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Desde su fundación, la Escuela Universal Pierre y Marie Curie, que hace honor a la familia Curie en cuanto a disciplina, trabajo perseverante y vocación de entrega, despliega anualmente sus casas de campaña en todos los puntos cardinales del país. Este año, los niños y niñas de primer y segundo grado, acamparon en las alturas de Las Delicias, a 950 metros sobre el nivel del mar. Ahí  los estudiantes se familiarizaron con la planta del café, pudieron observar el ambiente en que nace y crece el mayor rubro de exportación en esta zona del país. La famosa planta de higuera que antaño nuestras abuelas y nuestras madres nos ponían en carricitos o trocitos de tallos pequeños  engarzados en un hilo en forma de collar cuando teníamos topa (paperas), también sirven en conjunto con los arboles de copel, guayabón y chilamate para mantener el frescor y sombra de los cafetos.

Para mí, el disfrute de la sin par experiencia de los campamentos CURIE, ha sido este año, descubrir el árbol de guayabón o guayaba de montaña, cuyo nombre científico es “Terminalia oblonga”. Su blanco y erguido tronco o tallo alcanza alturas de 30 y 40 metros de altura que culmina con un majestuoso dosel y un follaje espectacular. Tan solo esa belleza de la naturaleza merece nuestro agradecimiento a Dios.

La experiencia de los niños y niñas en los campamentos Curie son diversas; desde disfrutar aprendiendo del libro abierto de la naturaleza hasta reafirmarles su seguridad y autoestima personal. Aprenden a convivir en equipo, respetar la naturaleza y el medio ambiente. Tras las 25 niñas y 27 niños campistas “Ara macao” hubo un cuerpo de 22 adultos; docentes, personal de primeros auxilios de la Cruz Roja nicaragüense, 4 alumnos asistentes senior destacados por su calidad de servicio, ya prontos a bachillerarse, y la invaluable asistencia todóloga de un gran equipo de apoyo que ama y respeta a los niños. Además, el  apoyo logístico gastronómico que esta vez ha corrido bajo la administración del Hogar Zacarías Guerra, dueño de Las Delicias.

Unos 16 grados de temperatura hicieron cambiar ligeramente el panorama nocturno del camping. El frío y el viento de las 9 de la noche más el que se da a medianoche y la madrugada, mandaron urgente a trasladar colchones y sacos de dormir de las casas de campaña colocadas bajo el cielo, hacia un auditorio con piso de madera que sirvió de “cama grande”. En verdad bien pudiesen dormir ahí unos 80 niños muy abrigaditos. La jornada de campamento inicia a las 5:30 de la mañana con una serenata --haya o no cumpleañero-- y luego una caminata para descubrir el medio ambiente y la fauna de esas horas.

Desayuno, ejercicios, caminatas, juegos didácticos, competencias, meriendas, mimos, apapachos de quienes ahí, fungen más que como maestros y maestras, como madres o padres. En la noche, todos alrededor de una fogata cuentan y valoran sus experiencias del día. El balance o la evaluación del campamento es el fruto hermoso de una comunidad educativa en positiva evolución.

Todo el equipo Curie, tanto el grupo de dirección, las y los docentes, como el cuerpo de apoyo, se fusionan en un solo haz, una sola fuerza, un solo pilar para orientar, educar, formar y hasta mimar a todos y cada uno de los chavalos Curie.

El resto de los alumnos hacen su campamento en la Isla de Ometepe y en las montañas de Matagalpa y Jinotega. Disfrutan de la riqueza de la finca Mérida, de la Reserva Silvestre Privada “El Jaguar” y del Macizo de Peñas Blancas respectivamente. El recibimiento que hacen los padres y madres Curie a sus hijos, es digno de comentario especial. ¡Felicidades a esta Escuela por su manera de educar!