Editorial
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El caso de niños maltratados en un preescolar en Managua, hecho público en la última semana, además de provocar asombro, enojo y temores entre los padres de familia, abre una oportunidad para reflexionar sobre cómo estamos educando a los infantes, tanto en la escuela como en el hogar, con qué métodos lo hacemos.

La maestra que golpeaba a una niña en la cabeza y en otro momento le ponía a un niño una papelera como sombrero, fue descubierta casi por casualidad, porque una empleada inconforme con esa maestra la filmó y subió el video a Youtube, donde poco a poco los padres de las pequeñas víctimas se fueron enterando y el problema trascendió a lo público hasta llegar como denuncia a una dependencia policial.

Por lo visto es el primer caso de maltrato infantil en un centro educativo nicaragüense, que ha sido denunciado de manera formal y es investigado por el Ministerio de Educación y la Policía Nacional. También podría ser solo la punta de un iceberg de dimensiones poco conocidas en hogares y en algunos preescolares del país, privados o públicos, porque es difícil saber qué ocurre en ciertas aulas si los mismos niños no lo informan o si alguien de adentro no se atreve a revelarlo.

Esta vez la tecnología sirvió para mostrar al público la denuncia y la evidencia juntas, presentando a los maltratados y a quien les maltrata cuando se ejecuta el abuso, solo quedando en el anonimato la persona que hace la denuncia gracias a la misma tecnología que le permite colocar el video en internet con un seudónimo.

Sin embargo, es importante que haya un mecanismo de supervisión de estas escuelas, establecido por las autoridades de Educación, con sicólogos y otros profesionales que evalúen a los maestros y revisen sus métodos de enseñanza, así como el comportamiento y otras manifestaciones de los niños. Estas anomalías no pueden ser descubiertas solo por casualidad.

La maestra de preescolar denunciada pretende justificar los golpes que da a los niños, diciendo que se deben al mal comportamiento de estos y para que aprendan a respetar. Jamás se puede culpar a un niño del maltrato, porque es la víctima, indefensa incluso.

Esto es crucial para el país, porque el maltrato infantil incide en el futuro de la sociedad al afectar el desarrollo económico y social, como indican estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En la medida que ocasiona problemas de salud física y mental permanentes en los niños, estos tendrán después comportamientos negativos en lo social y laboral.

Ahora dejamos una pregunta clave: ¿Están bien educados los maestros para educar a los niños conforme a sus derechos?