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Lo poco que he logrado conocer de la vida de don Carlos Martínez Rivas, ese maravilloso poeta que se marchó no hace mucho por la puerta grande, lo he sabido a través de otro gran poeta nicaragüense, Mario Montenegro, quien es además cantautor y pintor de angelitos de verdad.

Ese cuento que Mario nos hacía sobre CMR a cada rato, porque a cada rato se lo pedíamos, que decía: “Es con creciente indignación…” o sea la carta de CMR al licenciado Julio Valle Castillo, porque ni de poeta lo trataba ni lo consideraba, nos causaba cada vez más asombro, por la genialidad y arrechura del poeta en toda su universalidad y elocuencia, y por su trato a figurillas o mediocridades que de la amistad con él o del conocimiento de su obra se ufanaban.

Aunque fue Telmita quien me presentó al poeta, fue Montenegro, o Monteverde, quien mejor lo expresaba y lo daba a conocer en tertulias, reuniones y en cuanto ágape participaba. Era una muestra de verdadera amistad y admiración recíproca, porque CMR igual hablaba con cariño y propiedad del autor de la Cabra Antonia, a mí me consta.

En estos días de prólogos, conspiraciones, recopiladores y censuras, de cuentos, cuentas y más cuentos, de ediciones no nacidas, de derechos de autoría y de falta de sensatez y respeto a la memoria del poeta, es importante recordar que lo esencial es el poeta y su obra, la desconocida, y que es una responsabilidad de hoy, de esta generación y de estas autoridades, dar a conocer, difundir, editar y promover el trabajo del monstruo, aunque no lleve prólogo. Para eso sus amigos, como Mario Montenegro, lo podrán seguir contando. “Es con creciente indignación….”


jinotepino@hotmail.com