Roberto Sansón
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Mucho se ha escrito --y coincido con la mayoría de los autores-- sobre los 25 años de democracia que se iniciaron con la administración de la presidenta Violeta Barrios de Chamorro en 1990. Pero poco en materia económica hemos logrado. Me atrevo a decir "hemos", pues el éxito o no de una Nación no depende únicamente del gobierno de turno, sino de todos los actores de influencia en la vida nacional, pero más importante aún, de cada uno de nosotros en nuestra calidad de ciudadanos.

Como muchos, yo también viví el exilio en diversas latitudes y aprendí mucho de dicha experiencia. Fue hasta junio de 1998 que decidí --con cierta incertidumbre-- retornar definitivamente a Nicaragua. Y 17 años después, celebro la decisión que tomé. 25 años después, no podemos seguir lamentándonos de lo ocurrido y debemos dar vuelta a la página para pensar --y construir-- el futuro. A eso se le llama pragmatismo y yo soy un firme creyente de la real politik, especialmente en materia económica.

En estos 25 años, la tarea no ha sido fácil y todos los gobiernos han hecho lo suyo para mostrar los resultados, que si bien es cierto no son suficientes, tampoco podemos no reconocer lo mucho que se ha avanzado. La presidenta Chamorro asumió su gobierno con una hiperinflación de 30,000% y tres 3 monedas en circulación (córdoba devaluado, córdoba oro y dólares); un Estado con supernumerarios evidentes, más de 100 mil soldados en el ejército y exportaciones de apenas US$250 millones, más huelgas y asonadas, junto a exigencias insólitas y otras calamidades naturales que tuvo que enfrentar, además de las intrigas políticas que ya son parte de nuestra historia.

A pesar de ello, se sentaron las bases para una nueva forma de manejo de la economía y las finanzas, y hubo cambios significativos. La banca privada fue autorizada, se iniciaron programas con los organismos financieros internacionales para atender la enorme deuda externa y se promulgaron leyes para promover la inversión extranjera. En la administración del presidente Arnoldo Alemán Lacayo, se avanzó en las negociaciones que culminaron con la incorporación de Nicaragua a la iniciativa HIPC; asimismo, hubo significativos avances en infraestructura (carreteras, escuelas, centros de salud, etc.) y la necesaria privatización de servicios (energía eléctrica, telecomunicaciones y otros servicios) que permitieron una incipiente pero efectiva competencia entre empresas nacionales y extranjeras, lo cual devino en un beneficio para los consumidores. En tanto, en la administración del presidente Enrique Bolaños se promovió el más importante acuerdo comercial (DR-Cafta) entre nuestra región y el más relevante socio comercial, los Estados Unidos de América. Igualmente, se promovió la condonación definitiva del 80% de nuestra deuda y una significativa mejoría de nuestra imagen país. Y ahora esta administración del presidente Daniel Ortega, la formalización de una conducta macroeconómica ha permitido un crecimiento sostenido del que debemos sentirnos complacidos, aunque no por ello suficiente; esta se ha ganado elogios incluso por parte del Fondo Monetario Internacional.

La administración actual ha sido exitosa en el cambio de la matriz energética, la ampliación de los servicios sociales en amplios sectores marginados, la inversión nacional y extranjera, la consolidación de la seguridad ciudadana y en otros aspectos. Pero repito, no es suficiente, debemos exigirnos más, ponernos metas más altas, debemos pensar en cómo fortalecer a la empresa privada nicaragüense de todo tamaño, para que compita mejor a nivel internacional. Para eso necesitamos fortalecer la educación técnica, mejorar nuestra productividad, buscar cómo reducir las estructuras de costos, eficientizar los procesos internos de las empresas y de los organismos del Estado que tienen que ver con la actividad económica.Debemos ser más exigentes con nosotros mismos como empresarios y como gobierno, porque hemos demostrado que podemos desarrollar juntos a Nicaragua.

Es ese actuar responsable en materia económica y financiera de los últimos 25 años --con los aciertos y errores naturales--, que nos dan resultados positivos, que debe servirnos para aprovechar y juntar voluntades que deriven en mayor inversión, mayor empleo y mejor calidad de vida para todos los nicaragüenses que merecen vivir con dignidad. De ello, estamos convencidos en AmCham y es por eso que nuestra labor gremial se enfoca en promover la imagen de país, que se fortalezcan nuestras instituciones, incentivar el diálogo entre todos los sectores económicos y aportar lo que esté a nuestro alcance para el bien de Nicaragua. Ese es nuestro reto.

* Ingeniero