Jorge J. Jenkins
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Bajo la acción del viento, en especial de ráfagas por encima de los 30 kilómetros por hora como sucede en esta época del año, el suelo se desprende y es acarreado por el viento en forma de polvaredas o tolvaneras. Esto sucede con mayor facilidad en áreas con terrenos sueltos sin cobertura vegetal, como en la planicie volcánica de occidente, formada por suelos francos y franco-arenosos.

La mayor parte de las nubes de polvo están constituidas por partículas respirables de tamaño grande, que después de un rato vuelven a caer sobre la superficie donde se encuentran. Pero existe una fracción de partículas pequeñas, menores que el grosor de un cabello, que pueden quedar suspendidas en el aire: esta es la que causa mayores problemas de salud, ya que las partículas penetran sin dificultad hasta la profundidad de los pulmones.

La exposición al polvo puede causar diversas afectaciones de salud, como alergias, efectos sobre el sistema inmunológico, sobre la piel, ojos y mucosas, dificultad para respirar, rinitis, amigdalitis, faringitis, laringitis, bronquitis, neumonía, asma, afectaciones cardíacas, diarrea y demás, ocasionando absentismo en la escuela y el trabajo, e incremento del gasto en salud y hospitalizaciones.

La zona occidental al pie de la cordillera de los Maribios es una de las más contaminadas del país. Ha sido sometida por más de 50 años a una deforestación sistemática, y a un bombardeo continuo de sustancias tóxicas, entre ellas plaguicidas, herbicidas y fertilizantes.

Por tanto, el polvo que se desprende de estos suelos también acarrea residuos de sustancias tóxicas perjudiciales para la salud, lo mismo que bacterias y virus, polen, esporas, trozos de plantas e insectos, los que afectan de manera especial a niños, embarazadas y ancianos. Por tanto, hay que tener presente que el polvo ahí es una amenaza seria para la salud.

Los efectos sanitarios que están causando las tolvaneras son de consideración. El  Minsa reportó hasta el 11 de este mes un total de 3,046 personas afectadas en el Pacífico y Centro-Norte del país; estas son únicamente las que han asistido a las instalaciones del Ministerio, pero el número real debe ser mayor.

Este problema ya había sido enfrentado y resuelto en los primeros años de la Revolución, cuando se estableció un proyecto de carácter integral que sembró al este de la ciudad de León 1,200 kilómetros de franjas forestales para contener el polvo.

Lamentablemente, estas cortinas rompe vientos fueron destruidas, y los gobiernos que ejercieron el poder a partir de los noventa mostraron indiferencia por esta problemática, por lo que ahora volvemos a padecer la misma situación.

Cabe mencionar que, además de las cortinas, se implementaron otras medidas de protección de suelos, manejo integrado de cuencas, obras de contención física, programas de capacitación e información ciudadana, y decidida participación de campesinos y productores.

Pero ahora, ante el agobio de las nubes de polvo y mientras se restablecen las cortinas y se implementa el programa integral anunciado por el Gobierno, los pobladores pueden tomar algunas medidas prácticas para reducir o amortiguar el impacto en su salud y bienestar.

Medidas preventivas (antes de las tolvaneras): Regar los patios, limpiar el polvo dentro de las casas, beber mucha agua potable; lavado frecuente de manos con agua y jabón al menos por 20 segundos, tapar los recipientes de agua y la comida, no quemar la basura, no fumar, cubrir las camas con plástico.

Durante las tolvaneras: Permanecer dentro de las casas con puertas y ventanas cerradas, no hacer ejercicios al aire libre, usar mascarillas anti-polvo (o un pañuelo o trapo limpio humedecido) y anteojos de seguridad, si fuera posible. Dar prioridad a la protección de niños, mujeres embarazadas y ancianos. No cocinar durante los episodios.

Después de las tolvaneras: Beber mucha agua potable; lavado frecuente de manos con agua y jabón, y lavado de la cara y ojos en caso necesario, en especial a niños, embarazadas y ancianos. Si hay molestias respiratorias inhalar por 15 minutos vapores de hierbas de olor fuerte, como eucalipto, orégano, menta, o tomillo varias veces al día; tomar miel con jugo de limón. Acudir de inmediato al médico si las molestias persisten y no tomar medicinas de elección propia. Limpiar la casa, sacudir el polvo de la cama y almohadas. Reparar los daños de la vivienda, en especial aquellos que dejan entrar el polvo.

Estas simples medidas de sentido común pueden aliviar mucho las molestias y reducir los riesgos de daños a la salud.