Jorge Eduardo Arellano
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Dicen que la oposición se moría de la risa viendo la presdigitación de Daniel, llevando la deuda que tiene Estados Unidos con Nicaragua de 17 mil millones de dólares a 44 mil millones. A nuestra oposición le daría mucha risa estas cosas, pues los intereses de nuestro pueblo no son precisamente sus intereses, pero no al actual gobierno norteamericano y menos al Presidente electo Barack Obama, pues las deudas que establecen otros países con ellos son cobradas a un alto costo.

Ahí están todavía las víctimas de la guerra pasada: los miles de mutilados, los huérfanos, las viudas, los miles de niños que perdieron su niñez y juventud en la vida de una violencia cotidiana, aprendiendo a matar y a morir. Ahí quedó también una economía involucionada y destruida, y los muertos que entraban en más de 20 diarios, a ser sepultados en caseríos y ciudades sino en fosas comunes en la propia montaña. Ahí está el fallo del más alto tribunal mundial CIJ, que condenó la agresión y orientó resarcir el daño imponiendo una suma de 17 mil millones de dólares.

El Partido Republicano de Bush fue el que nos hizo la guerra. Pero el Presidente Obama si quiere inaugurar una nueva relación con una nueva América Latina habrá de acudir a la memoria histórica de las relaciones entre ambas regiones.

Es posible que como señal de buena voluntad y de cambio, el Presidente Obama inaugure una política más realista y comprensiva con nuestra región. En el caso de Nicaragua, el nuevo gobierno habrá de reconocer lo que ha pasado en los últimos 30 años y el papel de la gran potencia en nuestra historia reciente. Cualquier gesto que marque la diferencia con lo que históricamente ha sido la relación de Estados Unidos con gobiernos como el nuestro deberá redimir esta deuda con Nicaragua.

Sin embargo, ante una eventual falta de conocimiento y comprensión de la historia de nuestras relaciones, en particular de las últimas décadas, deberá ser la sociedad norteamericana la que directamente asuma y redima esta deuda, producto de la agresión, así establecida por CIJ.

El tiempo de la confrontación ha pasado, ha llegado el tiempo de la reconciliación
Serán, por lo tanto, por su propia naturaleza las iglesias norteamericanas, evangélicas y católicas, quienes están llamadas a librar esta gran batalla por resarcir una injusticia provocada por el gobierno de los Estados Unidos. La historia contemporánea está llena de ejemplos, incluso actuales en los cuales ha habido, por parte del país agresor, formas de resarcir los daños causados al país víctima. Las iglesias norteamericanas tuvieron un excelente papel pacificador, de solidaridad y profético en los años 80, en lo más crudo de la guerra. Ahora quisiéramos que todas las iglesias cristianas de los Estados Unidos, en una actitud vicaria, sobrelleven el pecado del gobierno norteamericano y con el espíritu de la conversión de aquel Zaqueo del Evangelio, se inicie la creación de un Fondo Inter-eclesiástico de Indemnización Histórica a Nicaragua, incluso, aunque no se alcanzara la cantidad total, lo que importa a los cristianos es la conciencia aprobada ante el juicio de Dios, asumiendo la obligación de esa pesada carga del pago de una deuda establecida por la CIJ para hacer la Shalom, que además de paz significa también indemnizar a través del pago de nuestras deudas, la restauración, la sanación y la recompensa como una opción preferencial por los pobres.


Sólo así, las iglesias de los Estados Unidos asumirán un papel redentor, en un momento en que la crisis mundial total que vivimos, en su origen viene, precisamente, de los Estados Unidos y Europa, pero que impacta también hondamente en nuestros países.

El Instituto “Martin Luther King” de la Upoli, se ha impuesto la tarea de hacer conciencia en las iglesias norteamericanas del papel que les cabe en esta nueva situación que vive el mundo en el marco de las relaciones del nuevo gobierno y una región cambiante como América Latina.

El nuevo gobierno norteamericano y su determinación de acercamiento al multilateralismo y ampliar sus vínculos de amistad, cuenta con el instrumento de la Iniciativa Mundial de Reconciliación, que declara el año 2009 como “Año Internacional de la Reconciliación”. Tiene razón, en cierta medida, el Rev. Antonio Bolainez (Asesor espiritual del Presidente Barack Obama), con quien nos hemos reunido y abordado también estos aspectos, que las señales deben venir de Nicaragua, pero no solamente, porque si bien es cierto, que el lenguaje ocupa un papel en las relaciones diplomáticas, lo sustantivo es el cumplimiento del fallo emitido por la CIJ. Al Presidente electo Obama se le hizo llegar con el propio Rev. Bolainez hace varios meses, nuestras recomendaciones para que apoyándose en la Iniciativa Mundial de Reconciliación, implementara medidas de generación de confianza, orientadas a los primeros contactos bilaterales con Cuba, en aras de explorar formas de allanar el camino a la normalización de las relaciones entre ambos países que tienen tantos intereses comunes. De igual manera, le expresamos que esta Iniciativa le abre las puertas al estímulo de una salida política y negociada en la crisis colombiana.

Pero también, apelamos una vez más al gobierno nicaragüense para que asuma de una vez por todas la política de Reconciliación que nuestro mismo Estado promovió en las Naciones Unidas sobre la base de la Iniciativa del Instituto “Martin Luther King” de la Upoli. Nos referimos tanto al ámbito interno de nuestra política, que hoy más que nunca demanda la unidad para enfrentar los duros desafíos del próximo año y que como elemento unificador ante la crisis se oriente hacia políticas de Reconciliación más duraderas. Pero, de igual manera, en el marco de las relaciones internacionales, en especial con Estados Unidos habrá que dar señales claras de una disposición a establecer relaciones de respeto y colaboración en torno a intereses comunes.


*Director Instituto “Martin Luther King”

UPOLI
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