Jorge Eduardo Arellano / Escritor
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Las académicas Luce López Baralt --una puertorriqueña-- y María Ángeles Pérez López --una española-- se han constituido en las más recientes exégetas de la magna obra poética de Ernesto Cardenal. Si la primera se concentra en su arraigado misticismo, incluyendo su dimensión cósmica, la segunda traza un completo recorrido de su vida y trayectoria creadoras en la introducción a la antología Hidrógeno enamorado, la cual se sustenta en una selecta y sorprendente bibliografía, muchos de cuyos títulos desconocía.

Titulada y seleccionada por su autor, Hidrógeno enamorado se editó en Salamanca con motivo del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2012, obtenido por Cardenal, a quien la Academia Nicaragüense de la Lengua lo había propuesto en años anteriores. Cuarenta y cinco textos integran esta última muestra representativa de la poesía cardenaliana: desde los celebrados epigramas de los años 50, pasando por piezas significativas de sus poemarios subsiguientes (el monumental Cántico cósmico incluido), hasta cuatro poemas escritos estos años: “El celular”, “Elegía a Cristina Downing”, “El saqueo del museo de Irak” y “El origen de las especies”.

Los citados y otros más, desde luego, revelan la longevidad creadora de Ernesto Cardenal: un caso poco frecuente que recuerda los de Víctor Hugo, Henry Ibsen, Walt Whitman y Nicanor Parra; pues el nicaragüense a sus 90 permanece en la brecha, consciente de su tarea histórica y de su misión profética, atrayendo e hipnotizando a lectores como lo que es y ha sido desde hace no pocos años: una de las cumbres estéticas de Hispanoamérica y un valor universal de la poesía del siglo XX y del XXI.

De hecho, su poesía continúa vigente. Recientemente se han editado dos monografías sobre su obra mística y un volumen acerca de la ecología en la literatura nicaragüense, que contiene un notable capítulo de su obra, de la cual --sostiene la poeta y exégeta salmantina-- “emerge una visión instrumental de lo poético: poesía de uso, poesía urgente, poesía útil y comunicante, poesía al servicio del hombre, son algunos de los términos empleados para caracterizar su exteriorismo”. Y añade: que dicho exteriorismo “se juega en el territorio del compromiso ideológico”. Para el nicaragüense, “la poesía es anuncio y denuncia. Anuncio de un mundo nuevo y denuncia de la injusticia”. La savia profética y moral que nutre su obra resulta su piedra angular, desde la cual ha construido una propuesta original y dinámica, consciente de sus límites y también de sus posibilidades todavía no agotadas, pero la emoción que despierta se mantiene intacta.

Todo ello lo ha demostrado María Ángeles Pérez López (Valladolid, 1967), profesora de la Universidad de Salamanca, mejor dicho: titular de su cátedra de Literatura Hispanoamericana y autora de otro ensayo pertinente y profundo: “Amor y entropía, el lenguaje de la ciencia en Ernesto Cardenal”, publicado en la revista de Bilbao, Zurgai (diciembre, 2014): el más reciente número monográfico que en el mundo hispánico se le ha consagrado a nuestro poeta. Generosamente, María Ángeles ha traído ejemplares de esa preciosa revista a Nicaragua para obsequiarlos a los estudiosos del homenajeado.

Además de sus valiosos aportes críticos a la literatura hispanoamericana contemporánea (yo la conocí en Sevilla, hace cinco años, disertando sobre el primer Vicente Huidobro), María Ángeles Pérez López es una diáfana, consistente, reveladora poeta. Cuenta ya con una amplia producción poemática, difundida y admirada en su España (Alicante, Barcelona, Cáceres, Placencia, Sevilla, Zamora, Zaragoza), pero también en ciudades americanas: Bogotá, Caracas, México D.F., Nueva York, Quito). He aquí algunos de sus títulos: Carnalidad del frío, La sola materia, Atavío y puñal, La ausente, El ángel de la ira, Catorce vidas, Libro del arrebato, Mecánica y pasión de los objetos, Memorial de las ballenas, Cicatrices de aire y Mordedura del tiempo. A este pertenecen dos endecasílabos que me cautivaron: Mientras estoy subida sobre ti / y juntos arqueamos la bóveda del cielo…

No es superfluo consignar que poemas suyos se han traducido a seis lenguas: gallego, inglés, francés, italiano, neerlandés y armenio. Y que también ella ha sido jurado de varios premios literarios internacionales: Premio José Donoso, Premio Reina Sofía de Poesía Hispanoamericana (dos veces) y Premio Miguel de Cervantes.

Finalmente, debo agradecer a María Augusta Montealegre, promotora de la visita de María Ángeles a Nicaragua, quien sugirió mi nombre para leer estas palabras en la presentación de Hidrógeno enamorado en la UAM el 19 de febrero de 2015.