Jorge Eduardo Arellano
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Cuando tenemos el privilegio de leer e interpretar artículos de opinión como el “Fracaso de los Sistemas”, de Gioconda Belli (END-11-12-08), se nos viene a la mente la siguiente interrogante: ¿por qué las universidades estatales y privadas no incorporan en el pénsum académico el estudio del marxismo como tal? Pues, desde mi punto de vista, resulta inaudito que profesionales y políticos, ya no digamos los estudiantes universitarios de las diferentes carreras o profesiones, ignoren la importancia y aplicación de las leyes de la dialéctica en nuestra vida diaria, así como el materialismo histórico y la teoría del conflicto entre otras tesis no menos importantes.

Por ejemplo, desde nuestra independencia del Reino de España, hemos vivido en un permanente conflicto social como fenómeno genérico; y es a partir del dominio de la teoría del conflicto (décadas de los 70 y 80) que este fenómeno comienza a ser visto como una relación social con funciones positivas para los intereses de un determinado partido político-militar, que en la clandestinidad se inspiró en los trabajos de Karl Marx, quien vio en la lucha de clases la clave de la historia humana y principal fuente de cambio. Pero que en la actualidad, en su retorno al Poder esta fuerza política analiza y controla otros tipos de conflictos, convencidos que en sociedades como la nuestra la lucha de clase es ficticia, al no existir una burguesía desarrollada ni mucho menos una clase obrera organizada y preparada; por consiguiente la estructura y organización del conflicto social es entre gobierno y oposición o mejor dicho entre cúpulas partidarias, incluyendo a la sociedad civil y medios de comunicación, entre empresarios y consumidores o usuarios, entre jóvenes y adultos, hombres y mujeres, diversos grupos raciales y étnicos, etc.

Partimos en nuestro análisis que el conflicto es inherente al ser humano, a los grupos sociales. Nadie se escapa del conflicto. La diferencia está en quién domina la técnica para el control del conflicto, por ejemplo, la cúpula del partido de gobierno superó dos disidencias producto de conflictos internos, sin embargo mediante su poder político, social y económico, lejos de debilitarse ha mantenido y aumentado su influencia sobre los sectores subalternos, llámese militancia o simpatizantes. En cambio, los partidos Conservador y Resistencia se encuentran dispersos y totalmente debilitados, los liberales han demostrado ser demasiado vulnerable a las disidencias, por ello se han tenido que unir nuevamente. Pero ahora, por la coyuntura o conflicto social macro, están unidos a elementos que también dominan el arte del control del conflicto: Sandinistas disidentes del FSLN.

Esto último hace más interesante la lucha política, pues conflicto y estrategia se nutren mutuamente, uno evoluciona por efecto de la evolución del otro. En este sentido no es casualidad que los escritos u opiniones de los sandinistas disidentes en las páginas de los diarios más influyentes, sean más impactantes en la opinión pública que cualquier otro tipo de militancia partidaria, como diría Herty Lewite “zorros del mismo piñal”. Con esto no queremos decir que las otras agrupaciones políticas sean incapaces o torpes, sino que frente al conflicto se han visto hasta ahora desenchufados, pierden el enfoque, sin poder actuar con ventaja sobre el conflicto, a pesar de la supuesta mayoría parlamentaria, que le permita anticiparse a su desarrollo y a sus consecuencias negativas, o en su caso manejar mejor el conflicto que sus adversarios. Por tal razón el FSLN se da el lujo de coaccionar al resto de la población, tomándose las calles, es decir, el control del conflicto le permite gobernar sin el consenso general.

En conclusión si el conflicto social es una constante histórico-sociológica, que puede llevarnos por una parte, frente a posiciones intransigentes, a terminar en tragedia como la guerra contra Somoza o la guerra contrarrevolucionaria; y por otra a la definición y solución de problemas como el planteado con los resultados de las elecciones municipales, mediante lo que los teóricos de esta teoría han dado en llamar, juegos mixtos (cooperación y conflicto) abriendo el espacio a la negociación, ya que la forma de abordar el conflicto es lo que constituye la ventaja y la oportunidad, por tanto hay que buscarlas, pues, tras todo conflicto existe una oportunidad.

*Sociólogo y abogado.