Lesli Nicaragua
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Cada miércoles, desde las nueve de la mañana, mil 500 personas con Biblia en mano se concentran en una inmensa iglesia localizada al oeste de Managua llamada Ríos de agua viva. Todas vienen en busca de una experiencia que les cambie su vida, se nota porque en sus rostros mella el cansancio orgánico, emocional o espiritual.

Su espera termina a las diez, cuando comienza una animada liturgia con cantos --entre prédicas de pastores-- que hacen mover a los participantes. Pero la enseñanza principal la dicta el reverendo Omar Duarte, quien hoy ha revelado que debemos “golpear la tierra lo suficiente para lograr lo que deseamos; el que tenga oídos que oiga”. Terminada la asamblea, me recibe en su amplia oficina, sobre cuyas paredes cuelgan fotos que muestran un camino de diez años de construcción de fe y esperanza de este ministerio independiente de corte pentecostal.

“¿Qué te pareció la enseñanza?”, me pregunta un poco agitado, luego de su disertación. Es imposible no emocionarse ante semejante espectáculo de fe, le respondo. Un día antes, Duarte me había hecho la invitación cuando lo entrevisté en su despacho de paredes de cristal en Radio Maranatha, adonde llegué en busca de sus declaraciones sobre lo que en verdad piden los evangélicos de Nicaragua en términos de derechos como organización debidamente constituida.

“Solamente ayudar cada vez más a los nicaragüenses en materia espiritual y social. Por eso se ha constituido la Federación de Iglesias Evangélicas de Nicaragua, porque cada vez somos más, y es necesario estar unidos en una sola agrupación para que desde allí podamos desarrollar mejor nuestros ministerios y nuestros proyectos”, responde el también director de esta nueva asociación. Sus palabras las enmarca en las nuevas estadísticas publicadas en enero por las firmas Cid Gallud y M&R, cuyas encuestas mediadas revelan que el 33% de nicaragüenses son evangélicos, y un 20% pertenecen a ministerios independientes, aunque con ejercicios protestantes. De los números a las letras, en el país hay más protestantes que católicos.

“Conservadoramente digo que al menos somos el cuarenta por ciento”, afirma Duarte, que viste una alegre camisa a cuadros de colores verde, azul y blanco. “Este aumento se debe a que nosotros somos militantes: somos evangélicos y evangelizamos, por eso nombre y práctica son inherentes. Somos plurales en nuestra liturgia, más alegres, más participativos con los congregantes. Pero sobre todo, enseñamos a leer la Biblia, no la lee solo el pastor, mirá a un evangélico y vas a ver que siempre camina su Biblia”, argumenta ahora con esa voz rasgada que lo caracteriza y le brinda el don de la seducción instantánea, la misma que usó en su prédica de este miércoles.

No mentía cuando me dijo que en este ministerio son miles los que llegan sin convocatoria para ayunar y orar. “Acá no solo vienen evangélicos, asisten personas de todo culto. Lo que importa es que encuentran la certeza que sus súplicas son oídas y concedidas. Aquí se han manifestado milagros que ni te imaginás”, cuenta Duarte, que ahora ríe bajo su tupido bigote. Su premisa es válida porque durante la ceremonia seis miembros brindaron testimonios de sanidad luego de ser desahuciados, uno caminó y brincó después de haber sido diagnosticado con parálisis total.

“Y los domingos realizamos tres servicios, asisten unas cinco mil personas. Eso sin incluir las reuniones entre la semana. Por eso es que necesitamos esta federación, porque cada vez somos más, y unidos podemos hacer mucho más por el prójimo. No son espacios políticos, sino derechos sociales los que deseamos, para beneficiar a todos los nicaragüenses con nuestros proyectos. Eso es lo que en verdad deseamos”, subraya el reverendo Duarte desde la seriedad de su cara y sus gestos.

Eso me quedó diáfanamente palpable cuando la señora que estuvo a mi lado durante el servicio cambió su cara compungida por una más sosegada, y entonces entendí que acababa de asistir al milagro de la multiplicación de la fe.