Jorge Eduardo Arellano
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El FSLN ganó por primera vez las elecciones de manera contundente desde 1984. Ante esto, la dictadura mediática de la derecha ha hecho de todo para que al menos prevalezca en la opinión pública la duda sobre la veracidad de estos resultados electorales. Pero lo que llama la atención es la increíble debilidad de sus argumentos.

La cantidad de impugnaciones de Juntas Receptoras de Votos fueron tan pocas, que aún adjudicando a favor de la derecha todas las Juntas por ella impugnadas, no podrían ganar un solo municipio más y me temo que ni siquiera un solo concejal más en ninguna parte. En todas partes del mundo, un requisito indispensable para pedir reconteo de votos y más aún, anulación de una elección, es que la(s) Junta(s) donde esto se pide haya(n) sido impugnada(s) por el fiscal correspondiente.

Los representantes legales y fiscales municipales y departamentales del PLC en casi todas partes – al menos en los municipios que más reclaman – firmaron las actas sumatorias de los resultados municipales en sus respectivos Centros de Cómputos, lo cual les quita todo derecho a solicitar el reconteo de los resultados plasmados en las actas; aún así, el CSE aceptó hacerlo en Managua, contrario a lo que ocurrió en 1996, cuando la solicitud del FSLN de recontar, anular y revisar la sumatoria estaba sustentada en las impugnaciones correspondientes y la no firma de las actas en los Centros de Cómputos.

El PLC ha dicho que puede probar el fraude con las copias de actas que tiene en su poder; incluso el vocero liberal tuvo el desatino de decir que ellos tenían las actas originales, las cuales sólo las puede tener el Poder Electoral. Las copias de actas no prueban nada; la única prueba válida son las actas originales, y cuando el ex candidato banquero a la Alcaldía de Managua llevó sus copias de actas a un programa de televisión el periodista que lo entrevistó le hizo ver que ni siquiera en esas copias ellos ganaban la elección en Managua.

Una incoherencia notable se puede apreciar en el argumento de que el fraude estuvo en la anulación masiva de votos, y la afirmación de que ellos ganan en las copias de actas que tienen en su poder: lo segundo contradice lo primero, porque en las actas ya los votos nulos no aparecen a favor de nadie. Por otra parte – y contrario a la idea que ha querido vender la derecha –, no es para nada extraña la cantidad de votos nulos en vista de que es la primera vez que una agrupación política hizo campaña a favor de votar nulo, tal como ocurrió en el caso del Movimiento por el Rescate del Sandinismo, del cual tomó el MRS el oxígeno político que lo llevó a obtener un porcentaje récord en su trayectoria electoral en 2006.

El argumento de que los fiscales liberales fueron expulsados de las Juntas se cae con la afirmación hecha por el mismo PLC, de que tiene en su poder determinada cantidad de copias de actas de escrutinio, ya que éstas se elaboran cuando se termina de hacer el conteo de los votos, y por eso si sus fiscales hubieran sido expulsados no hubieran podido conseguir esas copias de actas. Para no abundar en más detalles, véase solamente la evidente falacia de los que alegan fraude, con estos dos ejemplos: el dirigente liberal Wilfredo Navarro dijo que a un votante liberal le anularon el voto por no utilizar el lapicero del CSE, como si los votos se anularan a medida que los electores votan; todos sabemos que al votar, el elector deposita su voto en la urna y no es sino hasta el momento del escrutinio, una vez cerrada la Junta, que se declaran válidos o nulos los votos, siendo imposible que los integrantes de la JRV sepan quién usó cada boleta, o menos aún, qué boleta usó el que votó con su propio lapicero, pues en ese caso ni siquiera hubo tiempo de marcársela discretamente – cosa que algunos curiosos hacen cuando quieren saber por quién votó una persona en particular, pero que tampoco sirve para anular el voto –, ya que en ese caso los miembros de la JRV no tienen más contacto con esa boleta sino hasta que se abre la urna para el escrutinio, cuando ya no se puede saber qué boleta es la marcada por el votante con su lapicero.

Otro caso es el del material electoral encontrado en el Fortín de Acosasco, al cual se refirió el fiscal departamental del PLC en León como la prueba irrebatible de que en el municipio de León hubo fraude. Pero resulta que allí no había ni una boleta, ni un acta del municipio de León; pero lo que les importa a ellos es el impacto mediático y por eso compararon el hecho con las boletas aparecidas en los cauces de Managua en 1996, que eran votos válidos a favor del FSLN, mientras en el caso del Fortín donde se encontraron boletas marcadas a favor del PLC, se trataba de votos nulos pertenecientes a municipios donde la ventaja con que ganó el FSLN fue tanta, que aún regalándole esos votos al PLC, éste continuaría perdiendo. Por lo demás, no había una sola acta de escrutinio de ningún lugar, que es la relacionada con la votación, encontrándose solamente actas de constitución de las JRV.

Pero la línea política de la derecha en su conjunto es boicotear al gobierno revolucionario; y el ex candidato banquero sabe que los resultados de esta elección sin contar él con un liderazgo partidario consistente, es su acta de defunción política, por lo cual quiere crear la ilusión en las bases liberales de que en realidad no fue derrotado, sino despojado de su victoria. Por otra parte, ésta es una oportunidad que se le presenta para disputar el liderazgo de Arnoldo Alemán, aprovechando la irritación natural de las bases de cualquier agrupación política al perder ésta una elección, apareciendo el banquero como la figura representativa de ese estado emocional sin comprender que para ser un líder deben poseerse características de las que su débil personalidad carece, y que por eso mismo quien pagará con los platos rotos por este resultado, es él.

El banquero y compañía no lograron el objetivo que perseguían con sus marchas, que fueron frustradas por el rechazo y la indignación de la población sandinista. La Policía, como era su obligación, protegió a los liberales que estaban cercados por las bases sandinistas indignadas y enfurecidas con toda razón, y prueba de ello es que la mayor parte de enfrentamientos no se dieron entre liberales y sandinistas, sino entre sandinistas y policías, de lo cual fue testigo el país entero en las cámaras de televisión. Y aún así, el ex candidato liberal en León se atrevió a decir que se sentía desprotegido por la Policía, cuando fue precisamente allí donde la situación antes descrita se hizo más evidente.

No se puede permitir que el país continúe siendo un rehén de los problemas que enfrenta la carrera política de un ex candidato que perdió porque se olvidó de que Nicaragua no es un banco y de que él no es un líder sino un banquero frustrado cuyo pasado reciente lo convierte en un político sin futuro.