Jorge Eduardo Arellano
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El triunfo de la revolución sandinista en el 79 marcó un hito en la historia de la cultura nacional. Fue un período caracterizado por el florecimiento de todas las expresiones artísticas y culturales del país, lo cual se mantuvo aún en medio del fragor de la guerra impuesta y fratricida. La proyección de Nicaragua a nivel mundial tuvo en la cultura uno de sus puntales más importantes, prácticamente la totalidad de artistas y escritores cerraron fila con la revolución, algunos de ellos ofrendaron sus propias vidas, las voces disidentes aunque, con amagos de marginación, no dejaron de expresarse con la altura y riqueza que también les caracterizó.

Los gobiernos posteriores a la derrota del Frente Sandinista sólo evidenciaron el desprecio de la oligarquía y cierta clase política por las artes y la cultura en general. Nos confiaba Pablo Antonio Cuadra que el ministro Antonio Lacayo fue claro al expresarle que la cultura no estaba en ningún orden de preocupación del nuevo gobierno. Con el ex Presidente Alemán vinieron los muralicidios (aunque algunos de muy mal gusto), la intención era borrar de la memoria colectiva los testimonios de una épica protagonizada por el pueblo trabajador, aunque como mérito se debe reconocer la repatriación de huesos de personalidades de nuestra historia al suelo patrio. Con el gobierno de Bolaños, basta traer su famosa expresión en la inauguración del primer McDonald en Managua, “con esto llego el progreso y desarrollo a Nicaragua”.

Total que de 17 años de gobiernos sólo la sombra, los recuerdos y añoranzas compartidos en tertulias y bohemias quedaron.

Nuevo gobierno sandinista.

Todos esperaban un nuevo auge en el desarrollo artístico cultural, coherente con la naturaleza de una revolución, vinieron cambios tras cambios en la conducción de la cultura, sin ningún viso de estructurar una política cultural que apuntalara la libre creación, producción y circulación del producto artístico cultural, una política cultural como lo han probado Chile, Brasil, México, para mencionar sólo a América Latina, países que han sido capaces de asumir la cultura como elemento fundamental también del desarrollo económico.

Desde antes del nuevo triunfo electoral sandinista, los trabajadores de la cultura se habían dado cita en dos eventos muy importantes: uno en la UNAN y posteriormente otro en la UNI, los cuales generaron una riqueza excepcional de planteamientos, críticas, contribuciones, recomendaciones, propuestas y reivindicaciones de sectores, que sistematizadas se transformaban en un instrumento único que con la fuerza del consenso orientara los rumbos de este sector esencial en todo proyecto transformador.

Hasta la llegada de Luis Morales, por su condición de artista, galerista y conocedor del arte y la cultura nacional, y por haber sido asistente de Rosario en los ochenta, se percibió como idónea.

Sinceramente creo que Luis Morales puede hacer más siendo más libre en su desempeño, tiene en sus manos los instrumentos señalados y sabe que la cultura es un espacio de unidad y no de división, de desarrollo colectivo y no de bandos, de encuentros y no de confrontación, es el espacio, si queremos, de repliegue frente a los embates de la confrontación política, donde podemos recuperar el diálogo, consolidar los afectos construidos, el respeto y admiración mutua.

Esto no significa caer en la ingenuidad de que los sectores artísticos y culturales e intelectuales que adversan al gobierno no hayan caído en la tentación y práctica de manipular el ámbito cultural partidariamente.

Sergio y el Prólogo a CMR
Claro que nadie sensato y libre podría estar de acuerdo en la censura de su prólogo a la obra de CMR en El País, de España, no sólo por la masividad de la distribución que nunca tuvo su obra, sino por lo que significó España para CMR, y CMR para España. El Instituto Martin Luther King, de la UPOLI, en su momento recibió de la Cancillería Española un conjunto de documentos que se acostumbra enviar a entidades independientes y de indiscutible credibilidad, para proponer candidatos al Premio Príncipe de Asturias. En ese proceso CMR me hizo llegar el libro La Insurrección Solitaria, y seguido de Varia, editado por la revista Vuelta, de Octavio Paz, pero saturado de errores que mortificaban la vida del poeta, quien se dio a la tarea de corregirlo con su puño y letra y de enviármelo para hacerlo llegar a España, no sé qué texto se iba ahora a publicar, pero están a la orden los versos corregidos por el propio CMR.

La cancelación de la publicación de CMR por El País sencillamente es un acto ridículo.

Creo que independientemente de lo lamentable que pudo ser el retiro del prólogo del escritor Sergio Ramírez por la belleza testimonial que expresa, la deuda real con CMR no es tanto su circulación, sino el desafío de elaborar una poética sobre su obra, su aporte a la lengua castellana, su particularidad, ese compromiso es indistinto a gobierno y oposición política, es un imperativo para todos los hombres y mujeres de la cultura que quieran hacer algo sustantivo para la obra sustantiva de CMR. Esto ya tiene un comienzo con los trabajos de Anastasio Lovo, sobre CMR en la obra: “Soles de Eternos, Paradigmas textuales de la Poesía Nicaragüense del Siglo XX”.

Cosas que extrañan y sorprenden de la nueva administración cultural.

A todos los sectores involucrados, comenzando por Doña Rosario, les ofrecimos desde el comienzo de la nueva gestión gubernamental, un documento nacional de política cultural elaborado hacía años por los poetas Anastasio Lovo, Álvaro Gutiérrez, entre otros, pero no hubo reacción alguna; planteamos formalmente que al Maestro Omar D´ León, forjador de la plástica nicaragüense y uno de los grandes pintores de nuestro tiempo, se le otorgara la Orden de la Independencia Cultural “Rubén Darío”, de igual manera recomendamos que se le otorgara a nuestra máxima ceramista nacional Rossi López, a quien otros países contemplan otorgarle su máxima orden de la cultura, pero tampoco se recibió respuesta alguna. Esto es extraño cuando dicha orden se ha distribuido a granel.

Finalmente, quiero apelar al gobierno a que se promueva un detente en la confrontación entre sectores artísticos y culturales del país, que se recupere la esencia de la cultura, de sus valores profundos de unidad, solidaridad, reconciliación, belleza y amor.

Nos contaba CMR que él recordaba casi con nostalgia las relaciones que se daban entre ellos cuando jóvenes poetas en Granada y cómo se reunían con Pablo Antonio, Joaquín Pasos, Ernesto Cardenal, Mejía Sánchez, entre otros, y leían sus poemas y se criticaban y enaltecían las virtudes de cada uno, mirándose como hermanos. Esto lo decía cuando miraba la lagartería que se daba entre sectores de la cultura, sobre todo literarios del país.

Se acerca la nueva edición del Festival Internacional de Poesía y es muy importante la conciencia y el manejo generacional que ya se empieza a manifestar como conflicto. Se reclama que escritores y poetas consagrados y con fama internacional cuando se les pregunta por nombres que constituyen un relevo en la poesía nicaragüense, responden que no existe, aún cuando el joven poeta Carlos Fonseca Grisby, sea un mentís ante tremenda actitud de arrogancia y egoísmo.

Pero, el problema fundamental que quiero señalar y advertir es que ya al Festival Internacional la participación nicaragüense va dividida entre los no-alineados y los alineados. ¡Habrase visto!
*Director Instituto “Martin Luther King”

Upoli