Editorial
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A los sindicatos, de cualquier línea ideológica, les conviene que haya estabilidad laboral y que aumenten las oportunidades de empleo. Las banderas tradicionales de los sindicatos han sido las reivindicaciones sociales y salariales, pero estas aspiraciones solo se cumplen si hay un sector privado exitoso y en constante crecimiento. El Código del Trabajo de Nicaragua da garantías sociales importantes a los asalariados, pero de qué sirve una ley de protección laboral si las empresas están presionadas por los costos. En una situación así, son menos los trabajadores que se benefician de la protección social.

Si el propósito en Nicaragua es que el sector empresarial sea estable, se desarrolle y crezca, el Gobierno debería analizar con mucho interés la propuesta del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) de crear un nuevo sistema de establecimiento del salario mínimo, en el que prevalezcan sobre todo los criterios económicos.

El Cosep, por su lado, tiene que continuar en la mesa tripartita donde se negocian los salarios mínimos desde hace una década, porque representa al segmento económico que más empleos genera en Nicaragua. Aunque es un mal síntoma que en las últimas negociaciones (2014 y 2015) haya fallado el consenso y al final el Gobierno fijara de manera unilateral los incrementos salariales básicos, los líderes empresariales deben insistir en la creación de fórmulas que propicien la estabilidad laboral y la creación de más puestos de trabajo, lo que solo se logra con empresas rentables y nuevas inversiones.

Un acuerdo pragmático fue el que en su momento hicieron en el área de zonas francas, donde empresas, trabajadores y Estado armaron en consenso su propio plan de incrementos salariales por períodos largos, más de un año, para garantizarse la estabilidad, dado que en este sector la competitividad es clave para que las industrias aumenten las exportaciones y permanezcan en el país, porque naciones vecinas buscan atraerlas con beneficios fiscales y costos operativos reducidos. Sin embargo, Nicaragua ha conseguido traer a compañías extranjeras que operaban en Honduras y Costa Rica, lo que beneficia a miles de obreros nicaragüenses.

Consideramos clave para el país mantener la Comisión Nacional del Salario Mínimo, pero la forma en que han sido calculados los incrementos requiere una revisión profunda, tal como sugiere el Cosep, porque la ganancia real para la sociedad nicaragüense está en tener un tejido empresarial con mucha vitalidad y reproduciéndose; y los líderes del país deben pensar tanto en el puesto de trabajo del obrero de hoy como en la futura posición laboral del hijo profesional de ese obrero.