Marcos Antonio Casanova / Catedrático
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En el afán por suplir con el pago de la factura del servicio, poco tiempo la humanidad dedica a reflexionar que por siglos hemos arrancado a la naturaleza la energía que con apariencia de magia, la ciencia hace que llegue a hogares, calles, vehículos, empresas y negocios. En 1998, se estableció el 5 de marzo como Día Mundial de la Eficiencia Energética. Se trata de tener un día de reflexión y toma de conciencia, tanto a nivel individual como a nivel empresarial y estatal, sobre las responsabilidades vinculadas a la energía y el medio ambiente.

El poder nacional real se mide en gran parte si el Estado posee los medios para obtener energía barata, logrando con ello el vigor de su economía y que la población en general goce del confort que la energía genera; pero en la actualidad, le sumamos el compromiso colectivo con las nuevas generaciones de que esta sea limpia y no contamine.

Nicaragua responsablemente ha ordenado sus prioridades en el tema energético, logrando erradicar en tiempo récord el racionamiento o los apagones escalonados desde el 2007. A partir de ese año hasta el 2014, el país logró ampliar hasta un 80.42% el acceso al servicio en los hogares y el sistema logrará cubrir el 90% del territorio nacional en el 2016. El 80% de usuarios domiciliares de energía eléctrica, que consumen menos de 150 Kw por hora (Kw/h), gozan de un subsidio a la tarifa de energía. Campañas como el cambio de bujías incandescentes por fluorescentes generó conciencia y ahorro en los usuarios.  

En 2015, Nicaragua proyecta alcanzar un 53.99% de energía proveniente de fuentes renovables, superando el 52.43% del 2014. La generación por sector en dicho año fue: eólica 20.72%, geotérmica 15.25%, hidroeléctrica 9.66%, biomasa 6.81% y el 47.57% no renovables.

La proyección para el 2016 es; 64% obtenido por fuentes llamadas limpias y 86% en el 2020.
Nicaragua aprovecha su potencial de energías renovables apenas en un 5.6%; en ese sentido, el porcentaje de aprovechamiento real por sector es: 5% de energía eólica, 5% geotérmica, 2.7% hidroeléctrica y 30% biomasa.

La proporción por área económica del consumo es: transporte 28%, industrial 12%, servicios públicos 10%, agropecuario  2%, y el 48% del uso nacional proviene del sector residencial.  Al ser los hogares la mayor cantidad de usuarios directos, el poblador común se preguntará si estos esfuerzos harán que baje la tarifa.

Sobre esto, podemos decir que a lo inmediato es posible que la baja no sea considerable, pero en la medida que seamos autosuficientes como país energéticamente, no dependeremos de la inestabilidad de los precios del petróleo, lográndose con el tiempo que baje la factura, y al convertirnos en productores de energías renovables, estaremos aportando al cuido de nuestro planeta.

Las cifras anteriores denotan resultados positivos producto de un esfuerzo nacional, que deberá conjugarse con un marco legal sobre eficiencia energética promoviendo: protección ambiental, educación en el tema, acceso a nuevas tecnologías y uso eficiente. Todo ello, elevará nuestra competitividad en comparación con otros países.

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