruebas de Ingreso de los bachilleres a la universidad, son catastróficos, y reflejan el resultado de las semillas sembrada años antes.

El Plan Nacional de Educación, el Foro Nacional de Educación y la Ley General de Educación acogieron entre uno de los Principios de la Educación, que “el centro educativo es el lugar de encuentro de los sujetos del proceso de enseñanza-aprendizaje y el eje integrador de los procesos técnicos pedagógicos de gestión y participación. Este Principio tiene sentido, por cuanto es, también, en el Núcleo Educativo, que los contenidos curriculares adoptan su significado en función del estudiante, razón por la que acaban convergiendo en el Principio Educativo por excelencia: “El estudiante es el artífice de sus propios aprendizajes, en interacción permanente con sus maestros y maestras, compañeros y compañeras de estudio y con su entorno”.

En este contexto de profundos desafíos, la formación de Directores y Directoras de núcleos educativos adquiere, hoy, especial importancia. En ellos descansa la responsabilidad de que las transformaciones derivadas del cumplimiento de las cinco políticas educativas se hagan carne y vida en el centro educativo. Las buenas intenciones de las reformas precedentes, sucumbieron en el camino de su concreción local.

Sobre esta base, el Mined, en conjunto con el Instituto de Educación de la Universidad Centroamericana, Ideuca, con el apoyo de la Asociación Española para la Cooperación Internacional y el Desarrollo, Aecid, desarrollan una Estrategia de Formación de Directores, desde una perspectiva dirigida a impulsar cambios profundos en la cultura de los núcleos educativos, y a promover una gestión innovadora y de calidad. Ochenta dirigentes seleccionados con criterios de calidad están siendo preparados para ser formadores, a partir de 2009, en sus regiones respectivas, de los Directores de los núcleos educativos.

La preparación en este Curso Nuclear de Diplomado va en dos dimensiones complementarias: por una parte, la asunción de los códigos de la gestión educativa innovadora, y por otra, el diseño de las estrategias pedagógicas y didácticas que aplicarán al replicar este curso a directores de los núcleos educativos. El personal facilitador de esta estrategia confluye de dos ámbitos complementarios: Además del Ideuca, que proporciona la consistencia teórica y práctica correspondiente, dirigentes del Mined aportan la instrumentación funcional y normativa necesaria. La enseñanza modular es entrelazada por una lógica didáctica: reflexionar críticamente sobre el pasado reciente y el presente de la educación, compararlo con los retos que plantea la nueva transformación educativa, y entrever rutas seguras de compromiso para caminar en este proceso de transformación.

La Investigación Acción preside todo el curso, como eje transversal, comprometido a indagar la práctica educativa de los participantes y de los núcleos educativos, avanzando en una malla curricular que se trenza en siete módulos, cada uno de los cuales tiene sentido y unidad en sí mismo, a la vez que se complementa con los demás. Las políticas educativas y el Modelo Global e Integral de Organización y Gestión de la Educación representan el punto de partida y de llegada; se desentraña la realidad del centro educativo en su entorno de pobreza, examinando, además, las condiciones educativas de infraestructura, locales, medios, equipos, así como la gestión de riesgos; se ingresa al Currículum, corazón del núcleo educativo y pauta para el aprendizaje de los alumnos; pero éste requiere, a su vez, de una caja de herramientas de planificación, organización, dirección y gestión educativa; a su vez, el núcleo educativo reclama la atención debida a la preparación y gestión de sus recursos humanos, a su ambiente psicosocial de relaciones y a las consejerías escolares. El común denominador del curso se traduce en la contextualización, las relaciones intersectoriales, transectoriales y la participación e incidencia de la comunidad educativa.

El propósito final de esta estrategia de formación es que el núcleo educativo se convierta en una escuela inteligente, con capacidad de estar informada, ser dinámica e innovadora, ser reflexiva y crítica. En definitiva, el compromiso es que la gestión de los aprendizajes y el conocimiento del núcleo educativo cumpla con estos tres escalones imprescindibles: retención del conocimiento, comprensión del conocimiento y uso activo del conocimiento, presididos por una economía cognitiva que compense los costos humanos, financieros y sociales del proceso. Lograrlo requerirá que el núcleo educativo haga efectiva una inteligencia repartida, en tanto todo su actuar organizado se centre en la persona y en su entorno.