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Ideuca
La educación tiene, según lo expresa Hanna Arendt (1993) la misión de mediar entre el niño y el mundo, de manera que permita que el primero se integre en el segundo minimizando el riesgo de rechazo que existe naturalmente entre ambos.

La educación se impone como un fenómeno social. De ahí la importancia política de la educación, es decir, la posibilidad de establecer un determinado orden social descansa en la forma en que los ciudadanos entienden el rol de la sociedad, de sus organizaciones y de ellos mismos. Este sistema de relaciones y esa forma de entendimiento sólo es posible de lograr mediante la educación de las personas. Ahora bien, el hombre, ser social por naturaleza, se hace o rehace en la medida en que se es educado.

Pues bien, la educación emerge como un fenómeno social no sólo por sus fines, sino también porque aporta con su ejercicio a la conformación de la realidad social y cultural de los distintos grupos humanos. Fernando Savater (1966) dice, citando a Graham Greene, que “ser humano es también un deber”. Es decir, “nacemos humanos pero eso no basta, además tenemos que llegar a serlo, y la posibilidad de ser humano sólo se realiza efectivamente por medio de los demás, de los semejantes, es decir de aquellos a los que el niño hará todo lo posible por parecerse” y si, continúa Savater, como dice Jean Rostand, “la cultura es lo que el hombre añade al hombre, la educación es el acuñamiento de lo humano allí donde sólo existe como posibilidad”. Lo propio del hombre no es tanto el mero aprender como el aprender de otros hombres, ser enseñado por ellos.

Entonces entendemos el por qué de la necesidad de la educación como acción organizada de humanos sobre humanos.

El aprendizaje humano es un proceso complejo cargado de un sinnúmero de variables que lo determinan y lo diferencian en el caso de cada persona, en un contexto histórico particular. Es en él donde el sujeto inscribirá sus nuevos aprendizajes.

La sacudida humana, social, ciudadana y política recientemente expresada en reacción a los resultados de las elecciones municipales, repetida en las marchas celebrando el día de los Derechos Humanos y rematada en el lamentable enfrentamiento de grupos de universitarios, confirma, tanto en dirección correcta como en dirección adversa, los principios arriba fundamentados. Si la educación implica, como decíamos, entre tantos otros factores, mediar entre el niño y el mundo de manera de permitir que el primero se integre en el segundo, la vivencia, experiencia e impacto que la violencia ha dejado en nuestros niños, adolescentes y jóvenes puede abonar tanto a rechazarlo como a insertarse en él. En ocasiones atrae lo segundo, en este caso la violencia se adueñó de los grupos sociales. El niño de hoy es el adulto del mañana. Preocupante y posible lección para el futuro.

En el espacio propio de la lucha política y la acción dirigida por los partidos políticos, resulta natural el enfrentamiento de las distintas formas de manifestarlo, porque cada quien apuesta por un determinado proyecto social para el que es necesario el poder. En esta ocasión el enfrentamiento ha sido más radical con muestras claras de salvajismo ciudadano. Por momentos parece que el orden social está a la deriva.

Otra lección preocupante y amenazante que puede consolidar y ahondar la profunda división que atraviesa nuestra sociedad y que tiene los visos de ser trasmitida a generación de niños, adolescentes y jóvenes si la política desfigurada continúa atizando el fuego. ¿Podrá la educación sistemática formal e informal impulsar el entendimiento sostenido que vaya eliminando la fractura de nuestra sociedad?. Existen circunstancias en las que la educación ciudadana está violentada.

De hecho, en las calles y en los medios se ha hecho muy presente “el hombre lobo para el hombre” de Hobbes. ¿Será posible dar cabida “al hombre naturalmente bueno” de Rousseau?
El paso trascendental de llegar a ser humanos habiendo nacido humanos se realiza por medio de los demás, de los semejantes, es decir de aquellos a los que el niño hará todo lo posible por parecerse. La educación, por tanto, es el acuñamiento de lo humano allí donde sólo existe como posibilidad. Entonces entendemos el por qué de la necesidad de la educación como acción organizada de humanos sobre humanos. Este proceso y ruta hacia lo humano se realiza en un contexto histórico y se convierte en historia de cada persona.

Frente a los hechos de todos conocidos, reflexiono ubicándome en el ser humano como persona y como hecho histórico y me pregunto ¿qué referentes, qué ejemplos tienen nuestros niños, adolescentes y jóvenes? Si el paso de la posibilidad del ser humano al hecho de serlo, depende, en gran medida, de nosotros sus semejantes y del empeño del niño por hacer lo posible por parecerse a nosotros como individuos y sociedad, ¿no será que necesitamos de un cambio profundo que atraviese toda la sociedad?. ¿No será que conformamos una sociedad deseducada y deseducadora?.

La educación, como lo afirma Paulo Freire, es una obra y actividad profundamente humana, de personas a personas, no hay otra ruta. Si esa relación se rompe la educación puede quedar ausente de su lugar privilegiado en la sociedad. ¡Qué pena!.

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