Salomón Manzanares Calero*
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El obrero de la comunicación refleja en sus trabajos lo que ocurre en la comunidad en donde vive ocasionalmente de forma ilustrativa. Así mismo este conoce más el avance o retroceso para bien de lo que heredan a sus descendientes, que pueden ser jóvenes que le rodean.

El periodista no ignora la responsabilidad que contrae no solo con su familia, sino también con la sociedad en que se halle inmerso, ya que los sucesos que a diario les atañe marcan en el carácter y formas de vivir.

Las relaciones humanas cada día son complejas, dados los cambios tecnológicos y el uso de aparatos técnicos para desempañar la profesión. Somos invadidos por cantidad de información diversa, complicada de digerir y emitir un juicio bastante acertado. Sin embargo, nuevos métodos y técnicas no hacen que las generaciones pierdan el sentido humanista del periodismo.

El diálogo con la nueva generación de periodistas se revela en la transmisión del pensamiento en la historia. Eminente de no ocultarse para el fortalecimiento gremial desde que se consideró oportuno y urgente en 1978 donde periodistas de Nicaragua se organizaran en la Unión de Periodistas de Nicaragua UPN, mientras en las ciudades como León, se ejercía el periodismo de catacumbas, entonces apoyando al FSLN. No obstante, de todos estos elementos hay poco interés en conocer, algunos apasionados y “locos” que motivados por la transmisión de conocimientos repasamos las páginas de la historia.

En Granada fue la sede consolidatoria de la UPN, electo entonces presidente el doctor Danilo Aguirre Solís, exdirector de END; buscando la unificación gremial y la profesionalización se destacó Lilí Soto, Rodolfo Tapia Molina, Carmen Rojas, Manuel Eugarrios, Ada Luz Monterrey y otros, quienes ya lucen cabellos blanco, testigos silenciosos del trabajo arduo en el tiempo.

Y por qué no registrar a profesionales que conocen herramientas proporcionadas en la universidad y que han usado en su trajín diario, sin distingo de ideología partidaria o religiosa u otros que independiente de los apasionamientos, se pierden en el océano informativo, sorteando obstáculos burocráticos institucionales.

El reto es convivir; compartir experiencias entre las generaciones que permitan articular acciones en pro de la profesión. En las generaciones del 60 y 70 hay resistentes totalmente a ese relevo, incluso en los espacios directivos de organizaciones. Un periodista dijo en el Congreso del Colegio de Periodistas de Nicaragua el 26 de octubre de 2014, que es una cuestión de fusionar conocimientos, “el mayor de edad conoce fuentes y la manera de tratarlos, estilos de redacción, maneja más historia y contexto, mientras que el más joven, conoce bastante tecnología, agilidad física, y puede desarrollar otros estilos particulares en la comunicación”.

Pero el celo es evidente en las coberturas periodísticas e instituciones. El temor a perder el puesto de trabajo espanta, más si esa persona ha sido “dañina, mañosa” y no ha sembrado para cosechar, pues en la adultez vive sin credibilidad y sin prestigio.

Para armonizar y compartir ideas, la UPN se organizó, ha sido protagonista de cambios sociales, ha aglutinado recursos humanos de calidad, no perfectos, pero con mayor sentido de vida y colaboración, sin embargo, la visión y los intereses particulares, personales e incluso ideológicos, últimamente no ha permitido un nuevo giro en donde se conjuguen elementos generacionales, que herede accionar cotidiano y profético.

* Periodista