Mónica Wheelock
  •   Managua  |
  •  |
  •  |

Hace días vi un video que --gracias a quien lo grabó-- fue distribuido en las redes sociales, donde la directora de un preescolar, ubicado en Altamira, abusa física y verbalmente de niños pequeñitos. Cuando lo vi sentí que la sangre me hervía, sentí impotencia por no poder ayudar a esa niñita o niñito golpeado y maltratado. Impotencia porque vivo en un país donde un alto porcentaje de los adultos maltratan a los niños física, psicológica o verbalmente sin ningún temor, ni reparo, seguros de tener la verdad, de ser más valiosos y mejores conocedores del bien y el mal que cualquier niño o niña.

El adulto cree que cada grito, cada golpe, cada insulto los proclama como superior, y en cada abuso, las propias heridas de sus propias infancias se cubren del manto del engaño más grande del que podemos ser víctimas: “Te pego porque te quiero”, “te grito porque solo así me hacés caso”, “te golpeo para que me respetes”, es decir, Miedo- Respeto.

Este tema tiene que ser prioritario en nuestro país. Estoy convencida de que la pobreza, la inseguridad, el crimen organizado, la corrupción, los asesinatos, la adicción, están estrechamente relacionados a episodios de maltrato y violencia en la infancia. Comenzamos con el maltrato a las madres en los hospitales públicos cuando van a dar a luz a sus hijos,  en la negligencia e índice de cesárea altísimo e innecesarios en nuestro país, y en partos deshumanizados por el personal médico y sanitario, trayendo al mundo bebés que son separados de sus madres, incluso por días, y arrebatados de la propia naturaleza del proceso de nacimiento y lactancia.

Muchos padres y madres no entienden la misión que conlleva serlo, y se adueñan de la vida de sus hijos disponiendo de ellos a su gusto, amoldándolos a sus deseos, y en la etapa de desarrollo infantil, ante pataletas y rabietas, muchos adultos responden de manera primitiva a las famosas “malacrianzas” es decir: “Si se enoja y me da un manotazo, le pego más duro para que entienda que quien manda aquí soy yo”.  Y luego a la entrada del preescolar, entregamos a nuestros hijos e hijas a la atención de maestros que muchas veces tienen una mala formación.

No comprendemos que el aprendizaje de los primeros años antes de la primaria debe fluir con amor y sin ninguna presión, y que los límites deben establecerse con el corazón y no con la razón, no comprendemos que los niños en preescolar deben jugar, explorar, crear, divertirse y de nuevo volver a jugar.

Esta etapa predice el resto de la vida de un ser humano en relación al éxito, entendido como la felicidad o el  verdadero bienestar integral. Veamos el modelo finlandés de educación, donde los niños que obtienen los mejores resultados mundiales en los exámenes PISA, han jugado libremente hasta los 7 años y comenzado su enseñanza formal a esta edad, desconociendo por toda la primaria la palabra tarea o examen, permaneciendo en las escuelas 5 horas al día y siendo capaces de terminar la secundaria en 3 años. ¿La clave?, más juego, menos presión, más libertad y más amor, además de reformas en las políticas de educación.

A los políticos, a las ONG, a la sociedad nicaragüense les ruego que prioricemos el tema, invirtamos en el cambio de mentalidades autoritarias y adultistas, invirtamos en reformar la formación de docentes en el país, en brindar un salario digno a maestros y maestras que tienen uno de los trabajos más importantes y difíciles del mundo, en crear escuelas para padres y madres en cada comunidad y brindarles el ABC de las habilidades parentales que hoy en día son ampliamente conocidas por expertos.

Y a los padres, madres, maestros y maestras, rompamos con el condicionamiento mental del que somos víctimas, rompamos las cadenas generacionales de maltrato, seamos agentes verdaderos de cambio en relación con la crianza y la educación infantil.

Los niños no son el futuro de ninguna sociedad señores, son el presente más importante.  En él debemos todos y todas invertir, fuerzas, energía, amor y dinero.

(La autora es especialista en educación emocional de niños y adolescentes)