Carlos R. Flores
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La draconiana normativa penal aprobada recientemente en Perú, señala severos castigos a aquellas personas que en los espacios públicos tienen como hábito dirigir palabras de connotación sexual --principalmente a mujeres, adolescentes y niños-- y que ahora se arriesgan a ser procesadas y condenadas a privación de libertad entre 3 y hasta 12 años, cuando estas conductas pasan a ser acciones físicas, como tocamientos indebidos.

Justifican los legisladores peruanos que las expresiones de naturaleza sexual efectuadas en los espacios públicos, son inherentemente no deseadas, por lo cual, califican de indignantes y atentatorias para la integridad personal.

Algunos sectores predicen que la normativa será de difícil aplicación, pero no deja de plantear un disuasivo al terrible fenómeno cotidiano que enfrentan, principalmente mujeres --incluyendo niñas y adolescentes-- en que como en un salvaje ritual primitivo, son el blanco de “piropos” que no son más que groseras agresiones, intranquilizando, acosar y hasta obstaculizar el libre tránsito de las féminas, quienes a vista y paciencia de los transeúntes, y hasta de las autoridades, se ven hostigadas por verdaderas jaurías de gamberros --especialmente en las obras en construcción, autobuses, mercados, entre otros sitios y circunstancias públicas-- en donde la palabra obscena, el tocamiento disimulado o abierto, es la norma aceptada de conducta.

Quiero dejar en claro que con estas líneas no pretendo congraciarme con ningún tipo de movimiento, con determinada agrupación, ni mucho menos que se me etiquete de feminista; solamente expreso una triste realidad que, en nuestra singular colección de “normalidades cotidianas” --que son realmente abominaciones muy anormales-- se aceptan como reflejos culturales, siendo comportamientos atroces, que opino, merecen una sanción severa.

Nuestro Código Penal señala en su arto. 174, con una muy cómoda visión tubular, la definición sancionable de Acoso Sexual: “Quien de forma reiterada o valiéndose de su posición de poder, autoridad o superioridad demande, solicite para sí o para un tercero, cualquier acto sexual a cambio de promesas, explícitas o implícitas, de un trato preferencial, o de amenazas relativas a la actual o futura situación de la víctima, será penado con prisión de uno a tres años. Cuando la víctima, sea persona menor de dieciocho años de edad, la pena será de tres a cinco años de prisión”.

Dicho artículo parece aplicable, solamente en ocasión de una relación laboral, por lo menos, dejando por fuera las situaciones en donde el acosador es casual, eventual, fortuito o desconocido.

Es probable que un proyecto de ley semejante al peruano --como reforma a nuestro Código Penal-- deba ser estudiado y valorado para reducir esa agresión constante y tolerada que en forma impune y feroz sufren nuestras mujeres.

El texto entero de la ley está disponible en nuestro blog: www.noalosaccidentes.wordpress.com