Jorge Eduardo Arellano
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La sangre derramada por la democracia se ha convertido en caballito de batalla en boca de quienes nunca derramaron sangre y en otros que sí la derramaron, pero quizás olvidaron que ni ellos ni los que murieron, lucharon porque en Nicaragua permaneciera el mismo sistema capitalista, tan sólo un poco más humanizado que en tiempos de Somoza; que es por cierto lo que insiste en proponer la socialdemocracia y que se plasma claramente en algo que escribió Gioconda Belli acerca de la política tributaria como la única vía posible en estos tiempos para la redistribución más equitativa de la riqueza.

El capitalismo se manifiesta en lo económico mediante el predominio de la propiedad privada sobre los medios de producción y con ella, de las relaciones de explotación y opresión entre los seres humanos, que hacen prevalecer el egoísmo, el odio y la corrupción; y en lo político, mediante la democracia representativa en la que los ciudadanos eligen gobernantes y representantes, pero no deciden las políticas que éstos aplicarán, y donde la sociedad se encuentra dividida en partidos que son camisas de fuerza de la pluralidad de ideas con apariencia de ser la expresión misma de tal pluralidad, que compiten entre sí como marcas comerciales y los candidatos son los productos que dichas marcas lanzan al mercado, prevaleciendo la manipulación, la invocación al efecto psicológico de la mercadotecnia y la apelación a los instintos como manifestación de nuestra condición animal, y no al raciocinio que distingue a los seres humanos y a la vez humaniza a la sociedad.

El socialismo, en cambio, se manifiesta en lo económico a través de la propiedad social sobre los medios de producción como predominante en la sociedad y con ella, de las relaciones de cooperación e igualdad entre los seres humanos que hacen posible la fraternidad, el amor y la honestidad como características que prevalecen en la sociedad, además de propiciar una distribución más equitativa de la riqueza; y en lo político, por medio de una democracia en la que el pueblo es dueño de su destino, las ideas fluyen sin la intermediación de los partidos, donde existe una organización política de vanguardia que orienta, persuade, dirige en base a las ideas y el ejemplo; y que en estos tiempos adquiere la forma de democracia directa que garantiza a los ciudadanos no solamente su derecho a elegir gobernantes y representantes, sino a decidir las políticas que éstos aplicarán, siendo el instrumento principal para ello – aunque no el único –, el Poder Ciudadano. La política entonces se humaniza al igual que la economía, y el ser humano se reconcilia consigo mismo y adquiere a nivel masivo la capacidad para alcanzar la felicidad.

El socialismo es la propuesta de los revolucionarios, y es por ese sistema que derramaron su sangre los sandinistas que cayeron y los que lucharon y sobrevivieron, tanto los que continúan en la lucha como los que se cansaron y dejaron de creer en que es posible alcanzar esa meta o al menos dejaron de asumir que luchar por alcanzarla es la única manera de que tenga la vida sentido, sobre todo cuando se ha dejado atrás a tantos que cayeron con esa convicción y esa actitud.

Lo que propone la socialdemocracia es el reformismo, un capitalismo con una distribución de la riqueza más equitativa que la del capitalismo salvaje, por cierto el único posible en estos tiempos y sobre todo en los países llamados subdesarrollados. Pero el reformismo capitalista conocido como socialdemocracia, plantea una distribución más equitativa basada en la política tributaria y no en el cambio del régimen de propiedad, con lo que las relaciones de explotación y opresión se mantienen intactas y con ellas la deshumanización de la sociedad. Y a la par del sistema económico capitalista, la socialdemocracia mantiene el sistema político democrático representativo; por lo cual no es casual que en los años ochenta la tendencia socialdemócrata de los que después formaron el MRS haya promovido – desgraciadamente con éxito – la creencia de que el sistema político democrático representativo era adecuado para la institucionalización del proceso revolucionario.

Es precisamente por todo esto que el FSLN está luchando por el cambio de sistema, tanto en lo económico como en lo político, que fue por lo que se derramó tanta sangre: en lo económico, mediante la democratización de la economía y la socialización de la propiedad, sólo que en este último caso ya no por la vía del estatismo, sino de la autogestión económica popular. La etapa de las confiscaciones fue necesaria en otro momento, pero ya quedó atrás como vía principal para la instauración del nuevo sistema económico; la vía actual implica la coexistencia entre formas de propiedad propias del socialismo y las formas tradicionales que deben continuar jugando un papel importante en la economía. No es necesario, pues, el exterminio de los ricos que Gioconda Belli plantea como única alternativa posible al reformismo por el cual ella se apunta, y ya era hora de que una ideóloga de los renovadores lo dijera claramente. En lo político, la lucha por el cambio de sistema se manifiesta en la instalación del Poder Ciudadano, desde donde tod@s l@s nicaragüenses que así lo deseen, tienen un espacio para debatir y decidir lo que deben hacer los gobernantes y representantes electos por ell@s.

Es por todo esto que los ausentes físicamente siguen presentes espiritualmente, no solamente en los logros obtenidos en esta nueva etapa de la Revolución Sandinista, sino en la lucha revolucionaria que sigue librando el FSLN en su afán por hacer realidad los sueños de esos muertos que precisamente por eso nunca mueren.