Erick Carrión Calero
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Algo anda mal en el mundo. Hay enfermedades mortales como el ébola que dejó más de 10 mil muertos en casi todo un año en África, suenan tambores de guerras en Oriente y Occidente y cada día se informa sobre desastres naturales que siembran dolor en las familias. Mucho frío en algunos casos, sequía y falta de alimentos en otros. ¿Será que el fin del mundo está cerca? Hay quienes dicen que todo lo que ocurre son esas señales de las que los creyentes hablan.

Nadie está seguro en ningún lugar, incluso hay temor en Managua de que tu casa te caiga encima por los repentinos movimientos telúricos que, pese a la frecuencia y a la idea de que vivimos en una ciudad altamente sísmica, nos mantiene en alerta. Casi llega  a ser tan común hablar de cataclismo, como decir que en la próxima cena navideña tendré  como plato fuerte un gran lomo pinchado.

¿Y el hombre que ha aprendido de esto? Parece que nada. Siempre son pocos los que trabajan para hacer algo diferente. Se secan los ríos, que “lo resuelvan otros” dicen. Hay guerras “que otros busquen el diálogo”, recomiendan. Miremos lo que pasa en Nicaragua: el Gobierno sigue creyendo que al darle servida las cosas a ciertas personas, les ayuda. Olvida que los mal acostumbra, vuelve a familias enteras dependientes de regalos que llegan con envoltura de “apoyos solidarios”. Les quita la autosuficiencia, dándoles el pescado sin saber que volverán a pedir el día de mañana. Yo creo que es mejor enseñarles a pescar, que enseñarles cómo deben pedir.

En estos días he reflexionado mucho sobre todo lo que dicen en el mundo terrenal y por qué no decirlo, en el mundo espiritual. Oímos profetas de un lado y de otro. Unos se visten de ovejas, pero son lobos a espera de una oportunidad para vivir del otro, se alimentan de su autoestima. Pero también, hay buenas noticias: tendremos satélite, canal interoceánico, entre otras maravillas que cuentan los encargados de dirigir el futuro de este país.

En el cuento clásico del maestro  Lewis Carroll, “Alicia en el país de las maravillas”, Alicia se encuentra ante un cruce de caminos con dos senderos, cada uno  de los cuales  se perdía en la distancia pero en direcciones opuestas, en medio del camino se encontraba colgado de un árbol el gato Cheshire, a quien Alicia le pregunta: “¿Qué camino he de tomar?”. El gato contesta: “Eso depende mucho del lugar adonde  quieras ir. Si no sabes adónde quieres ir, no importa qué caminos sigas”.

Igual que Alicia, cada nicaragüense debe saber adónde ir. Saber a dónde ir para buscar la salud, la educación e incluso los granos básicos para comer, y en la actualidad dónde pueden renovar sus cédulas vencidas. Si importa adónde ir, qué camino tomar, porque de las decisiones de hoy depende el futuro. ¿Ya trazaron su camino los políticos? ¿Ya lo hizo el presidente Daniel Ortega y sus funcionarios? ¿Y lo hicieron los que van a construir el Canal? ¿Ya lo hizo usted?