Jorge Eduardo Arellano
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He leído con interés el artículo de Evelyn Martínez, “primera actriz nacional” y coordinadora del CPC de Altamira, titulado “¿Cómo no vamos a defender los CPC al presidente Ortega?”, publicado en EL NUEVO DIARIO del 11-12-08.

Me parece oportuno responderle por dos razones: uno, porque creo que escribe de buena fe, y dos, porque son muchas las personas que piensan como ella.

El argumento central de Evelyn, cuyo talento artístico reconozco y a quien he visto de cerca alguna vez, pero con quien nunca he tenido la oportunidad de conversar, es que este gobierno ha hecho muchas cosas buenas a favor de nuestro pueblo.

Entre los beneficios que Evelyn señala están el Programa Hambre Cero, Usura Cero, el fin de los apagones, “masificación del deporte y la cultura”, etc.

En aras de simplificar mi exposición, no voy a polemizar con ella sobre esos temas, y voy a admitir de manera irrestricta que todos esos programas son excelentes.

Pero, aún en el caso de que eso fuera cierto, este gobierno seguiría representando un grave inconveniente para la bienandanza del país.

La razón de esto, estimada Evelyn, es que, si bien desde la perspectiva y el ámbito de los CPC todo está bien, no sucede lo mismo cuando juzgamos la actuación del presidente desde una perspectiva global y en un ámbito nacional.

Al cometer el fraude electoral, el gobierno se coloca en la ilegalidad y siembra la división en el país. Al reprimir las protestas cívicas, nos empuja a una confrontación cuyas consecuencias trágicas ya vimos y vivimos en la década de los ochenta, y que nadie desea que se repitan.

Dicho de otra forma, lo que el gobierno hace con una mano lo borra con la otra. Los beneficios para los pobres que genera a nivel micro-económico y sectorial (salud, deportes, educación) los anula con creces al crear una situación macro-económica y macro-social que es insostenible. Esas acciones erráticas hacen también que se nos cierren las fuentes de la cooperación internacional.

Somos casi contemporáneos, Evelyn, y por tanto debés saber que también en los ochenta se decía defender los intereses del pueblo y al final la situación de los pobres fue la que más empeoró, como resultado de la guerra civil.

No permitamos que el árbol nos impida ver el bosque, ni nos ofusquemos con las ventajas aparentes y momentáneas de un “socialismo de garrotes y confites”. Comprendo que la población más humilde tiende a razonar con el estómago, de acuerdo a esquemas muy limitados e inmediatistas, pero vos tenés otro nivel cultural que te permite ver las cosas de una manera más ponderada y ecuánime. Además, reprimieron a Ernesto Cardenal y a Sergio Ramírez, lo cual es un atropello al mundo de la cultura, al cual vos y yo pertenecemos, aunque de diferente manera.

Espero que estas modestas reflexiones puedan serte de alguna utilidad. Agradeciendo tu atención a la presente, me suscribo, tu amigo y admirador de tu talento artístico.


*Periodista, escritor y traductor inglés-español.