Jorge Eduardo Arellano
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Desde enero de 1968, cuando investigaba en Honduras y Guatemala para escribir su tesis de doctorado, el geógrafo estadounidense William Van Davidson descubrió el valor cultural y la dimensión religiosa del Cristo Negro de Esquipulas. Se trata, como se sabe, de una devoción popular iniciada a finales del siglo XVI en el pueblo indígena de Esquipulas, posteriormente departamento de Chiquimula, Guatemala.

Pues bien, la magnitud de este fenómeno social se documenta, especialmente con más de 550 fotografías a color, en la obra de Davidson Los Cristos Negros de Centroamérica / El Señor de Esquipulas y otros, con énfasis en Honduras y Nicaragua que, en decorosa diagramación, contiene 298 páginas y fue editado en 2014 por la Fundación UNO como volumen 15 de la serie ciencias humanas de la Colección Cultural de Centroamérica.

En efecto, la expasión territorial del culto al Cristo Negro de Esquipulas, que en la actualidad convoca a un millón de personas cada año, es desarrollada por Davidson con entusiasmo creador e interés geográfico, demostrado a través de numerosos viajes a los países del istmo. Jaime Incer y yo lo acompañamos durante su extenso viaje de campo por toda Nicaragua en busca de Cristos Negros hace doce años y tuve la oportunidad de facilitarle la crónica impresa del presbítero Orlando Ordóñez Toledo, párroco del Sauce: De Esquipulas al Sauce: una historia de amor (1987).

En dicha publicación se narra la historia de la escultura ejecutada en 1594 por Quirio Cataño, renombrado artista de ascendencia portuguesa que vivía en la calle del Via Crucis de la ciudad de Guatemala (hoy Antigua); cómo el obispo Fernández de Córdoba condujo en procesión “el crusifixo de vara e media, muy bien acabado e perfeccionado” hacia el pueblo de Esquipulas. Allí, colocado en una humilde capilla de paja, se entronizaría como patrono el 9 de marzo de 1595.

Desde entonces la devoción que inspiraba la imagen ––morena como los habitantes del pueblo–– se extendería a las provincias fronterizas y más tarde a Belice, al Sur de México y a Nicaragua. Aquí una réplica de apenas 42 centímetros y color rojo oscuro comenzó a venerarse en el Sauce a partir de 1723, ligada a una feria en la que participarían con el tiempo miles de peregrinos.

Estos acceden al templo del “Cristo de Esquipulas del Sauce” cada tercer domingo de enero a través de laberínticos pasillos con cercas metálicas. Vienen en grupos reventando cohetes u ofreciendo cirios y veladoras. Otros caminan de rodillas o con los ojos vendados, mientras sus acompañantes tienden toallas o mantas para protegerles las rodillas o los sostienen. Muchos portan sus ex votos (o “milagros de metal”) y alguno se tumba en el suelo, lo arropan con una sábana y le ponen cuatro candelas para escenificar “la vela del muerto”. La parroquia de El Sauce ––históricamente lugar de tránsito entre los departamentos de occidente y septentrión con Honduras–– fue declarada santuario nacional el 16 de junio de 1984.

Además del Sauce, el Cristo Negro de Esquipulas es patrono de otras nueve poblaciones: Tipitapa en el departamento de Managua, La Conquista en el de Carazo, Potosí en el de Rivas, Esquipulas en el de Matagalpa y en el de Rivas (Isla de Ometepe), Siuna en la RAAN, San Pedro de Lóvago en el departamento de Chontales, Telica y Malpaisillo en el de León.

El catédratico e investigador jubilado de la universidad estatal de Luisiana, en Baton Rouge, puntualiza que suman 40 los Cristos Negros venerados en 13 de las 17 grandes subdivisiones políticas de Nicaragua y que aquí el topónimo Esquipulas se localiza 31 veces: en 15 fincas, 6 caseríos, 3 pueblos, 2 comarcas, 4 sitios asociados a características geográficas y en un municipio del departamento de Matagalpa.

Es en Honduras, sin embargo, donde el Cristo Negro de Esquipulas está más arraigado. Así lo revela Davidson, describe 141 sitios con Cristos Negros, pero el topónimo de Esquipulas se encuentra en solo 3 casos, próximos al pueblo de Guatemala, centro irradiador del fenómeno religioso.

En su valioso libro, Davidson amplía su tarea a los Cristos Negros, no relacionados con el de Esquipulas en otros lugares de Centroamérica, Panamá, México, América del Sur, periferia de los Estados Unidos, Canadá, Puerto Rico y Filipinas, para concluir que 373 de los 418 Cristos Negros de América, identificados en esta mi investigación, están en la América Central y México, y que el 80 por ciento se relaciona con el crucifijo de Esquipulas, Guatemala.

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