Jorge Eduardo Arellano
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El País, el diario más importante de España, está preparando ediciones de bolsillo de los autores más representativos de la lengua española. El País ofrecerá a sus lectores un volumen de esta serie literaria con la compra de su edición dominical.

La persona a cargo de preparar la serie y seleccionar a los escritores que serán publicados es el muy conocido crítico José Manuel Caballero Bonald, quien eligió a uno de nuestros grandes poetas, Carlos Martínez Rivas, para integrarla. También le solicitó a Sergio Ramírez que escribiera la introducción a la antología de Martínez Rivas que pretendían publicar.

El siguiente comentario responde a quienes han vetado a Ramírez como antólogo de la obra poética de Carlos Martínez Rivas.

El filósofo alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900) distinguía dos tipos de fuerzas: las «reactivas» y las «activas». Las primeras -o fuerzas reactivas- son aquellas que se despliegan en el mundo produciendo la represión o aniquilando otras fuerzas (La genealogía de la moral, 1887). La filosofía y la ciencia se rigen por esta ley, que escrutina, compara y diferencia las cosas del mundo. Pero también por esta fuerza se rigen el afán de poder de los hombres y su resentimiento. El resentimiento, según Nietzsche, es atávico, y lo llevamos dormido en la memoria. No hay deseo de poder que no esté lleno de resentimiento, o de odio por las humillaciones ancestrales que nuestra especie, raza, tribu o grupo social experimentó en algún momento.

Por otro lado están las fuerzas activas, o sea aquellas que se establecen en el mundo sin necesidad de reprimir o cercenar otras ideas. Estas fuerzas encuentran su espacio vital en el arte. Es decir, al contrario del filósofo, el artista propone valores y crea nuevas visiones sin necesidad de comprobarlas a través de la refutación. Es muy simple: leer un poema de Garcilaso o escuchar un aria de Don Giovanni, son experiencias estéticas ligadas a la percepción, no a una verdad absoluta. ¿Acaso alguien se atrevería a decir que Mozart fue mejor que Vivaldi? Todo es cuestión de gustos.

El arte, en todo caso, es el más sublime acto de liberación. El artista crea su obra porque el mundo le parece un caos infinito, un lugar de constantes contradicciones. Entre tanto desorden, su arte puede ser para él lo único coherente. He aquí una de las premisas de Nietzsche.

Limitar a un artista, o mejor dicho vetarlo -como le ha sucedido a Sergio Ramírez- equivale a una transgresión contra la libertad no sólo artística, sino humana.

Si Ramírez conoce o no la obra de Carlos Martínez Rivas, o si hay críticos mejor plantados que él (Pablo Centeno Gómez es quizás su mejor especialista), definitivamente no es el punto más importante de esta discusión. Aunque debemos recordar que José Manuel Caballero Bonald --editor del periódico español El País-- no publica tonterías. Él mismo se ha negado a que le dicten desde Nicaragua quién tiene que escribir el prólogo.

Lo grave del asunto radica en el hecho de que, de ahora en adelante, el binomio presidencial formado por Daniel Ortega y Rosario Murillo decidirá --a través del Instituto Nicaragüense de Cultura-- quién debe escribir sobre quién en Nicaragua, dándole así la última estocada a una rama de la literatura que de por sí empieza a agonizar, no sólo en Nicaragua, sino en toda América Latina: la crítica. ¡Qué lejos estamos de los tiempos de un Ángel Rama!
Ante esta infamia tejida con hilos de resentimiento, de fuerzas reactivas que miden y comparan, pero no para encontrar la verdad sino para mostrar su poder, quien pagará los platos rotos será -no hay que olvidarlo- el propio Carlos Martínez Rivas. Pero también el público en general. Pues aunque la voz de Martínez Rivas sea de gran valor, su obra ha tenido poca difusión dentro y fuera de Nicaragua. Y ahora que España quiere publicarla --con un tiraje masivo cuyo valor sería de apenas un euro-- en vez de agradecerles a los españoles que se acuerden de nuestro poeta, les queremos imponer condiciones.

La obra de Carlos Martínez Rivas fue parte del espíritu creador de Nicaragua, de las fuerzas activas que nos liberan porque en ellas mostramos cuánto y con qué talento podemos articular nuestro propio caos. Las fuerzas reactivas que hoy le tiran piedras al criterio de Caballero Bonald no son parte del método filosófico, sino del más puro resentimiento, del hambre de poder, de la atávica y destructiva hubris de quienes nos dicen: «Señores, aquí en Nicaragua nosotros mandamos en los vivos y en los muertos. Sobre todo en los poetas muertos».

¿Qué habría dicho Carlos Martínez Rivas del proyecto de Caballero Bonald?