Jorge Eduardo Arellano
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El Partido Liberal Constitucionalista PLC es un barco con rémora navegando en un mar de desafíos, amenazas y oportunidades. El PLC posee el potencial para convertirse, por obras y gracias (nada graciosas) de su socio y adversario, el FSLN, en la organización política más democrática, moderna y progresista de Nicaragua. Pero la principal amenaza para su potencial crecimiento y adecuado desarrollo, su rémora más grande, gorda y poderosa es sin duda alguna su líder, el Doctor Arnoldo José Alemán Lacayo. Los actos de corrupción de su insaciable banda gástrica y las condenas a que se han hecho acreedores, él y sus gordos compinches, han enajenado casi totalmente al PLC con el FSLN, en una caja de Pandora llamada Pacto Alemán-Ortega.

En un balance de saldos para esta suerte de microfísica del poder criollo, aplicando ahora más el FODA incaista encontramos que hay pérdidas severas en el liderazgo ejercido en el PLC por casi 20 años por parte del Dr. Arnoldo Alemán Lacayo. Alemán ha disminuido sensiblemente sus bonos no sólo frente a Eduardo Montealegre (quien se los puede comprar como hizo con los Cenis), sino frente a otros destacados líderes de esa colectividad, como son Enrique Quiñónez, Wilfredo Navarro, Jamilet Bonilla, Francisco Aguirre Sacasa, Maximino Rodríguez, María Eugenia Sequeira, María Dolores Alemán y otros. Sería una pena que en un arranque de absolutismo del tipo “el partido soy yo” y de locura colectiva autodestructiva, el PLC se hundiera con su hasta ahora líder máximo.

Las crisis son oportunidades para conocer el talante de los líderes. Frente a una dirigencia histórica sandinista anómica, anémica, anómala, muda y totalmente anulada por su actual liderazgo único, como la que NO pudimos ver; el PLC pudo exhibir un cártel de líderes propositivos y relativamente jóvenes que con pensamiento propio e independencia de criterios formularon sus alternativas de solución frente a la crisis política. Desacertados o no, por parte del PLC sentimos al menos una amplia fuerza de dirigentes involucrados, acompañando a sus bases y buscando soluciones a la crisis.

A esta dirigencia colectiva el PLC que emergió con cierto vigor en esta crisis, como parte de su inevitable proceso de modernización, este mismo partido debe darle organicidad basada en principios democráticos que les permitan construir sus liderazgos y luchar por el poder a lo interno y a lo externo de la organización. El PLC precisa de un nuevo liderazgo para los nuevos tiempos, así como de nuevas banderas de luchas. Hay en su tradición política liberal suficientes elementos para desarrollarse a plenitud sin enajenarse con un solo líder.

En el liberalismo han cabido desde presidentes revolucionarios dictatoriales, como Zelaya, héroes patrióticos como Sandino, dictadores dinásticos reaccionarios y pro imperialistas como los Somozas, hasta una intelligentzia progresista, radical o de izquierda como lo fueron Ramiro Sacasa Guerrero, Pedro J. Quintanilla o Virgilio Godoy. El PLC en este momento decisivo para la historia nacional, hoy menos que nunca debe desenajenarse del liderazgo del Doctor Alemán y no renunciar a la libertad y amplitud de espíritu que lo han caracterizado.

Se debe apuntar a una dirección colectiva, a la búsqueda de políticas y programas de consenso, a la ampliación de su base social que debe ir más allá de sus famosas clases medias, a una mayor presencia en el debate político e ideológico que se da en los medios de comunicación, a luchar por las reivindicaciones económicas de los sectores populares, por su estabilidad en el empleo, las reivindicaciones de la mujer nicaragüense, la preservación de un medio ambiente sano y asumir desde su tradición la necesidad de la paz para la sociedad nicaragüense y mundial.

Es decir un PLC que debe modernizarse y adecuarse a los desafíos del mundo contemporáneo. Un liderazgo democrático, progresista y radical en sus compromisos populares puede ser un interlocutor válido y plausible frente a una Administración estadounidense “progre”, como la de Obama. Para ello el PLC debe naturalmente copar el espacio político que ha dejado el FSLN, al convertirse éste en la organización política más reaccionaria del espectro político nicaragüense actual.

Ese espacio obviamente no ha podido ser asumido por el MRS (incluyo Rescate y tuti cuanti), por sus limitaciones económicas. Es prácticamente imposible construir alternativas al corto plazo, como las que demanda el momento desde la pobreza. La pobreza obliga a someterse al liderazgo de la derecha como hizo la fracción del MRS liderada por el Dr. Edmundo Jarquín Calderón, quien sólo sabe cocinar en su caldero marca UDEL. O a acciones irrelevantes como anular el voto clamado por la líder del Rescate, Comandante Mónica Baltodano. Digo irrelevantes porque el CSE desde su corrupción proverbial jamás dará a conocer las verdaderas cifras o porcentajes de los que anularon sus boletas.

Asumiendo nuevas tareas, luchas y banderas, algunas dejadas por un FSLN incoherente, clausurado y actualmente imposibilitado por mandato divino de luchar por ellas, el PLC podrá ser un crucero de lujo surcando el mar de la política criolla y no el barco fantasma cuyas rémoras amenazan con hundirlo, por un buen tiempo en el pantano de otro pacto (Ortega-Alemán) que terminaría por tragárselo -for ever- sin hacer glu-glu.