Carlos R. Flores
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La Responsabilidad Social Corporativa, conocida también como Responsabilidad Social Empresarial (RSE) --según afirma Muhammad Yunus, Premio Nobel de la Paz 2007-- está radicalmente desactualizada y debe reemplazarse.  

Este fundador de los microcréditos para los pobres con su enfoque de “Capitalismo Social” le elabora una demoledora crítica desde el formidable libro de Andres Oppenheimer “¡Crear o Morir!”.

Yunus señala categóricamente que ese concepto vaporoso de RSE, a como está manejado tradicionalmente, constituye una falla del GPS del sistema de libre empresa al “desentenderse de su función social”.  

Él opone a la gastada concepción folclórica de este término el enfoque de empresas sociales autosuficientes, en donde se corte el círculo vicioso de las donaciones o de la llamada industria filantrópica, las cuales están limitadas a obsequiar graciosamente recursos, en vez de concentrarse en el desarrollo activo de empresas con rentabilidad económica para resolver los mismos problemas sociales.

Este cambio de visión en la RSE no es revolucionario, pero en sí mismo es muy valiente, ya que en reiteradas ocasiones la sacrosanta noción, que aquí en Nicaragua tienen sus fundamentalistas, ha sido cuestionada sobre el punto hasta el cual es material comercial “P.O.P”  (promociones en el punto de compra) --con notorios ejemplos a la vista-- como construcciones de una simple imagen o de efigies corporativas, en donde se perpetúa un círculo vicioso consistente en: Diseño de Imagen=Donación+Divulgación.

Reta así a las industrias: “En vez de donar ese dinero, ¿por qué no lo inviertes en una empresa social?”, ya que desde el punto de vista de la transmisión de prácticas para la solución de necesidades comunitarias, las compañías exitosas tienen una verdadera responsabilidad en replicar un enfoque de creación de otros negocios rentables --y que en verdad provoquen mejora económica-- que es lo que las sociedades mejor saben hacer.

Concuerdo con él que se debe convertir ese flujo de dinero caritativo en algo duradero, que no sea extinguible como toda erogación basada en una“filantropía light”. Su planteamiento no es menor, porque deja al descubierto la inquietud que si de cada empresa que se autoelogia o promociona excesivamente su aparentemente generosa actitud; ¿Corresponderá acaso a un verdadero interés de solucionar sosteniblemente problemas sociales con un enfoque de creación de riqueza? o bien, ¿es solo una simple transacción económica, en la cual el intangible adquirido es una imagen prediseñada de laboratorio, vacua algunas veces; dudosa, frecuentemente?

No es cuánto dinero se ha donado como empresa, sino que como un verdadero indicador crítico de desempeño, cuántas soluciones sostenibles como negocios autónomos y rentables ha establecido o contribuido decisivamente, para reemplazar esa viciosa generosidad que perpetúa la dependencia y el clientelismo privado, sin desarrollar riqueza, con resultados etéreos, espejismos de campañas propagandísticas.

porelcambiocultural@gmail.com

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