Elmer Ramírez España*
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Ése es el deseo que todos los nicaragüenses deseamos para nuestros niños, y si bien es cierto que entregarle en esta Navidad un juguete, como razón especial de la tradición consumista es un poco difícil, por aquello del desempleo o que el salario no ajusta, bien vale la pena esforzarnos para entregarle con alegría lo que ellos siempre muestran al ser complacidos.

La pólvora es barata, es fácil de obtener; incluso, a veces, como por inercia le damos plata, luego de una mentira piadosa de los niños y más tarde vienen las tragedias y lamentos. Pues a pesar de que los niños pidan que les cuiden, surgen los accidentes y éstos son accidentes, precisamente.

Las mechas de los petardos, arbolitos y otros inventos que realizan los artesanos de la pólvora son lo suficientemente volátiles al roce de cualquier objeto, y eso provoca un peligro inminente. El acercarse a la quema de cualquiera de éstos instrumentos del peligro pone en total indefensión a los niños, y si a ello le agregamos “la cultura machista” que dice que deben aprender de todo, y, por supuesto, a no llorar, los efectos se vuelven en algunos casos devastadores.

Crear conciencia, utilizando la sensibilización, o en el último de los casos restringirle con carácter, además no dejarlos solos, ni esperando que puedan compartir con el amiguito o vecino lo que se convierte en una cadena que puede facilitar el detonante.

El que le reviente un triquitraque, por muy pequeño que sea, en una de sus manos o en el rostro, o cualquier parte de su cuerpo, es una lesión dolorosísima y el trauma es lento, y eso presagia una tortura para todos porque nada se puede hacer, tan solo esperar. Ahora bien cuando la lesión o quemadura es un poco más agresiva o severa, es el Hospital la residencia del entorno familiar y sin poder determinar el tiempo de estadía, dado que las quemaduras requieren de una especial atención, amen de que los medicamentos son realmente caros y a veces difíciles de conseguir.

El cuido, por supuesto, es delicado. La piel que es nuestra defensa se ve agredida y no se tiene forma de evitar que las infecciones aparezcan; las autoridades están realizando un esfuerzo valedero y quienes dependen de este negocio tienen que ser muy precavidos, y los expendedores sólo hacerlo con conocimiento de la causa en la que está inmerso. Los hospitales estarán atentos, de igual manera lo hace permanentemente Aproquen, una institución que genera cura, alegría y satisfacción para niños con quemaduras extremas y además reparte juguetes llenos de amor y lejos de lo que significa el peligro de la pólvora.


Docente UNI
elmer_ramireze@yahoo.com