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La bella laguna de Acahualinca, lago cratérico situado a orillas del Lago Xolotlán, presenta la oportunidad de atraer el turismo y aprovechar el escenario de la línea costera del Lago Xolotlán y su entorno, en una zona densamente poblada con áreas verdes limitadas. El aprovechamiento de la belleza panorámica local y los recursos asociados se traduciría en acceso a millones de dólares en ingresos y empleos, en el área de mayor belleza capitalina cuyo claro potencial debe considerarse estratégico para la economía nacional. Desafortunadamente, la realidad actual obliga a concebir responsablemente la restauración de dicho entorno, con medidas drásticas e inmediatas. La laguna está cubierta y rodeada por miles de toneladas de inmundicias, en infame monumento a la insensatez de obtusos gobernantes que lo han permitido. Es difícil comprender las razones por las que los humanos permitimos la degradación de los bienes naturales de mayor valor al mezclarlos con los desechos más abyectos.

La ciudad de Managua que hoy conocemos es en realidad un abigarrado complejo de más de 300 diferentes asentamientos humanos desarrollados de forma espontánea durante los últimos 150 años en una faja de suelo de veinticinco kilómetros de longitud, desde el Oeste en Ciudad Sandino hasta el Aeropuerto, al Este, sobre la empinada ladera que inicia al Sur a unos mil metros de altura en las Sierras de Managua y termina en el Norte a cuarenta metros sobre el nivel medio del mar, en las orillas del Lago Xolotlán. El área total cubierta por la Ciudad y su área de influencia que la rodea supera los seiscientos kilómetros cuadrados, una décima parte de la cuenca hídrica del Lago Xolotlán, que inicia en las alturas de Jinotega y recibe aguas desde el Lago Apanás. El ordenamiento de los suelos, bosques y actividades de población en este vasto espacio alrededor del Lago Xolotlán será objeto de atención de la Comisión de Desarrollo Sostenible de los Municipios en la Cuenca de los Grandes Lagos (por la Ley 626), que debe proponer un Plan de Gestión Integral a corto plazo. Los asentamientos poblacionales que constituyen Managua, que al crecer se unieron entre sí desde los antiguos barrios de pescadores y terrenos colonizados por precaristas hasta los más elegantes repartos, se han ubicado en muchos sitios imposibles de forma oportunista y desordenada por criterios disímiles, sin atención a planificación urbana u ordenamiento territorial alguno. En consecuencia, organizar la atención gubernamental central y local a esta maraña de asentamientos con los servicios básicos como redes eléctricas, tuberías de agua potable y alcantarillado, circulación vial y otros servicios resulta una pesadilla para un Ayuntamiento o la Agencia sectorial que sea. Particularmente difícil es la recolección de los desechos sólidos de la creciente población, tanto por la dificultad de recorrer cientos de kilómetros para transportarlos al vertedero autorizado por la costumbre y las circunstancias, tan espontáneo como la ciudad misma, servicio especialmente agravado por los irresponsables hábitos del trato a la basura por los desaprensivos habitantes de Managua, quienes descartan cualquier cosa en cualquier lugar, sin miramientos.

La población diaria efectiva de la Capital, ahora cercana al millón y medio de personas (incluyendo el componente flotante que conmuta diariamente desde las poblaciones dormitorio cercanas), genera unos 120 000 m3/día de aguas negras crudas, que continúan impactando el Xolotlán a través de 17 descargas directas, más el aporte de unas 120 industrias, especialmente maquilas, que descargan sus residuos líquidos con insuficiente tratamiento, sumado a los desechos líquidos y sólidos que llegan desde la red de cauces que drenan la geografía de la subcuenca sur del Lago Xolotlán. Existe creciente conciencia ciudadana y gubernamental del grave problema causado por las cárcavas del siglo antepasado convertidas hoy en el sistema de basureros a cielo abierto que llamamos cauces de Managua, los que por su insuficiencia y carencia de sistemas de infiltración y retención anegan y destruyen la ciudad recurrentemente, y que al menos ocuparon un lugar en las promesas de campaña electoral de los candidatos que hemos presenciado en meses anteriores. Felizmente la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales pronto iniciará el reto de depurar las aguas negras de Managua, con la esperanza de reducir dicho impacto sobre el Xolotlán de forma paulatina.

El gran reto para lograr el saneamiento del Xolotlán continúa siendo la BASURA doméstica y empresarial que genera la capital, estimada en 1400 toneladas diarias colectadas por el servicio de la Alcaldía de Managua, más un excedente no colectado imposible de estimar y, peor, de colectar, por la dispersión de vertederos ilegales. Los desechos que han sido colectados a lo largo de los últimos treinta y seis años se han acumulado en una montaña de cuarenta hectáreas de extensión y más de veinte metros de altura promedio en La Chureca, desde donde los desperdicios le regresan el boomerang a la población con severas amenazas a su bienestar. Desafortunadamente, el vehículo esencial para esa agresión se encuentra en las aguas del Lago Xolotlán, a través de muchas formas y vías.

La degradación ambiental causada por el vertedero en el área comprendida en La Chureca y alrededores ha destruido la armonía ecológica del Xolotlán y de la Laguna de Acahualinca, además de los terrenos circundantes. En los tiempos lluviosos en que el Xolotlán sube de nivel, como en octubre pasado, que alcanzó cuarenta metros y medio de altura sobre el nivel del mar, en que no solamente llegó cercano al punto de flujo a través del Río Tipitapa hacia el Gran Lago Cocibolca, sino que logró alcanzar la altura necesaria para penetrar en la masa de basura, la erosionó y arrastró aguas adentro los desechos allí depositados, además de disolver las sustancias tóxicas que la basura contiene, contaminándose más aún. Es difícil percibir por la opacidad de las aguas del Xolotlán el gigantesco basurero subacuático en su fondo, que crece alimentado por los cauces y desde las orillas del vertedero La Chureca. Durante los meses de sequía es más fácil percibir la presencia de los líquidos destilados por la basura, que son unas masas oscuras, espesas, pestilentes, amorfas y muy tóxicas, conocidas como lixiviados y que se cuelan hacia las aguas subterráneas bajo y alrededor del basurero, así como en dirección del Xolotlán con flujos también en otras direcciones. Resulta innecesario destacar el daño que dichos contaminantes causan sobre la ecología y salud del Xolotlán, Acahualinca y cualquier fuente de agua subterránea, inutilizándola para cualquier uso que resulte en contacto con dichos lixiviados. De mantenerse este estado de cosas, difícilmente podríamos concebir la restauración de un bien natural precioso como son las aguas del Xolotlán y la belleza de la Laguna de Acahualinca, hoy degradados a condiciones desnaturalizadas. Peor aún, el riesgo que impone el Xolotlán al resto del sistema hídrico en la cuenca de los Grandes Lagos nicaragüenses, al descargar estos cócteles tóxicos en el Gran Lago Cocibolca, patrimonio excelente y principal recurso natural de Nicaragua, es de extrema severidad.

Por estas razones, es fácil entusiasmarse con la iniciativa de la Alcaldía de Managua y la generosa Cooperación Española para neutralizar los impactos ambientales sobre el Lago Xolotlán, Laguna de Acahualinca y sobre la salud de la población en general, que posibilitará el inicio del rescate ambiental y sanitario en primer lugar, y buscará posteriormente alternativas para la ubicación y operación de un vertedero que sea técnicamente manejado para el bienestar de la ciudadanía. Por ello, la ciudadanía debe corresponder asumiendo la responsabilidad de contribuir en el control de la basura, ya que estas medidas y grandes esfuerzos de nuestro gobierno local y gobiernos amigos continuarán siendo de escasa utilidad si la población continúa dejando el problema de la basura a la Alcaldía, sin educarse en los correctos hábitos de reciclaje, aprovechamiento de desechos y reducción de materiales contaminantes.

El rescate del Lago Xolotlán y la Laguna de Acahualinca no puede ser concebido solamente como un esfuerzo romántico para restaurar la condición natural de una esquina de esta Capital, sino un compromiso militante para alcanzar el bienestar social y económico que se derive del correcto aprovechamiento del potencial natural contenido en estos recursos hídricos nacionales, y por ello asumido por la ciudadanía y
sus autoridades, responsables ante
la historia por el éxito de este desafío.


salmon@cira-unan.edu.ni