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Sólo Dios ve el panorama completo de las cosas que suceden. A inicios de este año se comunicó con el Instituto Nicaragüense de Cultura, la Señora Teresa Chicharro, de Editorial Santillana del diario El País, con el propósito de solicitar apoyo en la búsqueda de los herederos de los derechos de la obra del poeta CMR y se nos informó del proyecto de inclusión de la obra de CMR en una colección de poesía de grandes autores hispanoamericanos que sería editada para salir a la venta en forma de bolsillo acompañando al diario El País, en toda España. Nos pareció un proyecto muy importante de difusión de un autor nicaragüense, a pesar de que por 15 mil ejemplares, ellos ganarían 90 mil euros y de esa cantidad sólo nos aportarían 3,600 en concepto de derechos de autor al Instituto Nicaragüense de Cultura, quien tiene los derechos de autor de la obra del poeta, cedidos por su familia al INC durante la gestión del Sr. Napoleón Chow.

Sin embargo, dada la magnitud de difusión de la obra del poeta que se haría en toda España y debido a que no vendrían nada mal 3600 euros, por la falta de recursos que padecemos en el INC, y cuyo dinero utilizaríamos para restaurar la tumba del poeta CMR que se encuentra en completo abandono en el cementerio de Granada, pues nos propusimos colaborar cediendo los derechos para esta edición. Sin embargo, siempre nos cuidamos de que en el contrato quedara reflejado que teníamos la última palabra en cuanto a cuidar y velar por el respeto de la integridad de la obra y de la memoria del poeta.

No se puede perder lo que nunca se ha tenido. La disposición de cancelar la supuesta publicación de la obra de CMR en España vino del Gerente de Recursos del Diario El País, Julio Alonso Peña, y no del Instituto Nicaragüense de Cultura. Esta decisión fue ante nuestra propuesta y sugerencia de que fuera otro autor quien hiciera el prólogo y no quien se pretendía imponernos, o de retomar la idea original de que fuera un autor español. Para eso sugerimos al poeta Luis Antonio de Villena, quien conoció a CMR y cuenta del impacto que tuvo en una generación de autores españoles, la estancia del poeta por España.

Originalmente sería un autor español quien haría el prólogo y presentación del poeta nicaragüense al público español. Nos pareció lógico que un poeta hiciera el prólogo y presentación de otro poeta. Luego del otro lado del océano hubo un extraño silencio, ahora sabemos que era para urdir la polémica. Cuando se restableció la comunicación, ya el proyecto había cambiado y se nos quería imponer al escritor y político, ex vicepresidente de Nicaragua en los años 80, Sergio Ramírez, como prologuista del libro. Se nos quiso obligar a la lectura del infame texto. Nosotros siempre reconocimos a Sergio Ramírez como un gran novelista y así se lo expresamos a nuestros interlocutores de Editorial Santillana, a la Sra. Teresa Chicharro, y nunca dudé de la calidad del texto, a pesar de no haberlo leído, pero no era un poeta y preferíamos que fuera un poeta y en especial un poeta conocedor de la obra de CMR quien hiciera el prólogo y la presentación, y por supuesto que a quien propusimos fue al poeta Pablo Centeno, quien ha dedicado su vida a la obra del poeta CMR como todos sabemos.

Todo esto contraviniendo la voluntad expresa del poeta, quien pidió que lo olvidáramos, cuando antes de morir se le preguntó cómo quería ser recordado. Y así ha sido en estos años, su tumba está en completo abandono, la placa que puso la UNAN con su nombre ya se borró, y yo tengo meses de andar con un proyecto de realizar un monumento donde se distinga su nombre y la población sepa dónde está enterrado. Pero nadie me ha hecho caso, pues mi apellido no es Ramírez ni Cardenal ni Belli y mucho menos Chamorro, y es hoy que manosean la memoria del poeta, sin saber en qué estado se encuentra su tumba.

En Nicaragua, la mayoría de novelistas se hacen novelistas porque no logran ser buenos poetas. En el caso del novelista Sergio Ramírez sabemos que es así, primero intentó ser poeta, luego cuentista y después político. Fracasó como político y se hizo novelista, y fue ahí que tuvo mucho éxito. Pero vemos que ahora hace una mezcla de literatura y política. Entonces fuimos testigos de la trama muy bien armada de un gran novelista que se ha convertido en un personaje de su propia imaginación, un perseguido político, que sueña con que se prohíban sus libros y hasta llega a compararse con el pueblo judío, el pueblo de Dios; y del imperio económico de los vendedores de libros, cuyo escándalo coincide precisamente con la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, cuando estaban reunidos un club de escritores de la tercera edad, ya seniles y quienes no han permitido que una nueva generación de escritores logre acceder a contratos editoriales y promoción de sus obras y premios. Esta generación del boom tiene ocupados aún todos los espacios, aunque ya han pasado muchas generaciones de autores que han dejado atrás esa literatura que nos presenta como artesanías exóticas de exportación al primer mundo.

Nunca hubo la intención de publicar a CMR, sí hubo la intención de armar una polémica internacional que relanzara como víctima de una dictadura represiva al escritor que fue vicepresidente cuando en Nicaragua sí existió represión. Cuando yo pude haber muerto como murieron nuestros hermanos en la montaña y a quienes no veremos más. Como tuvieron que irse todos nuestros hermanos y primos huyendo de nuestro país debido a la guerra, al Servicio Militar Obligatorio y a la escasez. Él es responsable de esa dictadura. Junto a Ernesto Cardenal y Gioconda Belli, ellos fueron los ideólogos principales de esa época.

Otro objetivo claro de esta burda polémica que han aprovechado los enemigos verdaderos de la cultura, porque no han hecho nada ni por los jóvenes ni por los artistas, es atacar y desprestigiar todo lo que estamos haciendo en materia de cultura, lo que hacemos con mucho esfuerzo y sin recursos. Sólo con la voluntad y el amor de quienes nos apoyan. Es por eso que hemos hecho en dos años mucho más de lo que se hizo en materia cultural en 16 años de abandono de la cultura, donde la cultura se volvió un artículo de lujo propiedad y derecho único de las elites culturales de Nicaragua, por eso es que estamos tratando de recuperar la cultura para devolvérsela al pueblo.

Se autollaman censurados y han tenido a su servicio a todos los medios del país durante semanas, endilgándonos toda clase de epítetos despectivos, sin darnos derecho a la réplica y sin conocer los detalles del proceso del proyecto. Sólo faltó que nos quemaran en una plaza pública, en la próxima seguro que lo harán, pues ya hasta nos llamaron aberrados.

Todo lo literario es político. No hay vuelta de hoja. Pero no todo lo político es literario. Lo primero porque todo lo que escribimos, lo escribimos en sociedad, es decir, porque vivimos en comunidad. En la ciudad. Donde nos realizamos como seres sociales con derechos y ciudadanía. Porque quienes escribimos tenemos perspectivas políticas, compromisos políticos. Vivimos en la Polis. Es por eso que se escribieron poemas contra la dictadura de Somoza. Y durante los años 80 la poesía estuvo al servicio de la Revolución, cuando sí existía censura y crímenes culturales, pues se pretendía que todos los poetas escribieran acerca de lo mismo, loas a la revolución, y con el mismo método. Las mujeres han escrito poemas que reivindican sus luchas, también los negros y los homosexuales. Todo eso es literatura al servicio de la política. La literatura como instrumento de conciencia social.

Pero no todo lo político es literario. Como esta grosera polémica cuyo objetivo principal es económico y donde el episodio principal coincide con el lanzamiento de un libro, en el que no hubo quien no se apresurara a condenar una valoración estrictamente literaria que hicimos, conociendo las implicancias políticas que tendría, porque todos sabemos que si se toca la mierda, la mierda hiede. Y que aprovecharían este incidente con una difamación infinita hacia las instancias de gobierno, y hacia quienes cada día nos la ingeniamos para sobrevivir y para hacer nuestro trabajo por recuperar la cultura para el pueblo. Pero uno termina convirtiéndose en aquello que condena, y con toda certeza puedo decir, que ellos son la dictadura, la dictadura cultural de este país, respaldados por la dictadura mediática que no deja escapar el mínimo incidente para atacar los proyectos sociales del gobierno.

Finalmente, es triste que los poetas y escritores vivan de polémicas para vender. Han irrespetado la memoria del poeta hasta la saciedad, usándolo con fines políticos, económicos y personales. El escritor Sergio Ramírez tiene el suficiente poder para que se recupere el proyecto de publicación de CMR en España, si es que alguna vez hubo la intención de hacer el proyecto y si él respeta nuestra decisión de darle oportunidad a otro escritor. Aquí no tenemos miedo. Eso es algo del pasado en Nicaragua. Yo no le tengo miedo a Sergio Ramírez, ni a Ernesto Cardenal ni a Gioconda Belli. Mucho menos a su séquito de sombras. Ellos son la dictadura cultural de Nicaragua, que no le deja espacios al resto de escritores y poetas del país. Pero para eso el pueblo está en el poder y el pueblo manda. ¡La cultura es del pueblo!