Jorge Eduardo Arellano
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Entre muchas cosas, en que los periódicos son de utilidad y muy provechosos, está el poder repasar en sus ediciones del ayer para recordar lo que hicimos para beneficio del mundo y para visualizar en qué retrocedimos. Es curioso encontrar en la Autobiografía del inmortal periodista y poeta Rubén Darío, 1867-1916, las veces que escribió sobre la corrupción política, social y económica de aquellos tiempos, que pareciese que estuviese en 2008.

Revisando el pasado, vemos que nuestro problema ha sido que usamos mucho la escoba, pero no para limpiar, sino para barrer la inmundicia de un lado al otro. Padecemos de un mal crónico, el olvidar los errores que son la incubadora de la corrupción y el entorpecimiento económico. No hemos podido aprender de nuestros errores, como parece haber hecho el resto del mundo, con ciertas excepciones.

Por eso es que los periodistas siempre están martillando, siempre están recordándonos lo que está pendiente, lo que no hemos logrado, tal como una Nicaragua limpia y honesta. Una Nicaragua donde las escuelas elementales tengan facilidades para que las madres puedan dejar a sus niños, donde se construyan clínicas anexas a las escuelas y así podamos prever las enfermedades, donde los jóvenes vean que hay futuro en la educación, donde ser maestro y profesional de la salud sea una ocupación prioritaria, donde ser agente del orden (Policía) sea ser amigo y protector de la ciudadanía, y donde estas profesiones sean bien remuneradas y respetadas.

No son sueños, pero sí son ideales quijotescos, ya que todos tenemos un poco de “quijote”. Ese deseo de contribuir, de darnos, de ser parte de aquel pensamiento del gran Kennedy, “no preguntemos lo que vamos a recibir, sino qué es lo que vamos a dar”

Hay tanto por hacer y dar. En vez de fomentar la vagancia y convertir a nuestra mano de obra, en “agitadores de banderas” o “rezadores y/o cantaores de rotondas y plazas”, ya no digamos en “fuerzas de choque” que no contribuyen al progreso y productividad del país, los deberíamos preparar a trabajar en proyectos de bienestar público que tanto necesitamos a nivel nacional, dándole así un buen uso a ese dinero que ahora está supuestamente destinado en fomentar el “amor”, según reza la propaganda.

Seamos realistas, admitamos que estamos empantanados, que vamos retrocediendo, y que en río revuelto nadie gana, ni aun los que usan la política para su beneficio personal, ya que sin paz, sin orden, y sin justicia, nadie puede mejorar y menos progresar.

En Archivos anteriores, hemos escrito sobre los problemas comunitarios que no hemos resuelto, algunos de los cuales venimos “barriendo” de un lado para el otro, por lo que, recordando nuestra niñez, he decidido escribirle una carta al Niño Dios, solicitándole su bendición.

Querido Niño Dios:
En vez de juguetes te pido…
Que ilumines y des fuerzas a nuestros dirigentes para que abandonen la “politiquería” y que lideren al país y a su pueblo como estadistas responsables, afianzando así, nuestro sistema democrático.

Que aceptemos con valentía nuestros errores y así, afiancemos la paz y la concordia entre nuestro pueblo.

Que construyamos escuelas, en vez de tarimas.

Que hagamos y reparemos carreteras y caminos de penetración, para ayudar al comercio, turismo y desarrollo agrícola.

Que las municipalidades sigan el ejemplo de las ciudades de Dolores y Nagarote, y pongamos control al problema de la basura, y continúen limpiando y ordenando nuestros mercados.

Que cuidemos nuestra imagen de pueblo simpático y país acogedor, para lograr que los agentes de viajes y promotores de grupos nos tomen en cuenta, y así podamos incrementar nuestro flujo turístico, que es fuente de trabajo.

Que se estabilice y se respete la propiedad privada, y que se haga realidad la Ley de Costas.

Que dotemos de Cédulas de Identidad a nuestra Diáspora a nivel mundial.

Y, para no cansarte, ya que hay millones esperanzados en tu amor al prójimo, sin mezquindades y discriminación, te pido algo muy cerca y personal: Que el Ejército devuelva a la Sociedad Gallard-Prio lo que tomo en préstamo hace más de dos décadas, 31 manzanas en Jocote Dulce. Ya la usaron suficiente y gratis.

Gracias, querido Niño Dios y por favor, bendícenos.

Hasta el próximo Archivo XXII.