Jorge Eduardo Arellano
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En estos últimos días nos hemos encontrado como en un laberinto en el cual la democracia, término que ya parece muy firme, ha cambiado de sentido y del cual sólo la Derecha es la poseedora.

Veamos: si yo gano las elecciones hay democracia, si no, no. Si yo escribo un prólogo porque creo que soy el único que debe hacerlo, hay democracia, si no es fascismo; si yo no estoy de acuerdo con el Imperio, no soy demócrata.

Pero además, hay algo más sorpresivo: se produce un despilfarro colosal que causa una posible catástrofe global en la economía, porque los grandes del primer mundo han especulado y hecho su agosto con los dineros y entonces los gobiernos tan honrados del primer mundo urden recursos del impuesto de los ciudadanos para salvar a las grandes trasnacionales y llegamos al clímax de la democracia, hay que salvar el capitalismo que especula y abusa de su poder. Entendámonos, el que no está de acuerdo es de izquierda pasada de moda y debe ser castigado y vilipendiado.

Por favor no protestemos ni pensemos que los Señores tienen la posesión de la verdad absoluta, y discrepar de sus puntos de vista es fascismo, terrorismo, etc. Luchemos por las intervenciones en los países pobres y dejemos en paz los abusos democráticos, porque la razón sólo la pueden tener los poderosos del mundo. Ellos son los únicos que pueden juzgar y avalar a quien se debe calificar como demócrata. La verdad ya está definida y el que no esté de acuerdo es un paria.