Jorge Eduardo Arellano
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En octubre pasado escribí: “Atronador es el silencio de los inocentes. Los monarcas enterradores del país, él creyéndose un líder mundial y ella enjoyada a más no poder, de pie ante un gigantesco mausoleo, se disponen a poner sobre la fosa una enorme lápida con el nombre de Nicaragua. Todos estamos asistiendo a nuestro propio entierro.” ¿Continuarán algunos aduciendo neutralidad y el grito clamando por libertad que lucha por salírseles, se quedará aprisionado en esa otra fosa en que están convirtiendo sus conciencias?

La araña continúa tejiendo su tela rosada. Si somos mosquitos, no hay duda de que caeremos prisioneros en ella. Si nos empeñamos en no perder nuestra categoría de seres humanos, y como ciudadanos y ciudadanas, todos luchamos por la libertad, romperemos la tela.

No caigamos en la telaraña de este régimen. En el caso de la persecución a escritores: El juicio contra Ernesto Cardenal y sus sórdidas secuelas por las que al poeta y sacerdote se le quiere hacer aparecer como a un ladrón, despojador de una viuda, es toda una trama de los viudos de ética contra la conciencia de la que alguna vez fue revolución.

De la misma manera debemos analizar el caso de Sergio Ramírez. “¡Basta de historia y de cuentos!” Este acto de censura de aberrados no se trata de quién contase con las “mejores armas críticas” o pudiera hacer “un prólogo más didáctico”, puesto que el prólogo, como todos bien sabemos, había sido vetado sin que sus censores lo hubiesen leído. ¿Existe una mejor prueba de que el veto es contra Sergio Ramírez y que en esta decisión política –revanchista– nunca entró ni a consideración la calidad literaria de su escrito? Dicho en otras palabras, el veto ha sido contra Sergio Ramírez por ser Sergio Ramírez y tener un significado internacional que a sus detractores les duele como un divieso en el culo. Por añadidura lo fue contra el prólogo que escribió y que no conocían hasta que lo publicó EL NUEVO DIARIO. En esa desbocada carrera de crímenes contra la palabra, nada les importó sepultar una vez más a Carlos Martínez Rivas, impidiendo que su magna obra fuera multitudinariamente difundida por EL PAÍS.

Éste ha sido un veto para una historia de la infamia. Un veto inquisidor ante el cual ningún escritor o lector puede quedarse impasible. Si lo hacemos, después vendrán las llamas del Santo Oficio en cuyo alrededor, mientras ardemos, alcanzaremos a ver mantas color chicha: “Es más fuerte el amor que el odio”.

Los obispos, en este régimen, han alcanzado la honrosa categoría de mortales. Ya pertenecen al común denominador de los ciudadanos nicaragüenses a quienes a pedradas, fajazos, turbas desbocadas, censuras, juicios amañados y chantajes se les viene imponiendo fraudes, presidencia a domicilio, impunidad de los poderes, corte celestial y un sinnúmero de tropelías. La Iglesia aboga para que no se profanen sus símbolos religiosos y no sean manipulados políticamente, y su voz, como la de todos, clama en el desierto.

Un arrogante silencio es la respuesta del autoritarismo, o amenazas y agresiones. Ellos ya tienen otro dios en el monarca y otra iglesia en Obando. Los demás, obispos incluidos, salimos sobrando. A través de sus propias vírgenes politizadas alcanzarán la salvación. Eso es lo que piensan quienes ya se creen eternos e inmortales.

Justicia: El régimen tiene tantos líderes evangélicos a su servicio como vírgenes en las rotondas. Sixto Ulloa ya encabeza fuerzas de choque de “derechos humanos” contra manifestantes a favor de los derechos humanos. Alberto Stefano Boschi, misionero italiano, ha sido condenado a prisión por la maquinaria judicial de la dictadura, sin prueba alguna. La única arma que le descubrieron fue su honestidad y solidaridad con nuestro pueblo.

Religiones: En la misma medida en que Obando es el Osorno de los católicos, Osorno es el Obando de los evangélicos.