Jorge Eduardo Arellano
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Uno de los fenómenos característicos de la sociedad contemporánea es el surgimiento de las Organizaciones No-Gubernamentales (ONG), tanto a nivel nacional como internacional.

La primera agencia del sistema de las Naciones Unidas que captó la importancia creciente de las ONG fue la Unesco y, muy tempranamente, las asoció a su trabajo. Dice al respecto un documento de la Unesco: “Desde que fue creada en 1946, la Unesco considera que las organizaciones no gubernamentales (ONG) son colaboradoras fundamentales y constituyen un enlace insustituible con la sociedad civil. Actualmente, esta colaboración es el fundamento de una gran parte de su labor en todos sus ámbitos de competencia”. La Cooperación entre la Unesco y las ONG toma distintas formas, que van desde el intercambio de información y documentación sobre cuestiones de interés común, hasta la participación de las ONG como observadoras en la Conferencia General de la Unesco.

La presencia cada vez mayor de las ONG a lo interno de los países y en el ámbito internacional, ha conducido a un replanteamiento de las relaciones del Estado con la sociedad civil organizada, si bien es preciso tener presente que el concepto de sociedad civil desborda el mundo de las ONG y comprende otras expresiones de naturaleza política, empresarial y laboral. También es conveniente superar la idea de una inevitable antinomia entre el Estado y la Sociedad Civil. Si bien el concepto amplio de Sociedad Civil es “todo aquello que no es el Estado”, lo cierto es que es perfectamente factible y, además, muy deseable, una relación constructiva, armoniosa y complementaria entre el Estado y la Sociedad Civil.

Reconociendo el papel tan relevante que hoy en día juegan las ONG, la Unesco dedicó uno de los números de su revista FUENTES, a analizar el fenómeno de las ONG, bajo el epígrafe: Las ONG se afirman. De entrada, la Unesco sostiene que las ONG “se están convirtiendo en una fuerza que los Estados tienen que tomar en cuenta y que la Unesco apoya su misión al lado de la gente”. Y es que una de las características de estos organismos es que trabajan más en estrecho contacto con la gente, con las bases, por decirlo así, que los mismos programas gubernamentales. Además, suelen tener administraciones muy ágiles y poco burocratizadas, lo que les permite dar una respuesta más rápida y de menor costo a los problemas sociales.

En el campo de la alfabetización y la educación de adultos, por ejemplo, la propia Unesco reconoce que las ONG que laboran en estos proyectos “son mucho más flexibles e imaginativas y están mucho más inspiradas y motivadas que el sistema de educación formal y los propios Ministerios”.

Sin embargo, la Unesco reconoce que a nivel mundial existe un debate acerca de la función y legitimidad de estos organismos, que se han convertido en interlocutores imprescindibles del desarrollo y de la asistencia humanitaria. Generalmente los gobiernos con tendencias autoritarias y centralistas no ven con buenos ojos a las ONG.

Y pese al debate que su auge y éxito provocan, especialmente en el seno de gobiernos celosos por los recursos que canalizan y la acogida que tienen, lo cierto es que a la existencia de las ONG se debe, en buena parte, que los conceptos o paradigmas de seguridad humana, desarrollo humano sustentable, cultura de respeto a los derechos humanos y cultura de paz, vayan haciéndose realidad en nuestro quehacer cotidiano.

Concluimos este artículo citando a la articulista de la revista FUENTES, Nadia Khouir-Deagher cuando dice: “Hace veinte, treinta, cien años que las ONG luchan en la sombra por la dignidad humana. Que por fin empiecen a hacerse oír más allá de los círculos de militantes significa quizás el inicio de un movimiento mundial ciudadano”.